El adiós de una legislatura que no debió existir

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, en el Congreso de los Diputados. EUROPAPRESS
"El 29-N no debe ser el día del miedo, ni del odio, ni de la revancha. Debe ser el día de la esperanza. La esperanza de que España pueda abrir una nueva página y dejar atrás una etapa marcada por la división y la incertidumbre"

Hoy Pedro Sánchez ha anunciado por fin la convocatoria de elecciones generales. El 29 de noviembre los españoles volveremos a las urnas.

Y digo «por fin» porque esta legislatura se ha hecho demasiado larga para muchos ciudadanos que llevamos años preguntándonos hasta dónde estaba dispuesto a llegar el presidente del Gobierno para continuar en La Moncloa.

Han sido años de pactos, cambios de opinión y decisiones que han provocado una enorme división política y social. Una legislatura en la que demasiadas veces la estabilidad del Gobierno ha parecido depender más de sus socios parlamentarios que de un proyecto común para España.

Y aquí está una de las grandes preguntas que deberíamos hacernos: ¿qué precio hemos pagado los españoles para que Pedro Sánchez pudiera seguir gobernando?

La amnistía fue presentada durante años como algo que no tenía cabida en la política del PSOE y terminó convirtiéndose en una realidad. En el propio Congreso quedó reflejado el debate sobre ese cambio de posición y sobre los acuerdos que hicieron posible la investidura.

Después llegaron más pactos y más cesiones. Y, mientras tanto, España seguía teniendo los mismos problemas de siempre: vivienda imposible para muchos jóvenes, impuestos que aprietan a las familias, dificultades para llegar a final de mes, listas de espera, inseguridad en determinados barrios y una política nacional cada vez más enfrentada.

La vivienda es quizá uno de los mejores ejemplos.

Llevamos años escuchando anuncios, planes y promesas. Y, sin embargo, el acceso a una vivienda sigue siendo una de las grandes preocupaciones de los ciudadanos. Esta misma semana, el Congreso rechazó los dos decretos de vivienda del Gobierno y, poco después, Sánchez ha decidido adelantar las elecciones.

¿Casualidad? Cada ciudadano sacará sus propias conclusiones.

También hemos asistido a una política en la que el enfrentamiento parece haberse convertido en una herramienta permanente. Gobierno contra oposición, territorios contra territorios, propietarios contra inquilinos, unos españoles contra otros.

Y mientras los políticos discuten, el ciudadano paga.

Paga impuestos. Paga la vivienda. Paga la cesta de la compra. Paga la gasolina. Paga los errores de una Administración que muchas veces parece más preocupada por ganar el siguiente titular que por solucionar los problemas de quien madruga cada mañana para trabajar.

Y ahora Sánchez nos dice que ha llegado el momento de decidir qué futuro queremos.

En eso tiene razón.

Ha llegado el momento de que decidamos.

Pero no será Pedro Sánchez quien decida por los españoles. Serán los españoles quienes decidan sobre Pedro Sánchez.

El 29 de noviembre no votaremos solamente unas siglas. Votaremos qué modelo de país queremos para los próximos años. Si queremos continuar con una política basada en pactos que muchos ciudadanos consideran difíciles de entender o si queremos abrir una nueva etapa basada en estabilidad, crecimiento, empleo, vivienda y respeto institucional.

No se trata de tener memoria corta.

Se trata precisamente de tener memoria.

Recordar lo que se prometió. Recordar lo que después se hizo. Recordar los pactos. Recordar las decisiones. Y recordar que en democracia nadie está por encima de los ciudadanos.

Durante estos años hemos escuchado muchas veces que España estaba avanzando. Pero también somos muchos los que sentimos que nuestro país necesita recuperar algo tan sencillo y tan importante como la confianza en sus instituciones y en sus gobernantes.

Ahora llega nuestra oportunidad.

El 29-N no debe ser el día del miedo, ni del odio, ni de la revancha. Debe ser el día de la esperanza. La esperanza de que España pueda abrir una nueva página y dejar atrás una etapa marcada por la división y la incertidumbre.

Porque ningún político es imprescindible.

Ningún Gobierno es eterno.

Y ningún ciudadano debe resignarse a pensar que no puede cambiar las cosas.

El 29 de noviembre volveremos a tener la palabra.

Y quizá ese día España no empiece de cero, pero sí pueda empezar de nuevo.