La caja llena y el bolsillo vacío

Fotomontaje de María Chivite sobre un fondo de billetes de 50 euros.
Es hora de que en Navarra el superávit se traduzca en libertad económica y no en más “paguitas” de corte populista.

Asistimos últimamente a un intenso debate sobre los pactos de gobierno en España. Mientras desde el oficialismo se intenta demonizar los acuerdos de centro-derecha en regiones como Aragón o Extremadura, tachándolos de “extremistas”, los datos ofrecen una realidad muy distinta: la de la gestión útil frente a la presión fiscal asfixiante.

Es paradójico que, mientras el Gobierno de Sánchez sube el IRPF y aumenta la carga sobre los autónomos —quienes ya pagan de media 135 euros más—, gobiernos como el de Murcia demuestren una sensibilidad real costeando los dos primeros meses de baja de sus trabajadores por cuenta propia. Un gesto de justicia elemental para quienes, si enferman, se arruinan.

En Navarra, el Gobierno de Chivite presume de superávit. Sin embargo, la pregunta es obligada: ¿de qué sirve tener las cuentas saneadas si ese dinero no alivia el bolsillo de los ciudadanos? Siguiendo el ejemplo de Madrid o de las nuevas coaliciones de centro-derecha, Navarra debería liderar una bajada de impuestos y medidas de apoyo directo a nuestros autónomos.

La ciudadanía no es ajena a la realidad. Sabe distinguir entre quienes cumplen sus compromisos de alivio fiscal y quienes utilizan la recaudación para financiar pactos con quienes buscan el privilegio territorial. Es hora de que en Navarra el superávit se traduzca en libertad económica y no en más “paguitas” de corte populista.