Navarra no necesita tutelas

Miles de personas disfrutan del Chupinazo de San Fermín 2026. PABLO LASAOSA
“Los navarros no necesitamos que nadie nos diga quiénes somos. Navarra posee una personalidad política e institucional propia desde hace siglos”.

Hay gestos que dicen mucho más que un discurso. Y hay escenarios en los que la prudencia debería imponerse a cualquier otra consideración. El chupinazo de San Fermín es uno de ellos. Es la fiesta de Navarra, de Pamplona y de millones de personas que cada año miran hacia nuestra tierra para celebrar una tradición universal. No es el lugar para alimentar debates políticos ni identitarios.

Como navarro, considero que el lehendakari se equivocó al aprovechar este acto para lanzar un mensaje político sobre Navarra. Cuando alguien es invitado a la casa de otro, la educación aconseja respetar a los anfitriones y el sentido del acto al que se acude. Esa debería haber sido la prioridad.

Los navarros no necesitamos que nadie nos diga quiénes somos. Navarra posee una personalidad política e institucional propia desde hace siglos. El antiguo Reino de Navarra dejó una huella imborrable en nuestra historia y, con el paso del tiempo, nuestro régimen foral ha sobrevivido a profundos cambios políticos hasta llegar al actual Amejoramiento del Fuero. Nuestra identidad no necesita ser reinterpretada desde fuera ni utilizada como argumento en proyectos políticos ajenos.

Por eso resulta cansino comprobar cómo, una y otra vez, desde determinados sectores del nacionalismo vasco se vuelve a mirar a Navarra como si fuera una pieza pendiente de completar un proyecto político. Esa insistencia no fortalece las relaciones entre vecinos; las deteriora. El respeto empieza por aceptar que Navarra decide libremente su presente y su futuro a través de sus instituciones y de la voluntad democrática de los navarros.

También creo que el Gobierno de Navarra debería mostrar mayor firmeza cuando se producen situaciones como esta. Defender la dignidad institucional de Navarra no es un gesto de confrontación, sino una obligación de quien representa a todos los navarros, piensen como piensen.

Mantener buenas relaciones con el País Vasco es positivo y necesario. Compartimos historia, economía, cultura y muchos vínculos personales y familiares. Pero la buena vecindad solo puede construirse desde el respeto mutuo, nunca desde la insinuación permanente de que Navarra forma parte de un proyecto político que corresponde decidir exclusivamente a los navarros.

San Fermín representa la hospitalidad, la convivencia y el orgullo de una tierra abierta al mundo. Precisamente por eso, quienes acuden como invitados deberían contribuir a esa convivencia y no convertir una fiesta de todos en el escenario de mensajes que dividen.

Navarra ha sabido defender su personalidad durante siglos. Lo hizo como reino, lo hizo conservando sus fueros y lo sigue haciendo hoy mediante sus instituciones democráticas. No necesita tutelas ni lecciones sobre su identidad. Necesita respeto. Y ese respeto empieza por comprender que el chupinazo de San Fermín no pertenece a ningún proyecto político: pertenece a Navarra y a todos los navarros.

Juan Antonio Extremera Apesteguia