Navarra no se rinde
Terminados los Sanfermines, unos Sanfermines que, además, han coincidido con el Mundial de fútbol, queda una conclusión que, a mi juicio, resulta esperanzadora: una gran parte de la sociedad navarra ha dicho basta.
Frente a quienes intentan imponer un relato nacionalista sobre Navarra, miles de navarros han respondido con normalidad, orgullo y sin complejos. Han defendido su identidad, su tierra y su pertenencia a España, demostrando que Navarra no está dispuesta a dejarse arrastrar por quienes pretenden reescribir su realidad.
Todo comenzó el mismo día del chupinazo. Las palabras del lehendakari sobre Navarra fueron, en mi opinión, una injerencia impropia entre instituciones. Más decepcionante aún fue el silencio de María Chivite, incapaz de defender con firmeza la dignidad y la personalidad propia de Navarra. Quien preside el Gobierno de Navarra tiene la obligación de defender a todos los navarros, no de mirar hacia otro lado.
La decisión posterior del Ayuntamiento de Pamplona de negarse a instalar una pantalla gigante para seguir el partido de la selección española contra Francia fue otro ejemplo de una forma sectaria de entender las instituciones. Cuando se trata de nuestra selección nacional, la selección española, parece que algunos prefieren esconder lo que millones de españoles viven con absoluta normalidad.
Sin embargo, la respuesta de la sociedad navarra fue ejemplar. Allí donde fue posible, las calles se llenaron de camisetas de España, de banderas y de un sentimiento compartido de orgullo. También en la plaza de toros, donde, pese al marcado protagonismo político de algunas peñas, muchos navarros demostraron que no piensan renunciar a expresar libremente su identidad.
Quizá eso sea lo que más incomoda al Partido Socialista de Navarra: comprobar que una gran parte de la sociedad navarra no se deja intimidar ni acepta que el nacionalismo marque los límites de lo que puede sentirse o expresarse. Navarra tiene personalidad propia, historia propia y un lugar irrenunciable dentro de España.
Quienes amamos Navarra y nos sentimos orgullosamente españoles no tenemos por qué pedir permiso para decirlo. Lo seguiremos haciendo con respeto, con libertad y con la convicción de que defender nuestra tierra y nuestra nación nunca debería ser motivo de censura ni de complejos.