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El Ayuntamiento de un pueblo de Navarra homenajea por sorpresa a Miguel, su peluquero más querido

Miguel Rubio, en el centro, con una representación del Ayuntamiento de Burlada. Cedida.
Su lista de planes suena a vacaciones bien ganadas: descansar, recuperarse de la gripe y, después, viajar, tocar la guitarra, hacer bici estática y cocinar.

El Ayuntamiento de un pueblo de Navarra ha querido despedir como se merece a uno de esos vecinos que han estado siempre ahí, al pie del cañón. Este 31 de diciembre de 2025 se ha jubilado Miguel Rubio González, peluquero de toda la vida y muy conocido en la localidad.

El gesto ha llegado desde el propio Consistorio de Burlada, que lo ha destacado en sus redes sociales con un mensaje directo y cariñoso: “Hoy se ha jubilado Miguel Rubio González, peluquero de nuestro municipio y fundador de Burlada Blues Bar. ¡Muchas gracias por la aportación que has hecho en el municipio todos estos años!”.

Y es que Miguel no solo ha cortado el pelo durante décadas. Ha sido una cara conocida, un punto de encuentro y, para muchos, parte del paisaje cotidiano y siempre comprometido con el pueblo. Por eso, cuando le han preparado el homenaje, le ha pillado completamente a contrapié.

“No me lo esperaba. Me sorprendieron con un ramo de flores y una placa. Vino el Ayuntamiento en pleno. Fue muy emocionante”, ha relatado Miguel Rubio a Navarra.com. La sorpresa ha sido tan intensa que hasta le ha pasado factura: “La pena es que me he cogido una gripe de tanto abrazo y apenas pude celebrar la Nochevieja en casa”.

Su peluquería, la que lleva su nombre, ha sido su segunda casa desde hace más de cuatro décadas. Ha trabajado en el local de la calle Mayor 24 desde el 1 de septiembre de 1983, sumando 42 años de oficio. Ahora, el establecimiento va a cerrar, pero el equipo no se pierde: “Las chicas que trabajan se trasladan a otra que está a solo cien metros, la de Álvaro Lizarraga que se ha jubilado también. Se llevan casi todo el mobiliario de la mía y quieren abrir para el mes de febrero”, ha explicado.

Miguel ha decidido dar el paso a una nueva etapa con los 65 años ya encima: los cumple el 4 de enero. Casado y padre de dos hijos, ha bajado la persiana sin dramatismos, pero con esa mezcla de alivio y nostalgia que deja toda vida entera de trabajo.

“Yo ya me he dado de baja en todo. Ya quedamos pocos peluqueros de la vieja escuela”, ha comentado con una sonrisa, acordándose de aquellos años de meter “todas las horas del mundo”. Ahora, su lista de planes suena a vacaciones bien ganadas: descansar, recuperarse de la gripe y, después, viajar, tocar la guitarra, hacer bici estática y cocinar. “Me encanta y lo hago yo todo. También bajaré a Artajona donde tenemos una casa de la familia”, ha añadido.

Su historia en Navarra, en realidad, empezó casi desde bebé. Miguel Rubio llegó a Burlada con apenas 9 meses, desde Villanueva del Arzobispo (Jaén). Su padre vino a trabajar en la fundición Vivanco y con él se trasladó toda la familia: su madre y cuatro hermanos.

El oficio le llegó pronto. Dejó los estudios y con 13 años, en julio de 1974, empezó como aprendiz en la peluquería de sus primos Miguel y Francisco (Paco) Cozar, en la calle Merindad de Sangüesa. No era una vocación clara, pero el lugar le marcó: “Fui feliz en Cozar”, ha recordado. Y guarda una prueba de aquellos inicios: conserva su primera nómina, 2.610 pesetas, “unos 16 euros actuales”.

Con el tiempo, la peluquería también fue cambiando de manos y de calles, pero Miguel se quedó en el pueblo. Cuando Paco Cozar abrió su propio negocio en el barrio de San Juan de Pamplona, él siguió su camino en Burlada. En 1983 se estableció por su cuenta: su primo le vendió la peluquería del número 7 de la entonces calle General Mola (hoy Merindad de Sangüesa) y, ocho años después, se trasladó a la actual ubicación de la calle Mayor.

Su “aportación” al municipio no se ha quedado en la peluquería. También ha estado ligado al fútbol sala local, con una trayectoria larga. “Fui presidente y a la vez el patrocinador”, ha contado. El equipo llegó a competir en división de plata llevando su nombre y apellidos, y en 1997 el Gobierno de Navarra le concedió el galardón al mejor patrocinador del año. “Luego lo fui dejando y aún me deben dinero”, ha dicho sin perder el tono.

El reconocimiento del pueblo tuvo otro momento simbólico en plenas fiestas: Miguel Rubio lanzó el cohete de Burlada el 14 de agosto de 2009, un honor que el Ayuntamiento le cedió por su trabajo constante por la localidad.

Y todavía hay más. Miguel también ha empujado la vida cultural desde la música. En 2006 propuso a la peña Euskal Herría montar algo de blues y así empezó un ciclo de tres conciertos al año. “Comenzamos con un concierto prefiestas que salió bien y este año hacemos 20 años. Yo seguiré apoyando desde la sombra. Lo que está claro es que no me voy a aburrir”, ha explicado.

En 2011 creó la asociación Burlada Blues Bar, que llegó a tener 110 socios para organizar conciertos en bares y en la Casa de Cultura, con la colaboración del Ayuntamiento. Entre sus recuerdos, destaca especialmente haber traído a Burlada a Jimmy Burns y Guitar Crusher.