El emprendedor que abre una tienda de bicis en un pueblo de Navarra: “Lo más difícil fue decidirme”
Dar el paso no siempre es lo más rápido, ni lo más sencillo. Iñaki Toledo Bermechea, vecino de 46 años, llevaba mucho tiempo con una idea rondándole la cabeza: montar su propio negocio ligado a la bicicleta, el deporte que le acompaña desde niño. Lo había pensado muchas veces, pero entre la estabilidad de su trabajo y el vértigo de empezar de cero, la decisión se resistía. Al final, una lesión en el hombro y varios meses de parón terminaron empujándole a apostar por lo que de verdad quería hacer en un pueblo de Navarra
Así nació Ciclos Toledo, una pequeña tienda-taller abierta en la localidad de Viana, en la avenida Príncipe de Viana s/n, en una bajera de su propia vivienda. El negocio abrió el 8 de abril del año pasado y desde entonces se ha convertido en un espacio muy ligado al mundo de la bicicleta, especialmente centrado en el taller y en la reparación, en un pueblo navarro de unos 4.000 habitantes en la zona de Tierra Estella.
Toledo no oculta que poner en marcha el proyecto exigió valentía. “Lo más difícil fue decidirme”, admite. Durante años tuvo la idea en la cabeza, pero no terminaba de lanzarse. “Tenía un trabajo estable y eso también frena. Cuando estuve de baja seis meses fue cuando pensé: ahora o nunca”, relata sobre ese momento en el que dejó de darle vueltas y optó por convertir su afición y su experiencia en una forma de vida.
Porque detrás de la apertura de la tienda no solo hay entusiasmo, también hay muchos años de oficio. Antes de levantar la persiana de Ciclos Toledo, trabajó en mantenimiento, una etapa que le sirvió para afianzar la parte técnica que hoy aplica cada día en el taller. La idea de montar su propio espacio llevaba tiempo madurando, pero el momento no llegó hasta 2024, cuando aquella pausa obligada le hizo replantearse su futuro laboral.
A la hora de sacar adelante el negocio, no todo fue tan romántico como puede parecer desde fuera. El propio Iñaki Toledo reconoce que la burocracia fue uno de los tramos más pesados del camino. “También la burocracia es complicada, hay muchísimo papeleo”, explica. En ese proceso resultó clave la ayuda de Teder, entidad que le acompañó en los trámites para dar forma al proyecto.
Junto a ese respaldo, hubo otro empujón imprescindible para que la tienda acabara siendo una realidad. “Algo fundamental fue el apoyo de mi familia, especialmente de mi mujer. Ella fue quien más me empujó a dar el paso”, destaca. En un negocio pequeño, de esos que nacen desde casa y con mucho trabajo detrás, ese apoyo cercano suele marcar la diferencia.
Hoy, el corazón de Ciclos Toledo está en el taller. “La mayor parte de mi actividad consiste en reparar y poner a punto bicicletas. Es el corazón del negocio y lo que ocupa la mayor parte de mi día a día”, señala. A ese servicio principal suma una pequeña selección de accesorios, como cascos, zapatillas y equipamiento, además de algunas bicicletas de la marca Conor y de otras marcas, y un servicio de alquiler de bicicletas para quienes quieren disfrutar de un paseo o conocer la zona sobre dos ruedas.
Lo que más le engancha del trabajo, cuenta, es que no hay dos días iguales ni dos bicicletas idénticas. “Una de las cosas que más me gusta de este trabajo es que cada bicicleta tiene su historia”, afirma. Por la puerta de su taller puede entrar una bicicleta muy moderna, con cambios electrónicos o motor eléctrico, pero también otra con muchos años a cuestas y un valor especial para quien la lleva.
Entre esos encargos que dejan huella, recuerda el de una mujer que acudió con una bicicleta de más de 60 años porque quería restaurarla. “Ese tipo de trabajos también forman parte del encanto de este oficio”, comenta. Esa mezcla entre mecánica, paciencia y trato cercano es, en buena parte, la seña de identidad de un negocio que ha echado a andar desde el esfuerzo personal y la constancia.
La relación de Iñaki Toledo Bermechea con este mundo viene de muy atrás. Empezó a competir con apenas siete años y en su familia siempre hubo una fuerte afición por este deporte. “Mis hermanos y yo corrimos en bicicleta y mi padre también estaba muy vinculado a este mundo”, recuerda. Esa trayectoria explica que, después de tantos años, haya terminado encontrando en la bicicleta no solo una pasión, sino también un oficio.
Las reseñas que ha ido recibiendo en redes sociales reflejan precisamente ese modo de trabajar. Una de ellas asegura: “Cuesta encontrar a un mecánico de bicicletas como él. Intenta arreglar las piezas y casi siempre lo consigue. Además te explica todo. La forma de trabajar que tiene, a mí personalmente me encanta. Además, es muy buena persona”.
Otra va en la misma línea y retrata el perfil de una tienda cercana y de confianza: “Una tienda de ciclismo de las de toda la vida. Trato muy cercano y de confianza, siempre te atienden con buena cara y te aconsejan como si fueras de casa. Tienen de todo lo que hace falta y, si no, te lo consiguen. El taller funciona de lujo, rápido y bien hecho. Da gusto tener una tienda así en el pueblo”.