• jueves, 19 de marzo de 2026
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COMERCIO LOCAL

El fin de una era: cierra una pastelería con 126 años de historia en un pueblo de Navarra

El establecimiento de la calle Mayor 40, cuna de los emblemáticos "barbos", se despide tras cuatro generaciones endulzando la vida de los sangüesinos. 

Iker Aramendía y Patricia Hiriart en la Pastelería Aramendía de Sangüesa. Navarra.com
Iker Aramendía y Patricia Hiriart en la Pastelería Aramendía de Sangüesa. Navarra.com

Hay persianas que, al bajarse, hacen un ruido más amargo que otras. La Pastelería Aramendia Gozotegia ha anunciado el cese de su actividad en un emotivo comunicado que marca el final de una saga familiar que ha resistido guerras, crisis y pandemias. Tras 15 meses de un último y valiente impulso, la mítica casa de la calle Mayor 40 dice adiós, dejando un vacío profundo en el patrimonio gastronómico de la localidad.

La historia de este obrador es la historia de una familia entregada al azúcar y la harina. Todo comenzó en Sangüesa en 1898, cuando el bisabuelo Benito Aramendía y la bisabuela Felipa Arboniés fundaron el negocio. A ellos les siguió el abuelo Tomás Aramendía, y tras su prematuro fallecimiento, tomaron el relevo Juan Pedro Aramendía García y Ana Landa, padres del actual maestro pastelero.

Iker Aramendía Landa, perteneciente a la cuarta generación y que cumplirá 50 años este octubre, fue quien decidió retomar las riendas de la pastelería familiar. Curiosamente, la última reapertura coincidió exactamente con el 126º aniversario de la fundación: “No fue buscado, pero es una gran casualidad”, comentaba Iker con nostalgia. Este último capítulo no hubiera sido posible sin Patricia Hiriart, cuyo compromiso y experiencia permitieron abrir de continuo, trabajando ambos codo con codo en el obrador.

No se puede entender la historia de Aramendia, ni la de Sangüesa, sin mencionar su dulce más famoso: el barbo. Como ya recogimos en su día en Navarra.com, este pastel es el símbolo indiscutible de la casa.

Iker Aramendía explicaba que el dulce nació como un homenaje al pez del río Aragón, representativo del pueblo. Aunque inicialmente su bisabuelo los bautizó como "besugos" o "besuguitos" por motivos comerciales, fue el propio pueblo de Sangüesa el que, con su cariño habitual, empezó a llamarlos "barbos" hasta imponer el nombre actual. Del original relleno de merengue se pasó a versiones de nata, trufa o crema, pero siempre manteniendo ese hojaldre delicado que los convirtió en leyenda.

A pesar de la ilusión y del esfuerzo por mantener vivo el oficio artesano, la realidad económica ha acabado pesando más que la tradición. En su comunicado, la pastelería señala las dificultades del mercado laboral y la presión que sufren las pymes en el entorno rural como las causas principales de esta dolorosa decisión:

"La situación, debido a varios factores, se ha ido deteriorando llegando el momento de tener que tomar esta decisión... quizás decir 'para siempre' sea mucho decir, pero lo contrario es realmente complicado".

Iker, Patricia y toda la familia Aramendia se despiden agradeciendo a una clientela que consideran "una suerte". Se van con el orgullo del trabajo bien hecho, la honradez y el buen trato que ha caracterizado a la firma durante más de un siglo.

Sangüesa pierde hoy el aroma de su obrador más antiguo, pero el recuerdo de sus barbos y el esfuerzo de cuatro generaciones de la familia Aramendía permanecerán para siempre en la memoria de la calle Mayor.

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