Comercio Local

La ferretería familiar de un pueblo de Navarra que cumple 95 años: “Viene gente a comprar hasta de Francia”

Miguel, Mirentxu y Kepa en la Ferretería Quevedo de Elizondo. Navarra.com
"Llevo todos los años trabajando desde chaval. No me quiero ni acordar cuantos. Más de 40 años. Contento”, asegura el dueño.

Una ferretería de toda la vida esta a punto de soplar 95 velas en un pueblo de Navarra y sigue funcionando con esa lógica simple que no falla: atención directa, soluciones para casi todo y mucho oficio detrás del mostrador. Al mando está un dueño que no se anda con rodeos cuando habla de trabajo y constancia.

La Ferretería Quevedo, en la calle Santiago nº 31 de Elizondo, encara este aniversario con la misma etiqueta de siempre: negocio familiar y servicio cercano. La empresa la fundó Luis Quevedo en 1931 y creció sin salir de la calle donde empezó.

En sus primeros años, el negocio se ubicó en la calle Santiago nº 21. Con el tiempo, sus hijos, Enrique y Francisco Quevedo, tomaron el relevo y mantuvieron la ferretería en marcha hasta que, en 1975, abrieron un nuevo local en la misma calle, en el Santiago nº 31.

Durante décadas convivieron ambos locales. Esa doble etapa se cerró en 2008, cuando el negocio inicial bajó la persiana. Desde entonces, todo quedó concentrado en la tienda actual, un espacio de 400 metros cuadrados que terminó como referencia del pueblo.

Al frente está Miguel Quevedo, tercera generación, con una vida entera ligada a la ferretería. Miguel Quevedo Lizardi, de 59 años y natural de Elizondo, dice que lleva “todos los años trabajando desde chaval. No me quiero ni acordar cuantos. Más de 40 años. Contento. Cada vez más complicado pero bien”.

Al recordar la transición familiar, precisaba un dato clave: coincidió con su padre, Francisco Quevedo, “casi 20 años”. Y, en la actualidad, sigue el día a día con su mujer, Mirentxu Ciaurriz Oteiza, y con un empleado, Kepa Lázaro, “que lleva muchos años con nosotros”.

Cuando le preguntaban por el secreto de aguantar, Miguel lo resume con una frase sin maquillaje: “Meter más horas que el tonto. Las que puedes y las que no puedes. Si no haces horas no haces nada. Ni aquí ni en ningún lado”. En ese mismo discurso deja otro titular: “Ahora nos hemos quedado solos como ferretería del pueblo”.

Ese papel de último bastión no le quita movimiento al negocio. Al contrario: “Viene gente hasta de Francia y tenemos cosas artesanas que cada vez es más complicado encontrar porque todos los talleres pequeños que hacían las cosas de antes se van cerrando”, relata, señalando que esa mezcla de producto difícil de ver y atención personal siguen atrayendo a visitantes.

Miguel también pone el foco en la relación con los vecinos. “Conocemos a todo el pueblo, padres e hijos”, afirmaba, como quien habla de una red de confianza tejida durante décadas. Sobre la posibilidad de una cuarta generación, lo zanja con claridad: “No hay manera. Tengo dos hijos pero van por otro lado. Su trabajo es otro y aquí aparecen el fin de semana”.

El dueño reconoce que mantener el negocio familiar le da orgullo y tira de memoria para explicar el cambio de etapa: “Que esto estaba antes en otro sitio. Tuvimos dos tiendas muy cercanas hasta que se cerró una y todo se quedó aquí”. En lo personal, lo describe sin grandes discursos: "Sigo feliz en este trabajo, sino no estaría aquí. Me gustaba desde chaval y no he tenido intención de cambiar de trabajo”.

En ventas, Miguel explica que hay “en general de todo”: ferretería y menaje, con un matiz que reflejaba cómo cambian los tiempos. El “sector rústico” va a menos porque se dejó de fabricar, y el relevo generacional también se nota en la forma de comprar: “La gente joven va de muebles de Ikea y de Glovo, y otra gente más mayor quiere y necesita esto porque ya tiene una edad y se ha hecho a lo de antes”.

La ferretería también atiende trabajos de cerrajería, como “abrir alguna puerta que se ha quedado cerrada”, un servicio que en muchos pueblos ya cuesta encontrar. En redes sociales, las valoraciones reforzaban esa imagen de tienda completa. Un cliente escribe: “Compramos unas cucharas de madera y un abridor de botellas de pared de muy buena calidad, tienen de todo, y muy buena relación calidad / precio. Recomendable y merece la pena verla porque fijo que encuentras lo que buscas”.

Otra reseña destaca el trato recibido: “Un lugar donde encontrar casi de todo y con una atención y amabilidad por parte de la persona que nos atendió, lástima no poder decir su nombre ya que no llegamos a saberlo, que es francamente casi imposible hallar en gran centro comercial. Absolutamente recomendable”.

Y una tercera añade un detalle que sorprende a más de uno: “Ferretería muy completa, tienen artículos de todo tipo incluso souvenirs típicos de la zona que no encuentras en ningún lado. Compramos un cencerro y dos kaikus y el chico joven se prestó a llevarnos hasta el coche, volveremos”.