La imprenta familiar de un pueblo de Navarra que sigue abierta después de 100 años: “Es un orgullo”
El ruido de las pantallas lo ocupa casi todo, pero todavía quedan negocios donde el papel manda y la atención es cara a cara. En la ciudad del Cidacos, un local con estanterías antiguas y suelo de madera resiste al paso del tiempo con la misma idea de siempre: imprimir, atender y volver a empezar al día siguiente en un pueblo de Navarra.
Ese lugar es la Imprenta Goldaracena, en Tafalla, una imprenta familiar que cumple 100 años de historia desde 1925 y que mantiene su actividad en un establecimiento situado en la avenida de Sangüesa 7.
Quienes atienden ahora a los clientes son los hermanos Goldaracena Asa, Eduardo (45 años) y Marifé (53). Con ellos trabaja también Silvia Partida, que forma parte de la familia al ser la mujer de Antonio, tío de ambos.
“Somos la tercera generación de la misma familia. Empezó mi abuelo Antonio Goldaracena Simón. Luego siguieron mi padre y mi tío Félix y Antonio Goldaracena García, y seguimos nosotros. Estamos muy contentos y orgullosos de seguir en el mismo sitio. Hemos ampliado y renovado la clientela”, explica Marifé, mientras repasa el árbol genealógico de un negocio que fue pasando de mano en mano dentro de la misma casa.
El oficio, según defiende, no cambia de esencia, aunque sí de herramientas. “Seguimos con el oficio original de imprenta y hemos implementado otras nuevas tecnologías donde hay que estar al día”, comenta, aludiendo a esa mezcla inevitable entre tradición y renovación que exige el trabajo en plena época de digitalización.
Son cinco hermanos. Arturo, el mayor, “implantó la imprenta moderna” y después le siguió Ignacio. La quinta, Isabel, no tuvo relación con la imprenta, precisa Marifé al detallar cómo se ha repartido el relevo con el paso de los años.
La escena, por dentro, mantiene el mismo encanto que muchos clientes destacan al entrar. El local conserva su apariencia de siempre, con estanterías y suelo de madera, y con una estética que, según cuentan, despierta comentarios recurrentes. “Nos dicen que da gusto entrar a un sitio con sabor antiguo y que guarda la esencia. De hecho, la maquinaria antigua la guardamos porque es una joya”, señala Marifé, poniendo en valor ese patrimonio que no se tira ni se olvida.
La continuidad, sin embargo, no está escrita de antemano. “Ahora mismo no hay cuarta generación. Mi hermano tiene niños pequeños. No lo sabemos. Bastante tenemos con mantenernos en esta época de la digitalización”, admite. Aun así, describe un apoyo que notan a diario: “Tenemos la suerte de que nos conoce todo el mundo. Mucha gente entra cada vez que viene a Tafalla y nos dicen que conocen nuestras raíces y que sigamos luchando”.
Ese vínculo con la clientela también se refleja en la forma de trabajar. “Nos da un orgullo y una satisfacción tremenda aunque esté mal que lo digamos nosotros. La gente nos demuestra mucho cariño y agradecimiento. No encuentran un sitio pequeño donde te atiendan en persona”, remarca.
En redes sociales, la propia Imprenta Goldaracena ha compartido un texto para recordar el origen del proyecto: “Allá por el año 1.925 comenzó la historia de Imprenta Goldaracena, en un pequeño taller en el que con dedicación, esfuerzo y muchos sueños por cumplir, se comenzaron a plasmar todo tipo de trabajos en papel, así como a dar forma y vida a ideas y proyectos para todos nuestros clientes”.
La publicación continúa con otra frase sobre el recorrido familiar: “Un siglo de historias impresas y tres generaciones dedicadas a satisfacer las necesidades de nuestra clientela así como a mantener viva la llama de aquellos que nos precedieron”.
También aparece el recuerdo de quienes estuvieron antes: “A día de hoy, al mirar hacia atrás, nos inunda la melancolía al recordar a quienes estuvieron aquí antes que nosotros, a quienes con sus manos, dedicación y pasión por su trabajo, hicieron posible que a día de hoy continuemos su legado”.
Y un mensaje de agradecimiento directo a quienes les sostuvieron durante décadas: “Así mismo queremos manifestar una profunda gratitud a aquellos que durante este largo camino han confiado en nosotros, clientes, amigos y colaboradores, puesto que han sido parte esencial de nuestra historia”.
Las valoraciones de clientes en redes siguen esa misma línea. Una reseña resume la experiencia con un encargo concreto: “Auténticos profesionales. Encargué una pancarta que diseñamos previamente, y todo fue rápido y fácil. Muy buena calidad y atención personalizada. Lo recomiendo al 100%. Mil gracias”.
Otra destaca el proceso y el trabajo conjunto: “Todo bien explicado. Todo bien especificado. Trabajo en equipo para conseguir lo que queríamos y con calendario un poco apretado”.
Y una tercera pone nombres y subraya el ritmo del taller: “Todo ha ido de maravilla gracias a Eduardo y su equipo. Ha sido un trabajo excepcional y de verdad que en un tiempo récord. Y el resultado muy bonito y efectivo. Un 10 por todo. Trabajo y amabilidad”.