Comercio Local

Una de las últimas zapaterías de barrio de Pamplona cumple 30 años: “Me he criado detrás del mostrador”

Maribel, Clara y Elena Iriarte, la dueña de la tienda Irucalzado en Pamplona. Navarra.com
Siempre ha defendido una propuesta basada en artículos de calidad, precios competitivos y un esfuerzo constante por adaptarse a los tiempos.

La zapatería Irucalzado se prepara para celebrar sus 30 años de vida en octubre, tres décadas en las que ha logrado mantener intacto el espíritu del comercio cercano en Pamplona. El negocio ha sobrevivido a cambios, crisis y modas, pero su esencia sigue siendo la misma: atención personalizada, conocimiento del cliente y un mostrador que forma parte de la historia del barrio.

El establecimiento está ubicado en la calle San Cristóbal 14, en pleno barrio de la Chantrea, un lugar donde ya apenas quedan tiendas tradicionales dedicadas al calzado. De hecho, Irucalzado es la única zapatería del barrio, salvo la tienda Villacorta, situada en la agrupación Orvina.

Entre sus estanterías conviven zapatillas de casa, deportivos, zapatos de orma ancha para señora, modelos juveniles y propuestas para niños. “Trabajamos un poco de todo”, explica su propietaria, Elena Iriarte Pérez, de 51 años, mientras repasa con cariño el género que ha acompañado a varias generaciones del barrio.

Aunque no nació allí, Elena se siente chantreana “de adopción”. Lleva tantos años detrás del mostrador que afirma casi en broma que “se conoce el pie de casi todos”. Lo dice con emoción porque en su tienda entran ahora nietas e incluso biznietas de clientas históricas. “Da mucha nostalgia ver pasar tres generaciones. Estoy muy contenta”, comenta mientras recuerda cómo ha ido creciendo un negocio que empezó como una liquidación puntual.

La historia de la zapatería arranca cuando su padre, Esteban Iriarte, encontró el local ideal mientras liquidaban género de un almacén familiar de calzado. “Nos gustó el sitio y tuvo muy buena aceptación. Aquí seguimos”, rememora Elena. Sus padres se jubilaron hace casi veinte años y desde entonces ella ha mantenido el timón, acumulando ya 17 años sola al frente del negocio.

El relevo familiar no parece sencillo. Su hijo Jokin, de 16 años, estudia un grado medio en el Virgen del Camino y tiene claro que su camino está en la mecánica. “Él va a los motores, que es lo que le gusta”, reconoce su madre, que no cree que haya una tercera generación en la tienda.

Elena recuerda que antaño llegaron a trabajar hasta tres personas en el local. Después quedaron su madre y ella. Ahora, solo ella sostiene el día a día de Irucalzado. Aun así, se siente afortunada porque el negocio “da para vivir” y la confianza de la clientela ha sido clave para resistir en un contexto complicado. “El comercio pequeño tiene tendencia a desaparecer. La competencia online es brutal, la pandemia ha hecho mucho daño y las grandes superficies también. Pero yo tengo clientes muy fieles que valoran la confianza y el trato”.

A quienes siguen pasando por su tienda les dedica un agradecimiento especial. “Gracias a su fidelidad y a esa confianza depositada en nosotros seguimos manteniendo este negocio año tras año y ya van camino de 30”, afirma. Siempre ha defendido una propuesta basada en artículos de calidad, precios competitivos y un esfuerzo constante por adaptarse a los tiempos sin perder la esencia.

Elena Iriarte junto a su madre Amalia Pérez en la tienda Irucalzado de Pamplona. Navarra.com

La atención de Irucalzado va más allá del mostrador. Elena también ofrece servicio a domicilio a clientes que, por diversos motivos, no pueden desplazarse. Ese contacto estrecho ha generado relaciones que superan lo comercial. “En muchos casos se ha convertido en un trato de amistad”, comenta. Confiesa que disfruta con lo que hace: “Me he criado detrás del mostrador y me encanta el contacto con la gente”. Las clientas lo corroboran y aseguran que “se porta muy bien” y que es “demasiado buena”.

La zapatería también es un espacio cargado de recuerdos familiares. Elena menciona con emoción a sus padres, Esteban Iriarte —fallecido hace tres años— y Amalia Pérez, a quienes describe como “sus maestros de vida” por haberle enseñado el oficio y por dejarle un legado que aún mantiene vivo. También recuerda a sus tres hermanos, que trabajaron en el negocio en su día y que, aunque eligieron otros caminos, “siempre están presentes y apoyando”.

Su círculo más cercano también ha sido clave para sostener la tienda durante estos años. A su marido, Patxi Gastón, y a su hijo Jokin les agradece la paciencia por todos los momentos que se ha perdido debido a la carga de trabajo. “Ese apoyo incondicional me ayuda a seguir adelante en los momentos difíciles”, reconoce.

Las reseñas que recibe reflejan la imagen que proyecta: profesionalidad, conocimiento y cercanía. Los clientes destacan su asesoramiento, la honestidad en la venta y la calidad del calzado. Algunos señalan que Elena “conoce tu pie y sabe qué te puede encajar”, mientras otros subrayan que “da igual que compres o no, siempre está sonriente y amable”, algo que convierte a Irucalzado en un comercio donde la gente entra incluso solo para saludar.