Comercio Local

La pareja que convence en Pamplona con su comida tradicional y los arroces: “No nos arrepentimos de abrir"

Santiago González y Ximena Rivera en el Magori Gastrobar de Pamplona. Navarra.com
Apuestan por una carta tradicional como ensaladilla rusa, patatas bravas, huevos rotos, arroces y producto fresco como pescado y pulpo a la brasa.

Apenas lleva cuatro meses abierto en Pamplona, pero ya se ha hecho un hueco entre quienes buscan comida tradicional, buen producto y una carta en la que brillan los arroces. El restaurante abrió el 29 de noviembre, día de San Saturnino, y desde entonces se ha convertido en una de las aperturas más comentadas del barrio de San Juan.

El local es Magori Gastrobar y está situado en el Paseo García el de Nájera, 2, en una zona de la capital navarra en la que también se encuentran otros establecimientos conocidos, como el restaurante Yamaguchi 1995. Al frente del negocio están Ximena Rivera Valderrama, de 36 años, y Santiago González Niño, de 32, una pareja colombiana que ha traído a Navarra un proyecto gastronómico con historia propia.

El nombre de Magori no es casual. Según explica Ximena, procede de las letras iniciales del nombre de su hija, Marcina González Rivera, que tiene siete años y nació en Pamplona. Ese vínculo con la ciudad ha pesado también en su decisión de instalarse aquí y empezar una nueva etapa.

La pareja llegó a Pamplona animada por unos amigos que ya vivían en la ciudad. “Hemos llegado a Pamplona por unos amigos nuestros que ya estaban aquí, Felipe, que tiene otro restaurante en Iturrama. Son casi familia porque sus hijas y la nuestra se llevan muy bien”, relata Ximena, al recordar cómo surgió la oportunidad de asentarse en la capital navarra.

Aunque la idea era comenzar aquí, el proyecto dio antes un giro inesperado. “Decidimos trasladar Magori, que ya existía, a Pamplona. Comenzamos aquí, pero por cosas del destino nos trasladamos a Mallorca, donde abrimos el restaurante hace tres años, y lo hemos traído a Pamplona”, cuenta.

La hostelera asegura que tanto ella como su pareja conocían ya la ciudad y que siempre les atrajo su ambiente. “Nos gusta mucho Pamplona. Nos han recibido muy bien. Nos gusta mucho la cultura gastronómica de aquí. La gente agradece mucho la calidad del producto y el servicio”, subraya.

En estos primeros meses de actividad, la acogida ha sido mejor de lo que esperaban. “Nos ha gustado mucho la gente. Nos ha recibido súper bien. No hemos hecho mucha publicidad. Vamos poco a poco para conocer a la gente del barrio y nosotros a ellos”, señala Ximena, que se encarga de la sala mientras Santiago lidera la cocina.

La apuesta de Magori Gastrobar pasa por una carta reconocible, pensada para el público de aquí, pero con personalidad propia. “Santi hace cocina creativa para adaptarnos a la comida de aquí. Apostamos por una carta tradicional como ensaladilla rusa, patatas bravas, huevos rotos, arroces y producto fresco como pescado y pulpo a la brasa, mariscos frescos”, detalla.

Uno de los grandes reclamos del restaurante son precisamente los arroces, una especialidad que Santiago ha trabajado a fondo durante su trayectoria profesional. “En cuanto a los arroces, Santiago trabajó en una arrocería muy buena en Palma de Mallorca. Desde ahí empezó mi amor por los arroces”, explica. Entre todas las elaboraciones, hay una que sobresale especialmente: “Sobre todo el arroz a la llauna, una paellera casi cuadrada, que se nos da muy bien”.

El fin de semana es cuando más se nota el tirón del local. Con Ximena al frente de la atención al cliente y Santiago en los fogones, el equipo recomienda reservar con antelación en los días fuertes. “Lo que sí solemos sugerir es que los jueves, viernes y sábado solicitar reserva porque se está moviendo bastante, aunque el salón es amplio”, advierte. Entre semana, en cambio, el ritmo resulta algo más tranquilo. “Entre semana es más manejable”, precisa.

En total, en Magori Gastrobar trabajan ocho personas: cuatro en cocina y cuatro en sala. El reparto del equipo permite atender tanto el servicio de comedor como la actividad en barra, donde también han querido cuidar la oferta desde el primer día.

Nada más entrar, uno de los elementos que más llama la atención es la gran vitrina de botellas colocada detrás de la barra. Ximena la define como una declaración de intenciones del negocio. “Es una pequeña exposición de los vinos para que se vea lo que es el bar”, explica. La carta incluye una selección amplia, con referencias de vinos navarros, riojas, riberas y también de Cádiz.

A esa oferta se suma una barra con pinchos durante todo el día, otro de los aspectos que ha ayudado a dar visibilidad al establecimiento entre los vecinos del barrio. El objetivo era claro desde el principio: ofrecer un espacio versátil, con ambiente de bar y cocina de restaurante.

La respuesta de los clientes, además, ha empezado a reflejarse en las reseñas publicadas en redes sociales. Una de ellas destaca especialmente el trato recibido desde el primer momento: “Sitio muy recomendable. Desde que llegas Jimena te saluda con una sonrisa, te trata de manera muy amable, y durante el servicio está pendiente de cualquier necesidad”.

Otra reseña pone el foco en la propuesta gastronómica y en la impresión que deja el local a quienes lo visitan por primera vez: “Hoy hemos descubierto la última apertura en Pamplona, Magori. ¡Nos ha encantado!. Platos sabrosos, calidad del producto brutal, cantidades generosas, recetas originales,... la verdad que genial. 100% recomendable. No se le puede poner ningún pero. Volveremos seguro”.

Con esa respuesta del público y un arranque que ha superado sus expectativas, los responsables del restaurante no esconden su satisfacción. “No nos arrepentimos de abrir, para nada”, zanjan.