La navarra de 90 años que sigue al frente de su tienda muy cerca de Pamplona: “Las clientas me piden que no me vaya”
Helena Ciordia Pérez abre la persiana cada día laborable, mañana y tarde, y se coloca “al pie del cañón” como si el calendario no contara en un pueblo de Navarra muy cerca de Pamplona. Entre telas, hilvanes y arreglos de última hora, su jornada se llena de bajos de pantalones, dobladillos y clientas que entran buscando una solución rápida o una pieza de tejido “de las de antes”.
Lo hace desde su local de la calle San Miguel 12, en Tejidos Helena, en Burlada. Y ahí está lo extraordinario: Helena tiene 90 años. En agosto los cumplió y, sólo entonces, dejó de cotizar como autónoma y pasó a la jubilación activa, una fórmula que, junto a los bajos ingresos del negocio, le permite seguir acudiendo al comercio a diario.
Su oficio no le cayó del cielo. Helena es modista autodidacta, en su día dio clases de costura y se hizo autónoma cuando la necesidad apretaba para sacar adelante a sus cuatro hijos. Su vida laboral empezó mucho antes, en el pueblo navarro de Cárcar, y con el paso de los años fue cosiendo etapas, traslados y cambios como quien remata una prenda con paciencia.
Ella misma lo resume con una mezcla de orgullo y resignación: “Sigo al pie del cañón y que remedio. Hasta hace año y medio cotizando a la seguridad social. Llevo en la tienda unos 35 años y aquí estoy. Vivimos en Burlada pero soy de Cárcar. Vinimos aquí porque mi marido trabajaba en una conservera en Cárcar, luego les pasaron a Falces y finalmente pasaron las oficinas a Pamplona. Allí teníamos una tienda de alimentación. La vendimos y nos vinimos aquí”.
Cuando le preguntan si no le apetece bajar el ritmo, Helena suelta una respuesta que no deja espacio para dudas: “Estoy feliz y contenta sí”. Y, al hablar de la jubilación, se explica a su manera, sin dramatismos: “Me obligan, entre comillas, en casa a que venga y yo tengo que venir. Yo no soy de estar con las mujeres por ahí ni de ir a los sitios. Eso no me gusta. Yo aquí estoy muy a gusto y bien de salud con 90 años”.
En casa, cuenta, vive con su hijo Patxi y tiene tres hijos más, además de nietos. También recuerda a su marido, Alberto Lezaun, ya fallecido. Y mientras lo cuenta, vuelve al mostrador: porque en su tienda no solo se vende tela, también se mueve mucha confección hecha a mano y con trato cercano.
“Vendo los tejidos y dentro tenemos una habitación donde vienen unas modistas y se llevan el trabajo a su casa porque si están aquí tienen que estar aseguradas”, explica. Su día incluye encargos, pruebas y ese ir y venir de clientas que todavía apuestan por coser, cortar y ajustar: “Se sigue vendiendo bien porque se cose, se corta y se prueba. Se hace ropa a medida. Vienen las clientas a probarse en la tienda y yo no les cobro por dejarles venir”.
Helena insiste en que, más allá del trabajo, también pesa el ambiente. “No he tenido problemas con nadie en la tienda. Y eso ayuda”, afirma. Y añade una frase que repite porque se la dicen a menudo: “Las clientas me dicen muchas veces que no me vaya. Vienen a pedirme de todo. Lo que se vende es la tela y la confección que hacen las modistas. Muy vieja pero contenta y muy a gusto”.
Sobre el tiempo que llevan en la localidad, lo dice sin necesidad de mirar atrás demasiado: “En Burlada ya llevaremos 20 años y esa es nuestra vida”. Y, cuando le preguntan hasta cuándo seguirá, no promete nada: “Si me preguntan hasta cuando estaré les digo que yo que sé. Igual me caigo por la escalera y ya no puedo venir. Contenta de venir todos los días y las mujeres aún más”.
En Navidad, además, el escaparate se convierte en un pequeño ritual familiar. “Los hijos montan un belén en el escaparate en navidad”, cuenta Helena, orgullosa de esa tradición que también le da vida al negocio.
Su hijo Patxi Lezaun, uno de sus cuatro hijos —junto a Óscar, Alberto y Mariví—, pone palabras a lo que significa verla así, con 90 años y esa energía. Para él supone “mucho ánimo porque espero llegar yo también a los 90 años así de bien de salud, de cabeza y de todo, pese a alguna goterilla y con alguna pastilla. Toco madera”. Y remata con una idea que en la familia parece indiscutible: “La madre es el lazo de unión de toda la familia y ahora ya es bisabuela porque tiene dos bisnietos”.
En redes sociales, quienes pasan por Tejidos Helena también dejan claro que lo que engancha no es solo la calidad del tejido. “Le tengo que dar un 10. La atención es maravillosa y te da solución para todo. Tiene tejidos de todo tipo. Así que si alguien necesita comprar telas es muy buen sitio. Ya no quedan muchas tiendas de este tipo y con calidad”, escribe un cliente.
Otra reseña va todavía más al grano y se queda con lo humano: “La señora que lleva esta tienda es una auténtica maravilla. Me he sentido como si fuera uno más de su familia. Por muchos años más, que le vaya bonito en la vida. Guapa”.