El diminuto y curioso pueblo de Navarra que nació desde cero y resiste con solo 21 habitantes entre pinares

Una vista de la localidad navarra de San Isidro del Pinar en los años 80.

La localidad fue levantada dentro de los planes de colonización ligados al Canal de Bardenas y llegó a reunir a 120 vecinos.

En Navarra hay un pueblo tan pequeño que todos sus habitantes podrían viajar juntos en un autobús urbano. Su origen tampoco se parece al de la mayoría de localidades de la Comunidad foral. No ha crecido alrededor de un castillo ni de una iglesia medieval, sino que fue proyectado sobre planos y levantado prácticamente desde cero.

Hoy apenas 21 personas aparecen empadronadas en este núcleo rural. Son casi cien menos que en su momento de mayor población. A pesar del descenso demográfico, las casas continúan habitadas y el pueblo ha mantenido la huella de aquel proyecto agrícola que transformó una zona prácticamente despoblada.

Se trata de San Isidro del Pinar, una pequeña localidad perteneciente al municipio de Cáseda, situada a unos 13 kilómetros del casco urbano de esta villa navarra. El registro oficial la clasifica actualmente como una entidad singular de población.

Su historia ha comenzado mucho más tarde que la de los pueblos que lo rodean. Hasta mediados del siglo XX, el lugar apenas aparecía en los registros como una ermita o una casa aislada. El cambio llegó con los planes del Instituto Nacional de Colonización, que pretendían crear nuevas zonas agrícolas y asentar familias en terrenos convertidos en regadío.

El proyecto estuvo directamente relacionado con la construcción del embalse de Yesa y con el Canal de Bardenas. El agua permitió transformar antiguos secanos y poner en marcha explotaciones agrícolas en lugares donde hasta entonces resultaba muy difícil cultivar.

Dentro de aquel plan se diseñaron en Navarra Rada, Figarol, Gabarderal, San Isidro del Pinar y El Boyeral. Los cuatro primeros consiguieron consolidarse como localidades habitadas. El último llegó a tener varias viviendas construidas, pero nunca recibió población estable y terminó abandonado.

Las primeras familias llegaron a estos nuevos pueblos navarros entre 1961 y 1962. Encontraron viviendas recién levantadas, parcelas agrícolas y un entorno que todavía carecía de muchos servicios básicos. Los primeros años estuvieron marcados por las dificultades en el abastecimiento de agua, los cortes eléctricos y la ausencia de comercios o asistencia cercana.

El objetivo no consistía únicamente en construir casas. Cada familia seleccionada recibía una explotación agrícola y diferentes medios para trabajar la tierra. Las viviendas, los animales y las parcelas debían pagarse posteriormente mediante sistemas de amortización establecidos por el propio Instituto Nacional de Colonización.

San Isidro del Pinar alcanzó su mejor momento demográfico pocos años después. En 1970 llegó a tener 120 habitantes, la cifra más alta registrada en su historia. Sin embargo, el éxodo rural y la búsqueda de empleo en localidades más grandes comenzaron pronto a reducir la población.

En 1981 ya solo residían allí 65 personas. Esa cifra se mantuvo también en 1986, pero el descenso ha continuado durante las décadas siguientes. En 2019 quedaban 23 habitantes; en 2024 eran 22 y el último registro oficial disponible, fechado el 1 de enero de 2025, ha reducido el padrón hasta los 21 vecinos.

Pese a ese reducido número, el pueblo no ha desaparecido. San Isidro del Pinar conserva un trazado ordenado, propio de las localidades que fueron diseñadas de una sola vez. Sus viviendas y espacios comunes permiten todavía reconocer el modelo urbanístico con el que fue concebido hace más de seis décadas.

La localidad también ha mantenido sus celebraciones. El Ayuntamiento de Cáseda ha vuelto a organizar en 2026 las fiestas de San Isidro del Pinar y la tradicional romería a la ermita de San Zoilo. Estas jornadas permiten reunir a vecinos, familiares y personas vinculadas al pueblo, aunque ya no residan allí durante todo el año.

Administrativamente, San Isidro del Pinar también ha experimentado cambios. Durante años tuvo la consideración de concejo, pero esta entidad fue extinguida mediante un decreto foral aprobado en octubre de 2001. Desde entonces ha pasado a depender directamente del Ayuntamiento de Cáseda y tiene la consideración municipal de barrio, aunque el Gobierno de Navarra lo mantiene registrado como entidad singular de población.

Con solo 21 habitantes, San Isidro del Pinar se ha convertido en uno de los núcleos más pequeños de Navarra. Su historia recuerda una época en la que el agua, la agricultura y la planificación urbanística permitieron levantar pueblos enteros donde antes apenas había construcciones.

Más de sesenta años después de la llegada de sus primeras familias, aquel pueblo creado desde cero continúa habitado. Lo hace con una población mínima, rodeado de campos y pinares, pero conservando la memoria de quienes aceptaron empezar una nueva vida en un lugar que todavía no aparecía en los mapas como localidad.