El pequeño pueblo de Navarra de solo 28 habitantes que está fuera de la frontera por una deuda sin pagar
Petilla de Aragón es el único municipio de Navarra al que no se llega por Navarra. Para entrar en este pequeño pueblo hay que cruzar antes territorio aragonés. Esa rareza geográfica, que hoy llama la atención de cualquiera que mira un mapa, tiene detrás una historia medieval que ha sobrevivido ocho siglos y que convirtió a esta localidad en una especie de isla navarra en medio de la provincia de Zaragoza.
Hoy apenas viven allí 28 habitantes, según los últimos datos. Pero detrás de ese tamaño diminuto se esconde uno de los episodios más curiosos de la historia navarra. Todo comenzó en el siglo XIII, cuando el rey Pedro II de Aragón necesitó dinero para financiar sus campañas militares y recurrió a Sancho VII el Fuerte, rey de Navarra.
Aquel préstamo fue de 20.000 maravedíes de oro y quedó avalado con varios territorios fronterizos, entre ellos el castillo de Petilla de Aragón y sus tierras. El acuerdo daba un plazo de veinte años para devolver la cantidad. Sin embargo, Pedro II murió en la batalla de Muret en 1213 sin haber pagado la deuda, y su heredero, Jaime I el Conquistador, tampoco pudo asumirla.
Cuando se cumplió el plazo, Navarra ejecutó la garantía y se quedó con el castillo, la población y el paraje conocido como Los Bastanes. A partir de entonces, Petilla de Aragón pasó a formar parte del Reino de Navarra y así ha seguido hasta hoy. Lo que nació como una operación económica acabó dibujando una frontera insólita que todavía permanece intacta.
En realidad, el municipio no está formado por una sola pieza. Petilla de Aragón son dos enclaves navarros completamente rodeados por territorio aragonés: el núcleo principal y Los Bastanes, un segundo fragmento más pequeño. Entre ambos suman algo más de 27 kilómetros cuadrados y están integrados en la merindad de Sangüesa.
Esa situación ha condicionado durante siglos la vida del pueblo. El acceso más habitual pasa por Navardún o por Sos del Rey Católico, a unos diez kilómetros, y desde Pamplona hay unos 70 kilómetros. Durante mucho tiempo, los vecinos tuvieron incluso un privilegio especial: podían sacar de Navarra los bienes que necesitaran para abastecerse atravesando Aragón, aunque se tratara de productos cuya exportación estaba restringida. Además, la localidad recibió el título de villa el 2 de mayo de 1383 por concesión de Carlos II de Navarra.
La posesión de este territorio no fue pacífica. Los aragoneses intentaron recuperarlo en varias ocasiones y uno de los episodios más recordados llegó en 1312, cuando tropas aragonesas sitiaron la villa. Los vecinos, con pocos hombres y casi sin fuerzas, pidieron ayuda al rey Luis I de Navarra. El auxilio llegó con la caballería dirigida por Fortún Almoravid, alférez real, que consiguió romper el cerco.
De aquel pasado defensivo queda muy poco a la vista. El castillo que originó toda esta historia prácticamente ha desaparecido y hoy apenas se conservan algunos surcos tallados en la roca, a tres metros de altura, en la peña conocida como La Torreta, sobre el pueblo. Allí estuvo una fortaleza que llegó a tener una gran torre de tres plantas y una guarnición habitual de 30 hombres.
La singularidad de Petilla de Aragón también se refleja en su escudo. Aprobado el 14 de junio de 1952 por la Diputación Foral de Navarra, muestra las barras rojas y amarillas de Aragón y, en el centro, un pequeño escusón con el escudo navarro. Es una imagen muy clara de lo que representa el municipio: un territorio navarro dentro de Aragón. La propuesta de ese diseño partió del historiador y médico José Ramón Castro Álava, entonces director del Archivo Real y General de Navarra.
Pero si este pequeño rincón navarro tiene eco internacional no es solo por su mapa. En mayo de 1852 nació aquí Santiago Ramón y Cajal, una de las figuras más importantes de la ciencia española. Su padre ejercía como cirujano rural en la comarca y la familia se instaló temporalmente en el pueblo. Aquel niño que dio sus primeros pasos entre estas calles acabaría convirtiéndose en Premio Nobel de Medicina y en el gran referente de la neurociencia moderna.
La casa natal de Ramón y Cajal, situada en la calle Mayor, es hoy uno de los grandes atractivos del municipio. Funciona como museo y se reparte en dos plantas: una destinada a exposiciones temporales y conferencias, y otra con una muestra permanente sobre su figura y su obra. Ese legado llevó además a Petilla a hermanarse en 2018 con Luarca, localidad natal de Severo Ochoa, dentro de la red europea Villas de Nobel. En marzo de 2023, el municipio formalizó también su hermanamiento con Corteno Golgi, en la Lombardía italiana, y proclamó a Ramón y Cajal hijo predilecto de la localidad.
Pese a su reducido tamaño, Petilla de Aragón conserva varios lugares con interés para el visitante. La iglesia de San Millán es el edificio más destacado del conjunto histórico. Levantada en piedra y de estilo gótico del siglo XIII, conserva una portada románica de cinco arquivoltas, bóvedas nervadas, un crucifijo gótico del siglo XIV y un coro alto con barandilla de tracería flamígera.
En las cercanías del casco urbano se encuentra además la ermita de la Virgen de la Caridad, patrona de la localidad, cuya festividad se celebra el 8 de septiembre. En Bastanes, por su parte, la ermita de San Antonio acoge romerías cada 10 de mayo. El pueblo cuenta también con un hostal con restaurante instalado en el edificio de las antiguas escuelas, reconvertido en 2009, lo que permite alojarse y comer en el propio municipio.
La historia reciente de Petilla también ha sido una lucha constante contra el despoblamiento. En 1860 llegó a tener 662 habitantes, una cifra que hoy parece imposible. Menos de un siglo después, en 1952, la situación era ya muy delicada y la Diputación Foral de Navarra intervino para intentar salvar el pueblo. Se construyeron las escuelas, la casa consistorial y la carretera de acceso, y se restauró prácticamente todo el casco urbano.
A esa batalla por sobrevivir se sumó otro golpe en julio de 1994, cuando un incendio forestal arrasó parte de sus bosques y afectó a unas 1.500 hectáreas dentro de un total de 20.000 quemadas en la comarca. Aun así, Petilla de Aragón ha seguido en pie, aferrada a una identidad extraña y poderosa: la de ser navarra sin estar dentro de Navarra.
Quien se acerque hasta allí no solo encuentra un pueblo pequeño y silencioso. Encuentra también una rareza geográfica, una herencia medieval que cambió el mapa, un pasado de castillos y asedios y el primer escenario vital de Ramón y Cajal. Pocos lugares de Navarra concentran tanta historia en tan poco espacio.