Las catas del paseo de Sarasate destapan en Pamplona el rastro de un antiguo taller de cerámica medieval
El paseo de Sarasate ha dejado en Pamplona uno de los hallazgos más llamativos de las obras de reurbanización. Una de las catas abiertas para renovar las redes de pluviales y abastecimiento ha sacado a la luz un depósito de cerámica medieval datado entre los siglos XIII y XIV.
Los restos han aparecido en una zanja de unos 25 metros de longitud, paralela al frente de fachadas del paseo, y a una profundidad de entre 70 y 80 centímetros. En ese punto se ha localizado un estrato de entre 10 y 20 centímetros de grosor con numerosos fragmentos de piezas cerámicas.
Desde Tesela Arqueología, el estudio que se encarga de las catas preceptivas en las obras, han explicado que el hallazgo apunta a una especie de vertedero de un alfar medieval. En ese espacio se habrían ido acumulando las piezas que se rompían durante el proceso de fabricación y horneado.
Según ha publicado Diario de Navarra, la mayor parte de los restos encontrados son fragmentos de jarras y también ha aparecido algún candil. Los arqueólogos han destacado que el análisis de estas piezas permitirá conocer qué tipo de cerámicas se elaboraban en ese taller e incluso comprobar si otras halladas en Pamplona procedían del mismo lugar.
Ese alfar pudo estar situado fuera de la muralla medieval, en una zona próxima a la iglesia fortificada de San Nicolás, cerca de la actual heladería Nalia. Por la posición de los restos, los especialistas creen que al menos ese vertedero o almacén de piezas rotas se encontraba extramuros.
El descubrimiento es, hasta ahora, el más relevante de cuantos han aparecido en las obras del paseo de Sarasate. Además, aporta una nueva pista sobre la actividad artesanal en una Pamplona medieval que todavía estaba dividida en varios núcleos de población.
A comienzos del pasado mes de marzo, otra cata realizada junto al antiguo Banco de España, en el número 1 del paseo, ya dejó al descubierto un suelo empedrado. Los primeros sondeos lo sitúan en el siglo XVIII, al menos cinco siglos después de la actividad alfarera a la que apuntan los restos ahora localizados.
En los siglos XIII y XIV, Pamplona se dividía entre la Navarrería, el burgo de San Cernin y la población de San Nicolás. Esta última fue la más tardía en incorporarse a la ciudad y estaba formada por una mezcla de habitantes francos y navarros.
Tanto San Cernin como San Nicolás concentraban una mayoría de comerciantes y artesanos, por lo que los restos hallados en Sarasate encajan con esa actividad. Por fechas, todo apunta a que pudieron pertenecer al taller de algún vecino de la población de San Nicolás.
Aquellos tres núcleos vivían separados por sus murallas y protagonizaron constantes enfrentamientos. El episodio más grave llegó en 1276, con la llamada Guerra de la Navarrería, cuando San Nicolás y San Cernin se unieron y arrasaron la población autóctona, además del pequeño burgo de San Miguel.
Esa contienda quedó reflejada en el poema épico de Guilhem Anelier, del siglo XIII, donde se cita a un tal Juan Petri Mossa, vecino de una casa situada frente a la iglesia de San Nicolás. Esa referencia histórica abre incluso la posibilidad de que se tratara de un artesano vinculado a la alfarería.
La localización del vertedero vuelve a poner sobre la mesa otra incógnita histórica: el trazado exacto de la muralla de San Nicolás. Aunque se cree que discurría por el actual frente de fachadas del paseo, nunca se han encontrado restos claros de su estructura medieval original.
Sí aparecieron, en cambio, restos de una muralla del siglo XVI en las catas realizadas en 2021 por Gabinete Trama. Aquellos vestigios correspondían ya a una etapa posterior, con Navarra incorporada a Castilla y décadas después del Privilegio de la Unión de 1423, el documento que unificó los tres núcleos de población.