La advertencia de los profesionales de UCI en Navarra: "El consejero no puede despreciar a los médicos"
Los médicos de Medicina Intensiva del Hospital Universitario de Navarra, el Hospital Reina Sofía de Tudela y el Hospital García Orcoyen de Estella han alzado la voz ante una situación que consideran límite. Un total de 46 intensivistas han firmado un escrito en el que han advertido de que el sistema sanitario navarro soporta una sobrecarga crónica que afecta a los profesionales y puede comprometer la seguridad de los pacientes críticos.
La denuncia ha puesto el foco en las Unidades de Cuidados Intensivos, uno de los servicios con mayor exigencia clínica, emocional y organizativa. Según han trasladado estos especialistas, la falta de personal, las guardias continuadas y la pérdida de descansos legales han generado un desgaste que amenaza la sostenibilidad del servicio.
Concha Goñi, delegada de Atención Hospitalaria del Sindicato Médico de Navarra, resume la situación a Navarra.com sin rodeos: «el problema de los intensivistas es básicamente el mismo que el del resto de médicos: tenemos unas condiciones laborales claramente peores que en otras comunidades autónomas. Esto está provocando que muchos profesionales se marchen a trabajar a otros sitios, lo que genera menos personal y, como consecuencia, una mayor sobrecarga para los que se quedan».
Esta fuga de talento médico no es nueva, pero el colectivo sanitario sostiene que se ha agravado bajo la gestión del consejero Fernando Domínguez y la presidenta María Chivite. En lugar de ofrecer condiciones competitivas para retener y atraer especialistas, el Gobierno foral ha permitido, según esta denuncia, que Navarra se convierta en un destino poco atractivo para los médicos, especialmente en áreas de alta presión como Medicina Intensiva.
La sobrecarga se ha hecho especialmente visible en las guardias médicas. Goñi lo explica con crudeza: «esta sobrecarga afecta especialmente a las guardias médicas, que son de atención 24 horas al día, incluidas las madrugadas. En el caso de los intensivistas, esta presión es aún mayor. Además, el problema se agrava porque cada vez hay más médicos mayores de 55 años. Para los jóvenes las guardias ya son duras, pero para los mayores resultan especialmente penosas. Al final, los médicos no pueden llevar una vida normal».
Los 46 intensivistas firmantes coinciden en que la atención al paciente crítico exige una dedicación profesional y humana muy elevada. Se trata de un entorno de gran complejidad clínica, con decisiones delicadas, una carga emocional extrema y una necesidad constante de concentración.
Sin embargo, los profesionales han denunciado que se ven obligados a asumir jornadas complementarias por encima de los límites razonables. También han señalado que deben cubrir ausencias constantes y renunciar a descansos legales, con un desgaste progresivo que afecta al servicio.
Todo esto repercute directamente en los pacientes. Como señala Goñi: «todo esto repercute también en los pacientes, que no solo necesitan que se les asista, sino que se les dedique tiempo para estudiar cada caso y atenderlos adecuadamente. Necesitamos más tiempo para estar con ellos, y eso hay que mejorarlo de forma importante».
Los profesionales han insistido en que no reclaman soluciones provisionales ni parches organizativos. Lo que piden es una sanidad pública sólida, bien planificada y dimensionada a las necesidades reales de la población, con condiciones laborales dignas que garanticen una atención segura, humana y de calidad.
Derivaciones a la concertada y respuestas “ilegales”
En lugar de abordar el problema de fondo con mejores condiciones, más contratación y planificación, el consejero Fernando Domínguez ha optado por derivar servicios a la concertada cuando los médicos no cubren las peonadas en situación de conflicto. El Sindicato Médico de Navarra ha denunciado esta medida ante la Inspección de Trabajo por considerarla ilegal.
Goñi es tajante: «por otro lado, el hecho de que los médicos no estemos cubriendo las peonadas ha llevado al consejero a derivar el servicio a la concertada. Esto es ilegal, especialmente en una situación de huelga, y por eso hemos presentado denuncia ante la Inspección de Trabajo».
Esta respuesta ha sido interpretada por el colectivo como una gestión reactiva y confrontadora. En vez de sentarse a negociar condiciones dignas, los médicos sostienen que se les acusa de “enfrentar” a pacientes y profesionales, mientras se mantiene la confianza en el consejero pese a las críticas de la oposición, con UPN y PP, y del propio colectivo sanitario.
Una gestión que ignora la realidad
La presidenta María Chivite ha reconocido problemas y ha hablado de “diálogo en marcha”. Sin embargo, los profesionales consideran que los hechos reflejan una inacción estructural ante un deterioro que afecta a varias áreas del sistema sanitario navarro.
Las listas de espera, el colapso en urgencias, la falta de personal en servicios críticos y la fuga de médicos no son hechos aislados para el colectivo. Son, según esta denuncia, síntomas de una gestión que prioriza el relato y las soluciones a corto plazo frente a una planificación seria.
Goñi cierra con una exigencia directa: «el consejero no puede despreciar a los médicos. Todos los profesionales sanitarios son importantes, pero es urgente que se siente a hablar con nosotros. Esa es su responsabilidad y también la de la presidenta Chivite».
Navarra cuenta con uno de los sistemas sanitarios históricamente mejor valorados de España. Permitir su deterioro progresivo, con profesionales quemados, pacientes en riesgo y derivaciones controvertidas, no es una fatalidad: es el resultado de una gestión que ha fallado en lo esencial, cuidar a quienes cuidan.
Los intensivistas navarros han sido claros: sin profesionales atendidos y valorados, no hay atención segura posible. Ignorar esta advertencia no solo es irresponsable; es peligroso para la salud de todos los navarros.