El PSN intenta blanquear su traición a Pamplona presumiendo de su pacto con los proetarras de Bildu
El Partido Socialista de Navarra (PSN) presume abiertamente de su alianza estratégica con EH Bildu tras haber regalado la Alcaldía al abertzale Joseba Asiron mediante una vergonzosa moción de censura. En el arranque del último curso de la legislatura, la formación capitaneada en el Ayuntamiento por Marina Curiel no solo no muestra arrepentimiento por haber traicionado a sus votantes, sino que se atreve a sacar pecho de la infamia.
Olvidando sus solemnes compromisos que como candidata a la alcaldía pronunció la hoy premiada con un ministerio por Pedro Sänchez, Elma Saiz, de no entregar jamás las instituciones a los herederos de Batasuna —un peaje que María Chivite, por mediación de Santos Cerdán, pagó gustosamente para mantenerse en el Palacio de Navarra—, el PSN pretende ahora dar lecciones de ética. Su gran prioridad para los próximos meses es promover un supuesto Plan de Convivencia redactado codo a codo con quienes siguen negándose a condenar los crímenes de ETA, en una maniobra de blanqueamiento que indigna a las víctimas del terrorismo.
Muleta sumisa de la agenda abertzale
Convertidos en la muleta más fiel del independentismo radical, los socialistas pamploneses justifican su servilismo asegurando haber sido una "fuerza decisiva" para la ciudad. Sin embargo, la realidad que sufren los pamploneses es la de un partido entregado sin reservas a la agenda de Bildu, facilitando el avance de su proyecto sectario y participando activamente en el reparto de sillones e iniciativas impuestas desde el radicalismo.
Lejos de asumir su responsabilidad por fracturar la convivencia social en la capital navarra, el PSN encara el tramo final del mandato atrincherado a la vera del equipo de gobierno de Asiron, consumando una de las mayores traiciones políticas de la historia reciente de Pamplona.