La nueva vida en Pamplona de Diego, el abogado que lleva casi 25 años en la Tómbola de San Fermín: "Me siento realizado"
Diego Banderas Mansilla tiene 64 años y lleva más de dos décadas vinculado a Pamplona, una ciudad en la que ha encontrado una nueva vida junto a su familia. Este colombiano, que se define con humor como un hombre “jovencito”, ha trabajado durante cerca de 25 años en el almacén de la Tómbola de las fiestas de San Fermín, una de las citas más populares y solidarias del año en la capital navarra.
Diego llegó a Navarra después de una decisión familiar muy pensada. En Colombia era abogado y realizaba asesorías civiles y jurídicas, pero la situación de inseguridad que atravesaba el país, marcada por la violencia y los grupos paramilitares, llevó a la familia a poner “tierra de por medio”. Primero viajó a España su esposa, Sirley Paulina Torijano, embarazada de su cuarta hija, y después lo hizo él.
Aunque reconoce que echa de menos su tierra, Diego asegura que en Pamplona ha recibido una acogida muy buena. En especial, destaca el papel de Cáritas, entidad que les ayudó desde su llegada con la documentación, los trámites, la búsqueda de trabajo y un piso de alquiler en los primeros años. Esa ayuda inicial ha marcado profundamente su relación con la organización.
La vida de Diego en Navarra ha girado en torno al trabajo, la familia y el futuro de sus hijas. Junto a su esposa ha formado una familia con cuatro hijas: Claudia Vanesa, Lady Juliana, Maira Alejandra y Dayana, la más pequeña, que nació ya en Pamplona. También habla con orgullo de su nieto, Josué Javier.
Sus hijas, de 31, 29, 27 y 25 años, han sacado adelante sus estudios y sus carreras, algo que Diego valora como uno de los grandes logros de esta etapa en España. Para él, la llegada a Navarra ha supuesto un nuevo comienzo, con esfuerzo, sacrificio y muchas horas de trabajo, pero también con oportunidades para toda la familia.
Durante estos años, Diego ha desarrollado una relación muy estrecha con Cáritas. Trabaja como fijo discontinuo en la Tómbola de San Fermín y el resto del año lo compagina con empleos en otras empresas. Aun así, reconoce que su vínculo con la entidad va mucho más allá de lo laboral.
“Me siento realizado trabajando y también como persona en lo espiritual”, explica Diego. Para él, Cáritas “llega y llena”, porque no solo ofrece apoyo material, sino también un acompañamiento humano que ha sentido desde el primer momento. Por eso habla de la entidad con gratitud y con un fuerte componente emocional.
Ahora se encuentra en una etapa de jubilación activa o flexible, pero reconoce que ha aparcado un poco esa posibilidad para seguir trabajando en la Tómbola. “No me veo fuera de aquí haciendo nada”, afirma. A sus 64 años, asegura que todavía tiene fuerza, experiencia y ganas de seguir aportando.
Su labor se desarrolla en el almacén de la Tómbola, una parte fundamental aunque menos visible para el público. Diego y sus compañeros se encargan de traer los premios desde Beriáin los lunes, miércoles y viernes, organizarlos, reponerlos y limpiar todo para que el espacio esté preparado como merecen los visitantes.
Ese trabajo permite que la Tómbola funcione durante los Sanfermines con la agilidad y el atractivo que esperan miles de personas. Cada premio que llega al público ha pasado antes por un proceso de transporte, clasificación y preparación en el que Diego participa de forma directa desde hace casi 25 años.
Diego anima a vecinos y visitantes a acercarse a la Tómbola de San Fermín. Asegura que este año han aumentado los premios y que hay regalos “de todos los estilos”. Para él, uno de los mejores momentos del trabajo es ver cómo la gente se marcha contenta después de participar.
La historia de Diego Banderas Mansilla es la de un abogado colombiano que dejó su país por seguridad, encontró apoyo en Cáritas y construyó en Pamplona una nueva vida familiar y laboral. Hoy sigue en el almacén de la Tómbola con la misma ilusión, convencido de que este trabajo le ha dado mucho más que un empleo.