Disfrazados de momia y de autobús en San Fermín: la excepción más divertida al uniforme blanco y rojo
En las fiestas de San Fermín 2026 casi todo el mundo viste igual: camiseta blanca, pantalón blanco, pañuelo rojo al cuello y faja roja a la cintura. Es la imagen más reconocible de Pamplona en julio y una norma no escrita que se cumple de forma masiva en la calle durante las fiestas.
Por eso han llamado tanto la atención algunos mozos disfrazados de momia y de autobús en la plaza de toros. En medio de la marea blanca y roja, estas escenas se han convertido en una de esas bromas visuales que solo se entienden dentro del ambiente de las peñas y de la grada de sol.
Los disfraces no son lo habitual en San Fermín. Al contrario. La fiesta tiene su propio uniforme y salirse de él suele desentonar, salvo en espacios muy concretos. La plaza de toros de Pamplona, especialmente durante las tardes de feria, es uno de esos lugares donde las peñas convierten la merienda, la música y la sátira en parte del espectáculo.
Ahí sí caben una momia, un autobús o cualquier ocurrencia colectiva. Son parodias puntuales, pensadas para provocar risas entre las cuadrillas y sorprender al resto del público. Fuera de ese contexto, la ciudad mantiene casi siempre la misma estética: blanco, rojo y pañuelo sanferminero.
El atuendo clásico se ha convertido en una de las señas de identidad más fuertes de la fiesta. El pañuelo rojo, además, tiene su propio ritual. Se lleva preparado desde antes del inicio, pero se anuda al cuello después del Chupinazo del 6 de julio, cuando Pamplona estalla oficialmente en fiestas.
Esa uniformidad es parte del encanto de San Fermín. Vecinos, visitantes, corredores, familias y cuadrillas comparten una imagen común que llena las calles del Casco Antiguo, la Plaza del Castillo, la Estafeta o el entorno de la plaza de toros.
El contraste llega cuando se mira al calendario local. Porque, aunque en julio los disfraces sean una excepción, en Pamplona hay otra fecha en la que ocurre justo lo contrario. La gran noche de los disfraces no es San Fermín, sino el 31 de diciembre.
En Nochevieja, Pamplona vive una especie de carnaval de invierno. Miles de personas salen al Casco Viejo con disfraces colectivos, ideas elaboradas y montajes que muchas cuadrillas preparan con semanas de antelación para despedir el año.
Ese día se ven dinosaurios, grupos temáticos, coreografías, personajes gigantes, imitaciones de autobuses y todo tipo de recreaciones humorísticas. En fin de año, lo raro no es ir disfrazado, sino aparecer vestido de calle.
Por eso, los mozos disfrazados de momia y autobús en San Fermín funcionan como una rareza divertida. No cambian la norma de la fiesta, pero sí recuerdan que Pamplona también tiene un punto de humor propio que aparece en los momentos más inesperados.
En julio manda el blanco y rojo. En diciembre, la imaginación. Y entre ambos extremos, Pamplona demuestra que tiene dos formas muy distintas de celebrar: una marcada por la tradición sanferminera y otra por el ingenio colectivo de la Nochevieja.