Julen Madina, el corredor del encierro de San Fermín que esquivó la muerte ante los toros y la encontró en el mar
El corredor guipuzcoano fue uno de los rostros más reconocibles de los encierros de San Fermín durante más de cuatro décadas.
Hay nombres que forman parte de la memoria del encierro de San Fermín. Nombres que no solo recuerdan los aficionados más veteranos, sino también quienes han visto alguna vez las imágenes de aquellos corredores capaces de mantener la calma a pocos centímetros de los toros. Uno de ellos fue Julen Madina Aierbe, un corredor que convirtió las mañanas de Pamplona en una forma de vida.
Durante más de cuatro décadas, Julen Madina fue una de las figuras más reconocibles de los encierros de San Fermín. Su manera de correr, su presencia en la calle y su forma de entender el riesgo lo convirtieron en un icono de los sanfermines.
Julen Madina, una leyenda del encierro de San Fermín
Julen Madina Aierbe nació en Hernani, Guipúzcoa, en 1955, y falleció en San Sebastián el 30 de agosto de 2016. Para muchos corredores y aficionados, su nombre sigue unido a las mañanas de julio en Pamplona, cuando los toros recorren las calles en uno de los momentos más intensos de las fiestas de San Fermín.
Comenzó a correr en Pamplona en 1971. Pronto se hizo habitual en la Cuesta de Santo Domingo y en el tramo del Ayuntamiento, dos puntos clave del encierro de San Fermín. Allí se ganó el respeto de quienes compartían carrera con él y también la atención de las cámaras.
Era fácil reconocerlo. Calvo, con bigote, fuerte y con una presencia poderosa, formó parte del grupo conocido en el ambiente taurino como “los divinos”. Eran corredores habituales, con gran técnica, admirados por su forma de situarse delante de los toros y también observados por el protagonismo que llegaron a tener.
La codera azul de Julen Madina en Pamplona
La imagen de Julen Madina quedó asociada para siempre a una estética muy concreta. Vestía siempre de blanco impecable y llevaba una característica codera azul, un detalle que permitía identificarlo al instante entre la multitud del encierro.
En una carrera tan rápida como la de San Fermín, donde todo sucede en apenas unos minutos, ese pequeño detalle se convirtió en una señal reconocible. Para muchos aficionados de Pamplona, la codera azul era casi una firma personal.
Madina cuidaba mucho esa forma de presentarse ante el toro. También defendía una idea muy clara del encierro de San Fermín. Rechazó llevar publicidad en su ropa, aunque recibió ofertas importantes para lucir marcas comerciales delante de las cámaras. Para él, correr en los sanfermines no era un escaparate.
Preparación física para correr delante de los toros
Fuera de los encierros, Julen Madina era profesor de Educación Física. También fue un experto instructor de artes marciales, especialmente de judo y jiu-jitsu. Esa preparación física fue una parte importante de su forma de correr.
Sus reflejos, su agilidad y su capacidad para reaccionar en situaciones límite no eran casualidad. En el encierro de San Fermín, donde un tropiezo, un montón de corredores o un giro inesperado del toro pueden cambiarlo todo, esa preparación marcaba diferencias.
Durante años, Madina mostró una enorme capacidad para moverse en situaciones de peligro. Sabía leer la carrera, medir los tiempos y colocarse delante de los toros con una seguridad que impresionaba a quienes seguían cada mañana las fiestas de Pamplona.
La retirada de Julen Madina de los Sanfermines
Después de más de cuarenta años corriendo en Pamplona, Julen Madina anunció su retirada oficial de los encierros de San Fermín en 2011. La decisión estuvo motivada, sobre todo, por la petición de su hija Aisha.
Esa retirada no significó el final de su vínculo con el mundo del toro. Madina mantuvo su afición y participó de forma esporádica en otros encierros, como los de Tudela, Tafalla y San Sebastián de los Reyes, en Madrid. También allí era un corredor profundamente respetado.
Pero su gran escenario fue siempre Pamplona. Allí construyó una trayectoria que quedó grabada en la memoria de varias generaciones de aficionados al encierro de San Fermín.
La cogida de Trigueño en el encierro de San Fermín
El momento más dramático de su vida como corredor llegó el 12 de julio de 2004, con los toros de Jandilla. Aquel día, Julen Madina protagonizó una de las cogidas más angustiosas de la historia reciente de los sanfermines.
Todo ocurrió al entrar en el estrecho callejón de la plaza de toros de Pamplona. Madina se encontró con un montón de corredores caídos a la izquierda. Intentó buscar salida por la derecha, pero allí también había otro montón. Se quedó sin escapatoria.
En ese instante, un toro de 540 kilos llamado Trigueño se fijó en él. Lo que vino después fueron 22 segundos de auténtico terror.
22 segundos que marcaron la historia de San Fermín
El toro tuvo a Julen Madina atrapado y le asestó cinco cornadas. Las heridas afectaron al glúteo, el muslo, la muñeca y otras zonas. A pesar de la violencia de la cogida, Madina permaneció consciente en todo momento.
Después contó que uno de sus mayores miedos fue que el toro lo enganchara por el cinturón y lo arrastrara hasta el ruedo. También temió que una cornada le seccionara la arteria femoral.
Sobrevivió a aquella cogida de forma casi milagrosa. Y lo hizo manteniendo una frase que resume muy bien su relación con los toros y con el encierro de San Fermín: dijo que había estado “a merced del rey de la fiesta”.
El pañuelo rojo de Julen Madina
Aquel 12 de julio de 2004 dejó imágenes muy duras y también símbolos que han permanecido en el tiempo. Uno de ellos fue el pañuelo rojo que Julen Madina llevaba anudado al cuello durante la cogida de Trigueño.
Ese pañuelo permaneció guardado durante casi dos décadas. Su familia lo recuperó en 2023, convertido ya en un objeto cargado de memoria. Para quienes recuerdan aquella mañana de San Fermín, representa la fortaleza de un corredor que estuvo al límite y consiguió sobrevivir.
Del encierro de Pamplona al accidente en el mar
La vida de Julen Madina tuvo una paradoja triste. Después de haber esquivado la muerte durante décadas delante de los toros en Pamplona, su final llegó lejos del recorrido del encierro.
El 25 de agosto de 2016, mientras se bañaba en la playa de La Zurriola, en San Sebastián, fue golpeado con gran violencia por una ola que lo lanzó contra las rocas. Los servicios de emergencia lograron rescatarlo del agua en parada cardiorrespiratoria.
Fue trasladado en estado crítico al Hospital Donostia, donde permaneció cinco días en coma. Finalmente, Julen Madina falleció el 30 de agosto de 2016, a los 61 años.
La despedida a un icono de los sanfermines
La noticia de su muerte causó una profunda conmoción en Pamplona y en el mundo taurino. Su funeral reunió a familiares, amigos, ganaderos, pastores y cientos de corredores que quisieron despedir a una figura clave de los encierros de San Fermín.
Durante aquella despedida, sus allegados resumieron su relación con la fiesta con una frase muy sencilla y muy poderosa: “No le gustaban los encierros, los amaba profundamente”.
Esa idea explica buena parte de su legado. Julen Madina no fue solo un corredor famoso. Fue alguien que vivió el encierro de San Fermín con una mezcla de pasión, respeto y entrega que todavía hoy sigue siendo recordada.
El libro “Julen” y el legado de un corredor único
Su memoria volvió a cobrar fuerza en 2024, coincidiendo con el vigésimo aniversario de la cogida de Trigueño. Ese año, su amigo íntimo y exsocio Emmanuel de Marichalar publicó el libro “Julen”, una obra de 358 páginas dedicada a conservar su historia.
El libro tiene un valor especial. Las primeras 130 páginas fueron escritas de puño y letra por el propio Julen Madina antes de morir. En ellas repasó su vida y su visión del encierro hasta los años 90.
Ese testimonio permite entender qué significaba para él jugarse la vida cada mañana de julio en las calles de Pamplona. También ayuda a comprender por qué su figura continúa tan presente entre quienes aman las fiestas de San Fermín.