Los secretos de la Plaza de Toros de Pamplona, el lugar donde San Fermín se vive entre toros, merienda y cuadrilla
La Plaza de Toros de Pamplona ha vuelto a convertirse en uno de los grandes puntos de encuentro de los Sanfermines, tanto por el final de los encierros como por las tardes de feria en las que miles de personas se reúnen para ver toros y compartir la merienda con sus cuadrillas.
El coso pamplonés es conocido en todo el mundo por ser el destino final de la carrera que cada mañana recorre Santo Domingo, Mercaderes, Estafeta y Telefónica. Pero la Plaza de Toros de Pamplona también tiene una dimensión social muy marcada para los vecinos de Pamplona, que la viven como un espacio de convivencia durante las fiestas.
Mariano Pascal, responsable de Comunicación de la Casa de Misericordia, entidad propietaria de la plaza, ha reconocido que los espectadores acuden por “un conjunto de cosas”, no solo por el espectáculo taurino.
“La plaza de toros como tal es un elemento socializador enorme. Estamos todos, unos pegados al otro, y pocas veces hay alguien que no se quede sin merendar, aunque desconociera por completo a quienes tiene alrededor”, ha explicado Pascal a EFE.
En su opinión, se trata de uno de los pocos espacios de San Fermín al que una persona puede acudir sola y terminar conociendo a quienes tiene a su alrededor. “Todo esto, lógicamente, viendo toros, viendo una tarde de toros y pasándolo bien”, ha añadido.
La historia taurina de Pamplona comenzó con una primera plaza construida en 1844. Aquel recinto fue demolido en 1849 por problemas estructurales y, pocos años después, se levantó una nueva plaza, inaugurada durante los Sanfermines de 1852.
El edificio actual nació de un impulso compartido entre el Ayuntamiento de Pamplona y la Casa de Misericordia. Ambas instituciones promovieron en 1920 el recinto que todavía hoy se alza en el Segundo Ensanche de la ciudad.
El proyecto fue diseñado por el arquitecto donostiarra Francisco Urcola, autor también del Teatro Victoria Eugenia de San Sebastián. La plaza, construida en hormigón armado, fue inaugurada el 7 de julio de 1922, en plenos Sanfermines.
Décadas después, en 1966, el arquitecto Rafael Moneo y el ingeniero Carlos Fernández Casado se encargaron de su remodelación. Aquella intervención permitió adaptar el recinto y consolidar una plaza que hoy cuenta con capacidad para unos 19.700 espectadores.
Ese aforo convierte a la Plaza de Toros de Pamplona en una de las plazas con mayor capacidad del mundo. Además de ser el final del encierro, acoge cada julio una de las ferias taurinas más relevantes del calendario.
La Feria del Toro de este año ha incluido nombres de primer nivel como Andrés Roca Rey, Morante de la Puebla o Alejandro Talavante. Para la Casa de Misericordia, los carteles han llegado con buenas expectativas.
“La Comisión Taurina estaba muy contenta por cómo habían resultado todas las negociaciones. Están todos los que llaman la atención, y hay también un rejuvenecimiento en los carteles”, ha expuesto Pascal.
El responsable de Comunicación ha valorado que la feria ha reunido tanto a figuras consolidadas como a nuevas promesas del escalafón. “Son muy redondos los carteles”, ha señalado sobre la composición de la feria pamplonesa.
Las expectativas, según ha explicado, “son muy buenas”. Pascal ha recordado que la fiesta taurina atraviesa “un momento muy alto” y que plazas como Sevilla o Madrid han registrado numerosos llenos en sus últimas ferias.
En ese contexto, la Casa de Misericordia ha mirado a Pamplona con optimismo. “Las expectativas son muy altas para Pamplona”, ha afirmado Pascal sobre una feria que mantiene su tirón entre aficionados y visitantes.
Morante de la Puebla y Roca Rey son dos de los nombres que más expectación han generado. Pascal ha reconocido que ambos “producen un efecto llamada” y que hoy son dos figuras capaces de atraer al público.
“Hoy en día tanto Roca Rey como Morante son las personas que se llevan el corazón de Pamplona, aparte de otros tantos”, ha comentado el responsable de Comunicación de la Casa de Misericordia.
Antes que ellos, otros toreros han dejado una profunda huella en la historia de la plaza. Entre los matadores que marcaron distintas etapas del coso pamplonés figuran Antonio Ordóñez, Francisco Ruiz Miguel y Juan José Padilla.
Uno de los cambios que más ha llamado la atención a la organización ha sido el interés de los jóvenes por la feria. Pascal ha indicado que las personas menores de 25 años se han incorporado con fuerza a los abonos y a las tardes de toros.
“Entre la gente joven hay un repunte muy claro y demostrable. De hecho, tenemos mil y pico abonados más que antes de la pandemia”, ha comentado.
Ese crecimiento se aprecia especialmente en las andanadas de sol, ocupadas en buena parte por jóvenes. Para la Casa de Misericordia, este movimiento ha mostrado una renovación del público taurino en los Sanfermines.
La actividad de la plaza no se limita a la Feria del Toro. Fuera de julio, el recinto también acoge un mercadillo navideño y durante el año se organizan visitas guiadas para conocer mejor uno de los edificios más reconocibles de Pamplona.
La Plaza de Toros de Pamplona mantiene así una doble condición: escenario taurino de referencia internacional y espacio de encuentro para una ciudad que durante los Sanfermines convierte cada tarde en una mezcla de tradición, espectáculo y convivencia.