SAN FERMÍN

El toro que se “sube” a la ‘escalera’ de San Fermín para correr el encierro de Pamplona

Toro de la ganadería La Palmosilla, de nombre Mirloblanco, que correrá el encierro de San Fermín 2026. INSTAGRAM.
La cita de 2026 tendrá un significado especial. Será la sexta participación consecutiva de la ganadería La Palmosilla en la capital navarra.

La ganadería La Palmosilla de Tarifa (Cádiz) ha dado un nuevo paso en la simbólica ‘escalera’ de San Fermín y ha anunciado el nombre del segundo toro reseñado para los encierros de Pamplona de 2026. Lo ha hecho este 2 de febrero, una fecha marcada en el calendario taurino por coincidir con el segundo peldaño de esta tradición no oficial.

Tras presentar el pasado 1 de enero al toro Cantarillo, la ganadería de Javier Núñez ha utilizado de nuevo las redes sociales para desvelar al siguiente protagonista. Se trata del toro 86 Mirloblanco, cinqueño, hijo del semental 108 Campiñero, ya reseñado para la Feria del Toro de Pamplona 2026. “Ya falta menos”, han señalado desde la ganadería.

Mientras tanto, la maquinaria oficial de la feria ya se había puesto en marcha semanas atrás. La Casa de Misericordia de Pamplona hizo público el 26 de noviembre el listado de ganaderías que correrán los encierros y se lidiarán por la tarde durante los Sanfermines de 2026. En ese anuncio se confirmó que serán las mismas ganaderías que participaron en 2025, entre ellas La Palmosilla.

Para el hierro de Tarifa, la cita de 2026 tendrá un significado especial. Será su sexta participación consecutiva en Pamplona, una presencia continuada que consolida su vínculo con la plaza navarra. Y no llega precisamente de puntillas. Sus toros protagonizaron el séptimo y penúltimo encierro de San Fermín 2025, una carrera que dejó una fuerte impresión por la tensión vivida en el recorrido.

Aquel encierro se corrió el domingo 13 de julio de 2025 y concluyó con un balance muy serio: cuatro heridos por asta de toro, dos de ellos de gravedad. La carrera duró 2 minutos y 24 segundos, con un inicio vertiginoso en el que un toro tomó el mando desde el primer tramo y estiró la manada.

El momento más delicado se vivió en la cuesta de Santo Domingo, donde el primer toro golpeó a un mozo, lo levantó y lo lanzó contra el suelo, una escena que dejó imágenes de pánico en plena subida. La tensión no se diluyó después. El encierro se fue rompiendo por momentos y obligó a los corredores a medir cada paso.

Ya en el tramo del Ayuntamiento, el protagonismo recayó en tres toros de la manada. En la curva de Mercaderes, uno de ellos enganchó la camiseta de un mozo y provocó que fuera aplastado, en una de esas acciones que en Pamplona se viven en apenas unos segundos y se recuerdan durante días.

Detrás de La Palmosilla está Javier Núñez Álvarez, un nombre muy ligado a Pamplona más allá del calendario taurino. Estudió Derecho en la ciudad entre 1992 y 1997 y mantiene allí una cuadrilla de amigos que, según cuenta, siguen acompañándole cada verano.

“Fueron unos buenos años. Conozco mucho a los navarros. Tengo mi cuadrilla de amigos, los conservo y vienen a la corrida. Pamplona me ha dado mis mejores amigos y esta ciudad ha sido un regalo para mí”, ha explicado en más de una ocasión.

El ganadero madrileño es además uno de los pocos —quizá el único— que ha visto varias corridas desde el tendido acompañado por la peña Oberena, con la que mantiene una estrecha relación desde que visitaron su finca en Tarifa para conocer de cerca sus toros.

Cuando habla de Pamplona, lo hace siempre en clave de compromiso a largo plazo. Consciente del peso que tiene la plaza navarra en el prestigio de cualquier hierro, lo resume con una frase clara: “Nuestro prestigio está muy ligado a esta plaza y queremos estar muchos años”.