"Es un cura homófobo y racista": los vecinos de Huarte estallan contra el párroco Javier Aizpún
El arzobispo ha pedido al sacerdote que no atienda a los medios, mientras varias personas del municipio critican sus declaraciones y su trayectoria al frente de la iglesia.
La puerta de la iglesia de San Juan Evangelista de Huarte permanecía abierta este jueves por la mañana. Dentro, una treintena de personas, casi todas ellas mayores, atendían a una misa ofrecida por otro sacerdote. En el exterior, varias personas descansaban y conversaban en los bancos. Otras hacían la compra en el mercadillo instalado en la plaza. Dentro y fuera del templo se ha impuesto el silencio sobre la polémica que ha situado a su párroco, Javier Aizpún Bobadilla, en el centro de la actualidad nacional.
El sacerdote no ha querido realizar declaraciones tras ponerse en boca de todos por las afirmaciones publicadas en su cuenta de X sobre la entrada masiva de inmigrantes a Ceuta.
Aizpún publicó varios mensajes sobre la llegada de migrantes a Ceuta en los que defendió medidas como “bombardear Rabat si es necesario”, pidió abrir “fuego masivo” contra quienes calificó como “invasores” y rezó por una nueva “reconquista” de Marruecos y su conversión al cristianismo.
Fuentes consultadas por este periódico del Arzobispado de Pamplona y Tudela han explicado que el arzobispo, Florencio Roselló, le ha pedido que no atienda a ningún medio de comunicación. El propio párroco también ha transmitido que no tenía ganas de hablar sobre lo sucedido.
El silencio del sacerdote ha contrastado con las conversaciones de los vecinos. A media mañana de este jueves, varios corrillos de vecinos comentaban la situación con rostros serios que mostraban su reprobación. Todas las personas consultadas han accedido a explicar su opinión únicamente bajo la premisa de mantener el anonimato por miedo a las habladurías.
Junto a la entrada de la iglesia, una mujer mayor permanecía sentada en uno de los bancos. No reside en Huarte, aunque ha explicado que visita la localidad con frecuencia. Se ha enterado de la polémica a través de la prensa y se ha mostrado muy crítica con las declaraciones del párroco sobre Ceuta.
“No soy de ir a misa. Me enteré de todo ayer por la prensa y me pareció fatal”, ha relatado con mucha consternación.
La mujer ha lamentado especialmente que los mensajes del sacerdote hayan estado dirigidos contra personas jóvenes llegadas a Ceuta desde Marruecos. “El sacerdote debería ser más humano. Está hablando de adolescentes que vienen a buscarse un futuro mejor”, ha afirmado.
También ha comparado la situación de Huarte con la de su localidad de residencia. “En mi pueblo ha venido ahora un cura muy bueno. Me pregunto si, de haber tenido antes curas así antes, ahora iría a misa”, ha reflexionado.
Otra vecina de mediana edad ha calificado lo sucedido como “vergonzoso”. Tampoco acude habitualmente a las celebraciones religiosas, pero ha asegurado conocer la trayectoria del párroco desde su llegada a Huarte.
“Cuando llegó a la parroquia, hace ya bastantes años, había aquí un grupo de jóvenes scouts. Los echó. Ahora están en Mendillorri”, ha señalado en referencia a Munduko Argia, la asociación juvenil que abandonó los locales parroquiales tras un conflicto con el sacerdote.
La vecina ha acusado al párroco de mantener posiciones “homófobas y racistas” y ha asegurado que ha pronunciado homilías con contenido político. “En las eucaristías da sermones a favor de Trump”, ha afirmado.
“Yo no voy a misa. Ya apenas va la gente mayor, que no sé hasta qué punto se da cuenta de lo que pasa”, ha añadido. "Desde luego, el párroco no parece querer acercar la Iglesia a la gente. Los jóvenes del pueblo están muy enfadados".
Entre las personas que han mostrado su malestar se encontraba también una religiosa. La hermana no ha querido profundizar en la polémica, aunque sí ha reconocido que las declaraciones del sacerdote le han provocado un profundo enfado.
“Estoy indignada y muy contrariada con todo lo que ha pasado. No quiero hablar del tema. Pero sí te puedo decir que estoy muy enfadada. Hoy no he querido ni ir a misa”, ha manifestado.
Frente a la puerta del templo, dos hombres mayores conversaban en otro banco. Uno de ellos ha reconocido que apenas conocía los detalles de las publicaciones difundidas por Javier Aizpún en la red social X.
“No estoy muy al tanto de lo que ha pasado. Escuché algo ayer en el club de jubilados, tan solo eso”, ha explicado.
Sin embargo, el hombre ha relatado que su relación con la parroquia se ha ido deteriorando durante los últimos años. “Yo siempre he ido a misa. Toda mi vida. Mi mujer era de ir todos los días”, ha recordado.
Tras la muerte de su esposa, dejó de acudir de manera habitual. “Cuando murió dejé de ir porque vino un cura asqueroso. Y este es todavía peor. Ahora solo voy cuando hay un funeral”, ha afirmado.
Las declaraciones de Javier Aizpún han provocado un fuerte rechazo después de que el sacerdote defendiera en sus redes sociales la posibilidad de “bombardear Rabat si es necesario” ante la llegada de miles de personas a Ceuta. También pidió abrir “fuego masivo” contra quienes calificó como “invasores” y rezó por una nueva “reconquista” de Marruecos y su conversión al cristianismo.
El Arzobispado de Pamplona y Tudela se ha desmarcado de sus palabras y ha indicado que se trataba de una opinión “estrictamente personal” que no representaba a la Iglesia diocesana.
Florencio Roselló ha mantenido una conversación con el sacerdote para pedirle explicaciones por unas manifestaciones que ha considerado “muy poco acertadas”, especialmente al proceder de un párroco llamado a favorecer la comunión, el diálogo y la reconciliación.
Javier Aizpún ha eliminado su cuenta de X y ha pedido perdón personalmente al arzobispo. A través de él, ha extendido sus disculpas a la Iglesia y al conjunto de la sociedad.
La polémica también ha llegado al ámbito político. Geroa Bai de Huarte ha solicitado que el Ayuntamiento reclame oficialmente al Arzobispado la sustitución del párroco, al considerar que sus mensajes han promovido la violencia y el odio contra las personas migrantes.
Mientras se suceden las reacciones, en el entorno de la parroquia se mezclan el enfado, el desconocimiento y el distanciamiento de algunos vecinos que aseguran haberse alejado de la iglesia. El párroco, por el momento, guarda silencio.