Las cuevas escondidas en un pueblo de Navarra que puedes visitar y terminar en un asador
En un rincón privilegiado de la comarca de Xareta, la pequeña localidad pirenaica de Urdax guarda en su interior un sinfín de tesoros históricos y naturales.
Entre puentes medievales, caserones y el emblemático cenobio románico de San Salvador, emerge un enclave singular: la cueva de Ikaburu, un fascinante vestigio prehistórico que transporta al visitante a tiempos remotos.
Bajo los campos de la Navarra cantábrica, a pocos kilómetros del mar y de la frontera con Francia, la cueva de Ikaburu se presenta como la única gruta visitable de Urdax.
Se formó hace aproximadamente 14.000 años, fruto de la erosión constante del río Urtxuma sobre la roca calcárea. Su hallazgo en 1808 por un pastor reveló un mundo subterráneo de extraordinaria belleza, con estalactitas y estalagmitas moldeadas por el goteo milenario del agua.
Para preservar su integridad, las visitas solo pueden realizarse con guía especializado. Durante 40 minutos, los visitantes recorren espacios únicos como el Salón de Recepciones, la Sala de los Tres Reyes o la Sala de las Columnas, donde los reflejos minerales y la humedad envuelven la atmósfera en un halo de misterio.
A lo largo de la historia, la cueva sirvió de refugio para contrabandistas, guerrilleros e incluso brujas, según las leyendas locales, que aseguran que aún hoy habita en su interior la presencia mitológica de las lamias, seres mitad mujer, mitad pez.
La cueva de Ikaburu es solo una de las múltiples razones para visitar Urdazubi/Urdax. Este lugar se sitúa en el cruce de dos rutas emblemáticas: la Ruta de la Brujería y el Camino de Santiago Baztanés.
Después de explorar la cueva y recorrer las calles de Urdax, una parada imprescindible es el Restaurante Montxo, un establecimiento con más de 25 años de historia.
Fundado por el padre de Montxo, este local comenzó como un bar y estanco, evolucionando con el tiempo hasta convertirse en un referente gastronómico en la zona.
Actualmente, es Iban, hijo del fundador, quien toma las riendas del negocio con el compromiso de mantener la esencia que lo hizo célebre.
El Restaurante Montxo es conocido por la calidad de sus platos y la autenticidad de sus sabores, con una carta que combina la tradición navarra con productos frescos y de proximidad.
Entre sus entrantes destacan la ensalada Antzanborda con queso de cabra y magret de pato, las croquetas caseras, la ración de hongos o la tortilla de bacalao.
En su oferta de carnes y pescados, sobresalen el chuletón Montxo a la brasa, el rodaballo a la parrilla y la pata de pulpo a la brasa. Además, ofrece guarniciones como los pimientos de Piquillo D.O. o las patatas fritas caseras, que complementan una propuesta culinaria de primer nivel.
Tras algunos años en manos de otros propietarios, Iban ha devuelto al pueblo el Restaurante Montxo con la misma esencia de siempre. Según cuentan en su página web, su objetivo es recuperar la confianza de los vecinos y de los visitantes que acuden a Urdax en busca de su rica historia, su naturaleza única y su exquisita gastronomía.