SOCIEDAD

Manuel Arizcun, el mártir navarro que va a ser beatificado por el Papa León XIV este año

Manuel Arizcun.
Manuel Arizcun, líder de Acción Católica en Navarra, sube a los altares tras ser reconocido oficialmente como mártir de la Guerra Civil.

Un trozo de la historia religiosa de la Comunidad Foral se prepara para recibir el máximo reconocimiento oficial desde el Vaticano. El Papa ha firmado de forma oficial el decreto que aprueba la beatificación de 80 mártires de la Guerra Civil Española, un extenso listado de víctimas de la persecución religiosa entre las que sobresale con nombre propio el navarro Manuel Arizcun Moreno.

Nacido en el Valle de Baztán, la trayectoria vital de este laico se caracterizó por una defensa inquebrantable de la fe católica, el arraigo familiar y la promoción de la educación cristiana entre la juventud de Pamplona en una de las épocas más convulsas del siglo XX.

Arizcun creció como el quinto hijo de una familia baztanesa de profundas y arraigadas convicciones religiosas. Tras cursar sus estudios formativos en Madrid y Toledo, contrajo matrimonio en el año 1918 con Pilar Zozaya Iturralde, con quien llegó a formar una numerosa familia de nueve hijos.

A finales del año 1928, el matrimonio decidió establecer su residencia definitiva en Pamplona, un traslado que marcó su implicación absoluta en la vida social de la capital navarra a través de la parroquia de San Agustín y, de manera muy significativa, dentro de la Acción Católica, una organización de la que llegó a convertirse en el presidente diocesano para toda Navarra.

Durante los años de su mandato, Arizcun se erigió en la voz principal de las familias católicas frente a las reformas educativas implementadas por el régimen republicano de la época. Desde su puesto, lideró y coordinó multitud de actos de formación espiritual, asambleas y campañas de propaganda católica por toda la geografía navarra con el objetivo de blindar la enseñanza religiosa de los jóvenes. Esta intensa actividad pública le situó en el centro de todas las miradas políticas cuando estalló el conflicto bélico en el verano de 1936.

La tragedia le sorprendió precisamente lejos de Navarra, mientras disfrutaba de unos días de vacaciones junto a los suyos en la localidad cántabra de Suances. A pesar de ser plenamente consciente del peligro real que corría su vida por su condición de destacado líder religioso, Arizcun rechazó la posibilidad de esconderse y decidió permanecer al lado de su esposa e hijos. Pocas semanas después fue arrestado por milicianos del Frente Popular y, tras negarse rotundamente a renunciar a sus convicciones cristianas, fue asesinado de forma brutal el 13 de noviembre de 1936, siendo arrojado maniatado al mar en aguas de la bahía de Santander.

Tras la finalización de los combates, su cuerpo pudo ser finalmente identificado y exhumado para ser trasladado de vuelta a Pamplona en el año 1939, donde recibió sepultura definitiva en la misma parroquia de San Agustín que había regentado en vida.

El cierre del complejo proceso diocesano de canonización, que estuvo presidido por el obispo de Santander, Manuel Sánchez Monge, culmina ahora con el visto bueno del Papa en Roma, elevando a los altares el testimonio de un civil navarro que pagó con su vida el odio a la fe en los días más oscuros de la contienda.