Crece la rebelión de los médicos contra Chivite y Domínguez: otros tres servicios del HUN se niegan a hacer horas extras
La sanidad navarra ha sumado un nuevo frente de tensión en el Hospital Universitario de Navarra, donde varios servicios clave se han negado a realizar peonadas para reducir las listas de espera. Medicina Interna, Cirugía General y del Aparato Digestivo, Traumatología, Anestesia, Salud Mental y otros facultativos han expresado su rechazo a las horas extra planteadas por el Departamento de Salud.
La decisión ha llegado en plena crisis sanitaria y con las listas de espera disparadas en Navarra. Los médicos han trasladado en cartas abiertas que el problema no es una falta de compromiso con los pacientes, sino un modelo que, a su juicio, ha convertido las peonadas en un parche ante la falta de medios, plantilla y organización.
El conflicto ha colocado en el centro al Gobierno de María Chivite y al consejero de Salud, Fernando Domínguez, que ha defendido mantenerse como "el capitán" que es "último que abandona el barco", mientras los profesionales han empezado a plantarse. La negativa colectiva ha evidenciado un malestar profundo dentro del HUN, donde distintos servicios han coincidido en señalar problemas estructurales.
Ayer, 34 médicos del Servicio de Medicina Interna del Hospital Universitario de Navarra publicaron una carta abierta en la que han mostrado su apoyo a Traumatología y Rehabilitación. En ese texto, los facultativos se han adherido a las denuncias realizadas por otros servicios del hospital.
“A nosotros nos corresponde la responsabilidad del acto médico, pero no nos corresponde la responsabilidad de un sistema que no puede satisfacer las necesidades de su población”, han afirmado los médicos de Medicina Interna. También han señalado que la situación actual ha generado “desconfianza, deterioro de nuestra imagen y una grave erosión de nuestro compromiso para con los pacientes”.
Los profesionales han añadido que la falta de medios y de condiciones adecuadas les produce “malestar”. Con esta carta, han tratado de trasladar que el deterioro de la atención no depende solo de los médicos, sino de un sistema que consideran incapaz de responder a las necesidades reales de la población.
Los profesionales del Servicio de Cirugía General y del Aparato Digestivo del HUN han firmado otro escrito, con casi 50 apoyos. En él se han sumado a las protestas y han querido transmitir a los pacientes que su salud sigue siendo el centro de su profesión.
Los cirujanos han rechazado que se ponga en duda su compromiso asistencial. Según han expuesto, el problema es que no disponen de los medios oportunos para desarrollar su trabajo en condiciones adecuadas dentro de la sanidad pública navarra.
Estos escritos se han añadido a la carta previa de 73 facultativos de Traumatología, al rechazo de los anestesistas y al anuncio de los psiquiatras y MIR de Salud Mental. En este último caso, 70 firmantes también han comunicado que se abstienen de realizar peonadas.
Por su parte, los profesionales de Salud Mental han denunciado una presión asistencial continuada, la priorización forzada de primeras consultas y el deterioro del seguimiento de los pacientes. Esta situación resulta especialmente delicada en un área en la que la continuidad asistencial puede ser determinante para evitar el agravamiento de patologías graves.
También han advertido del déficit crónico de plantilla y de la normalización de que un médico cubra el trabajo de varios. A ello han sumado la fuga de especialistas hacia otras comunidades autónomas o hacia el sector privado, donde encuentran mejores condiciones laborales y retributivas.
El Sindicato Médico de Navarra ha respaldado públicamente estas posturas y ha advertido de la difícil situación en la que, según ha señalado, el consejero Fernando Domínguez ha colocado a los jefes asistenciales.
El sindicato denuncia “desprecio”, bajas retribuciones, sobrecarga laboral y falta de reconocimiento de los MIR en la carrera profesional. Además, ha sostenido que Navarra se ha convertido en la comunidad que peor trata a sus médicos.
La consecuencia más inmediata de este plante puede notarse en las listas de espera. El propio Departamento de Salud ha admitido su preocupación por el impacto que pueda tener durante los meses de mayo y junio la negativa de estos servicios a realizar actividad extraordinaria.
Las peonadas eran una de las principales herramientas utilizadas para intentar reducir las demoras. En especial, en áreas como Traumatología, donde las esperas se han disparado y donde la presión asistencial ya había generado una fuerte contestación interna.
Con varios servicios clave fuera de esa dinámica, el escenario puede complicarse. La suspensión de actividad extraordinaria puede traducirse en más citas anuladas, quirófanos con mayor demora y un aumento del sufrimiento de los pacientes que esperan una consulta, una prueba o una intervención.
Los médicos han insistido en que no rechazan trabajar más por capricho. Su denuncia se dirige contra un sistema que, según han explicado, ha convertido las peonadas en una solución permanente para tapar problemas de plantilla, mala organización y condiciones laborales precarias.
En el caso de Salud Mental, los profesionales han advertido de que priorizar primeras visitas en detrimento del seguimiento puede tener consecuencias graves. Los pacientes ya diagnosticados necesitan continuidad, revisión y acompañamiento clínico para evitar empeoramientos.
La crisis ha adquirido también una dimensión política. Pese a la magnitud del conflicto, con múltiples servicios movilizados, huelgas convocadas por el SMN en mayo y junio, manifestaciones y críticas parlamentarias, el Gobierno foral ha mantenido su confianza en Fernando Domínguez.
El consejero ha afirmado que “nunca” se ha planteado dimitir. También ha asegurado que quiere “aguantar como el capitán que es el último que abandona el barco”, en plena presión por el deterioro de las listas de espera y el rechazo creciente de los facultativos.
La continuidad de Domínguez tiene además una lectura interna dentro del Ejecutivo foral. El consejero pertenece a la cuota de Geroa Bai, socio clave del Gobierno de María Chivite. Su cese podría abrir una crisis política dentro del Ejecutivo.
La oposición, formada por UPN, PP y Vox, lleva meses pidiendo su dimisión por la situación de la sanidad pública y el aumento de las demoras. También se han escuchado críticas dentro del propio bloque que sostiene al Gobierno, donde se han reconocido problemas estructurales y falta de consenso.
Mientras tanto, el PSN ha defendido al consejero y ha apelado al “bien común”. Sin embargo, los médicos han elevado el tono de sus protestas y han dejado claro que el problema no se resuelve solo con llamadas al diálogo.
El Gobierno foral ha presumido en distintas ocasiones de contar con una de las ratios más altas de profesionales por habitante. Pero los facultativos sostienen que los datos no bastan si el sistema arrastra sobrecarga crónica, pérdida de talento, falta de reconocimiento y deterioro de la confianza pública.
Las medidas planteadas hasta ahora, como más peonadas, auditorías puntuales o fichajes, han sido consideradas insuficientes por los profesionales. Los médicos reclaman mejoras retributivas, plantillas suficientes, reconocimiento profesional y un Estatuto que dignifique la profesión.
El pulso en el Hospital Universitario de Navarra ha dejado al descubierto un choque de fondo entre la gestión política y la realidad diaria de los servicios asistenciales. Los facultativos han reducido su esfuerzo extraordinario para visibilizar un problema que, según han advertido, ya no se puede ocultar.
La sanidad navarra afronta así una crisis que afecta directamente a los pacientes. La rebelión de Medicina Interna, Cirugía General, Digestivo, Traumatología, Anestesia y Salud Mental ha supuesto un toque de atención grave en un momento marcado por las demoras, la presión asistencial y el malestar de los profesionales.