Por qué Dios permite el sufrimiento si nos ama: la respuesta del teólogo Tomás Trigo al mayor dilema de la fe
Es la pregunta que ha quebrado la fe de millones de personas a lo largo de la historia y el muro contra el que choca cualquier creyente en sus horas más oscuras: si Dios es todopoderoso y nos ama, ¿por qué permite la enfermedad, la pérdida y las tragedias humanas? Frente a quienes eluden el conflicto con fórmulas abstractas, el sacerdote y teólogo Tomás Trigo decide poner el dedo en la llaga en su nuevo libro, Dios es Amor y a ti te quiere con locura (Editorial Palabra), encarando una de las cuestiones más complejas y dolorosas de la experiencia religiosa.
Para Trigo, el primer error común ante la adversidad es interpretar el dolor como un castigo, un síntoma de abandono o una señal de hostilidad divina. Lejos de un ser distante que se limita a vigilar y señalar los errores de los hombres, el autor describe a un Dios con "corazón de padre y de madre" que mantiene su afecto inquebrantable precisamente en medio de las pruebas más duras, aun cuando la lógica humana no alcance a descifrar el porqué.
La raíz del amor en medio del dolor
El libro propone una transformación radical en la mirada sobre las dificultades de la vida, recordando que la fe no inmuniza contra el sufrimiento terrenal, sino que ofrece una forma distinta de atravesarlo:
- Un amor concreto, no una idea abstracta: Trigo subraya que el amor divino se dirige a cada individuo de forma única e íntima, no a la humanidad en abstracto, lo que implica sostener la confianza cuando la realidad golpea con fuerza.
- El dolor no es una condena: La obra invita a desterrar la culpa irracional que vincula el sufrimiento con un juicio divino, insistiendo en que el afecto de Dios permanece intacto también en la debilidad.
- El misterio de la cruz: En el marco de la salvación cristiana, el sacrificio y la cruz no se presentan como actos de crueldad, sino como la manifestación suprema de una entrega solidaria con el dolor humano.
Desmontar la fe de la obligación
A partir de esta convicción —inspirada en las palabras de Juan Pablo II en la encíclica Redemptor hominis sobre el amor como núcleo del mensaje eclesial—, Tomás Trigo plantea un giro en la moral cotidiana. La vida cristiana no puede reducirse a una lista de normas o prohibiciones impuestas, sino que debe entenderse como la respuesta libre a un amor previo que sostiene al ser humano hasta en sus peores tropiezos.
Concebido para la meditación personal más que para la pura especulación académica, el libro concluye que aceptar esta cercanía íntima frente a la incertidumbre del dolor no solo alivia el desgarro interior, sino que se convierte a menudo en el punto de inflexión para una auténtica conversión vital.