Sociedad

Lo que han conseguido unos estudiantes de Navarra con jóvenes que bebían demasiado

María Lavilla-Gracia / Manuel Castells.
Un ensayo clínico con 308 universitarios ha confirmado que una sesión breve entre iguales reduce el consumo, los atracones y sus efectos negativos.

La Universidad de Navarra ha validado una intervención pionera para reducir el consumo de alcohol entre jóvenes universitarios con una fórmula tan sencilla como poco habitual: que sean los propios estudiantes quienes ayuden a otros compañeros a cambiar sus hábitos. Un ensayo clínico publicado en la revista Addiction ha demostrado que una única sesión breve y personalizada, liderada por alumnos de Enfermería, ha conseguido frenar los excesos y sus consecuencias negativas durante al menos un año.

La investigación ha partido de un contexto preocupante. Cerca del 40% de los universitarios españoles presenta un consumo de alcohol de riesgo, una realidad que ha llevado a un grupo de investigadoras a probar una estrategia basada en el apoyo directo entre iguales. El resultado ha sido sólido: el estudio ha confirmado que esta intervención breve no solo reduce la cantidad de alcohol ingerida, sino también los episodios de atracón y varios problemas asociados en la vida académica y social.

El trabajo se ha desarrollado con 308 estudiantes universitarios en un ensayo clínico aleatorizado que ha evaluado la efectividad del programa BASICS (Brief Alcohol Screening and Intervention for College Students), adaptado al contexto español. Tras doce meses de seguimiento, los estudiantes que recibieron el apoyo de sus pares consumieron de media 3,42 bebidas menos por semana que quienes no participaron en el programa. En concreto, pasaron de 12,35 a 8,93 consumiciones semanales, una reducción clínicamente relevante y estadísticamente significativa.

La intervención ha consistido en una conversación individual de unos 50 minutos, guiada por la entrevista motivacional. Esta técnica busca favorecer el cambio sin juicios ni confrontación, ayudando al estudiante a reflexionar sobre su forma de beber. Durante la sesión, cada participante recibe información personalizada sobre su consumo real y la compara con la percepción, muchas veces exagerada, de lo que beben sus iguales. Ese contraste permite desmontar falsas creencias, corregir normas sociales erróneas y reforzar el autocontrol.

Una de las claves del estudio ha estado precisamente en quién transmite el mensaje. La intervención no la han realizado profesionales sanitarios, sino estudiantes de último curso de Enfermería previamente formados para ello. María Lavilla-Gracia, investigadora y profesora de la Facultad de Enfermería de la Universidad de Navarra y una de las autoras del estudio, ha explicado que esa cercanía ha sido determinante. “Esta proximidad resulta clave. La credibilidad del mensaje aumenta cuando procede de alguien del mismo entorno”.

La investigadora ha subrayado además que el hecho de que sean los propios estudiantes quienes impulsen estos hábitos saludables hace que sus compañeros perciban la intervención como más cercana y realista. Esa identificación con la persona que guía la conversación facilita el cambio y aumenta la receptividad ante el mensaje preventivo.

El estudio también ha puesto el foco en uno de los patrones más dañinos de consumo entre jóvenes: el binge drinking, conocido de forma más común como atracón. Más allá de beber menos en términos globales, los participantes redujeron también esos episodios de ingesta intensiva, especialmente perjudiciales por su impacto inmediato en la salud y en la conducta.

Junto a ello, las investigadoras han detectado una disminución de las consecuencias negativas asociadas al alcohol. Entre ellas figuran accidentes, conflictos interpersonales o dificultades académicas, problemas que suelen aparecer ligados a un consumo intensivo y descontrolado. A esto se ha sumado una elevada tasa de seguimiento del 97,7% al cabo de un año, un dato que refuerza la solidez de los resultados obtenidos.

Los investigadores han observado además un aumento sostenido de la motivación para cambiar y, sobre todo, de la autoeficacia, es decir, la confianza del estudiante en su propia capacidad para controlar su consumo. Ese efecto se ha consolidado a los 12 meses y apunta a una modificación de hábitos con recorrido más allá del corto plazo.

Las autoras del trabajo, vinculadas también al Instituto de Investigación Sanitaria de Navarra (IdiSNA), consideran que estos hallazgos muestran que se puede mejorar la salud pública con recursos limitados dentro de los propios campus universitarios. Navidad Canga, profesora de la Facultad de Enfermería de la Universidad de Navarra y autora del estudio, ha destacado ese potencial. “En un entorno donde el consumo de alcohol forma parte de las normas sociales, aprovechar la influencia entre estudiantes se perfila como una estrategia prometedora para cambiar comportamientos y mejorar la salud a largo plazo”.

El estudio ha contado con la financiación de la Cátedra María Egea y la Asociación de Amigos de la Universidad de Navarra.