El sendero de Navarra que sigue los pasos de los romanos hasta una ermita con mucho encanto
La calzada romana de Arce ofrece una de las rutas más sorprendentes del Pirineo navarro para caminar entre pueblos pequeños, bosques, pastizales y restos de una antigua vía que comunicó Zaragoza con Burdeos.
El recorrido propuesto parte de Saragüeta, en el valle de Arce, y llega hasta la ermita de Santa María de Arce después de casi 8 kilómetros de sendero lineal. Es un tramo suave, amplio en buena parte de su trazado y con un valor histórico especial, ya que formó parte de la vía romana entre Caesaraugusta, la actual Zaragoza, y Burdigala, la actual Burdeos.
La ruta permite caminar por un paisaje tranquilo, entre robledales, boj y zonas de ganadería extensiva. No conserva tramos empedrados, pero sí mantiene el carácter de esos caminos anchos y cómodos que utilizaron durante siglos ejércitos, correos, carros con mercancías y, más tarde, caballerías.
El inicio se encuentra en la plaza de San Juan de Saragüeta, donde hay aparcamiento, fuente y un panel informativo. Desde allí, el camino asciende por la calle principal del pueblo hasta enlazar con el trazado de la antigua vía. En varios puntos coincide con el recorrido cicloturista EuroVelo 3, por lo que el senderista encontrará también postes y flechas direccionales.
El primer tramo avanza a media ladera y ofrece amplias vistas del entorno. Después de pasar un collado, en torno al kilómetro 2,5, el sendero desciende hacia Urdiroz y el barranco de Aintzierreka, ya por una zona más boscosa. La ruta continúa hasta alcanzar el río Urrobi y el pueblo de Uriz, conocido por sus cuidadas casas torre.
En este punto conviene prestar atención si el río Urrobi baja con mucha agua. En caso de crecidas, el tramo anterior a Uriz, aproximadamente en el kilómetro 5,1, puede requerir especial precaución. También hay que tener en cuenta que en la zona puede haber batidas de jabalí durante la temporada de caza autorizada, que suele extenderse de agosto a febrero.
Después, el recorrido cruza la carretera NA-1720 en Zandueta, donde hay un área de descanso, y atraviesa de nuevo el río Urrobi. En la parte final, el sendero deja a la derecha los restos de las termas romanas, uno de los puntos más interesantes para completar la visita con una parada histórica.
La ruta sigue después bajo la NA-2040 por un paso subterráneo y continúa junto al palacio de Arce antes de alcanzar la ermita de Santa María de Arce, final de este tramo lineal. El recorrido está balizado con marcas blancas y moradas, postes direccionales y paneles informativos, dentro de un trazado completo recuperado en 2017 que alcanza casi 28 kilómetros entre Espinal y Zazpe.
UNA VISITA A SANTA MARÍA DE ARCE
La llegada a Santa María de Arce añade a la excursión uno de sus grandes atractivos. La iglesia se levanta en medio de un campo, junto al río Urrobi y bajo la presencia de la sierra de Labia, en un enclave tranquilo del Prepirineo navarro. Para acceder también por carretera, hay que seguir la NA-172 en dirección Roncesvalles desde Aoiz y, poco antes de llegar a Zandueta, cruzar a pie el pequeño puente sobre el río Urrobi.
El templo es un hermoso ejemplo de románico rural navarro de finales del siglo XII. Sus muros de sillar, reforzados por contrafuertes, conservan una imagen armoniosa y sobria, muy vinculada al paisaje que lo rodea. En el alero se aprecia una hilera de canes o ménsulas con figuras de hombres en distintas actitudes: uno tañe un arpa, otro porta un barril y otro abre la boca, aunque el paso del tiempo ha desgastado parte de estas tallas.
Las ventanas de Santa María de Arce, tres de ellas abiertas en el ábside, tienen arco de medio punto. Sus columnas presentan fuste cilíndrico, base circular y capiteles decorados, algunos lisos, otros con motivos vegetales y otros de inspiración corintia, tratados con un estilo rústico y popular.
La portada se sitúa en el lado de la Epístola y aparece protegida por un pequeño tejado con moldura de tacos apoyado en canecillos decorados con cabezas de animales. Presenta un arco de medio punto con tres arquivoltas y un arco exterior con decoración vegetal. La arquivolta central es lisa, mientras que la interior está adornada con bolas y la exterior suma cabecitas y piñas.
Los capiteles de la portada, aunque no se conservan en perfecto estado, muestran decoración vegetal y figurada. En los interiores parece verosímil identificar la escena de la Ascensión de Cristo. Por su estilo, el conjunto escultórico de Arce conecta con otros templos del románico rural navarro, como Echano, Artaiz o Gazólaz, donde también se aprecia una estética románica de gusto popular.
El interior de la iglesia presenta una planta rectangular de tres tramos desiguales y cabecera semicircular con bóveda de horno. La cubierta se resuelve con una bóveda de medio cañón entre arcos fajones, apoyados en pilastras con imposta lisa que recorre el perímetro del templo.
La sacristía se adosa a la cabecera por el lado de la Epístola y tiene una planta casi cuadrada, cubierta por una bóveda de cañón apuntado. En la actualidad, el templo conserva poco ajuar, aunque destaca la talla de la Virgen con el Niño, procedente de Guindano, que preside el ábside. Es una imagen gótica del siglo XIII que todavía mantiene la rigidez propia del románico. También se conserva una gran pila bautismal de piedra, de fuste y taza lisa. No obstante, cabe puntualizar en este punto que la ermita suele permanecer cerrada.
La calzada romana en Navarra
La importancia de esta antigua vía romana se entiende mejor al conocer su trazado original. Desde Caesaraugusta, la calzada tomaba por Sangüesa el curso del río Irati hasta Ecay, pasaba después a la cuenca del Urrobi, ascendía por el valle de Arce hasta Roncesvalles y descendía por Valcarlos en dirección a Burdeos. La red de calzadas romanas permitió en su momento la rápida movilización de las legiones, el impulso del comercio, la gestión administrativa del imperio o la difusión de la lengua latina.
La calzada se construyó hacia el siglo I antes de Cristo con una anchura de entre seis y ocho metros y con desniveles que no superaban el 6%. Esa suavidad del trazado explica que todavía hoy resulte una ruta cómoda para caminar, aunque el firme actual ya no conserve la imagen monumental que muchas veces se asocia a las vías romanas.
De hecho, las calzadas romanas no eran, en su mayoría, caminos enlosados. Su técnica de construcción se parecía más a la de los caminos actuales, con diferentes capas de áridos o zahorras y una última capa de rodadura de arenas finas. El enlosado se reservaba sobre todo para los núcleos urbanos.
El trazado de esta vía se ha confirmado gracias al hallazgo de seis miliarios, unos hitos de piedra que se colocaban al borde de cada milla romana. Cada milla equivalía a 1.481 metros y en esos mojones se grababa o pintaba información sobre el emperador que había construido o reparado el camino, o sobre la distancia a la siguiente mansio o ciudad.
Además de esos miliarios, a lo largo del recorrido se han identificado varios asentamientos de época romana que habrían dado servicio a la calzada. Todo ello convierte esta ruta en un paseo de naturaleza, pero también en una forma sencilla de recorrer una parte de la historia romana de Navarra.
La propuesta entre Saragüeta y Santa María de Arce es, por tanto, una excursión accesible para quienes buscan un recorrido sin grandes dificultades, con valor paisajístico y con el atractivo añadido de caminar por una vía que durante siglos fue una de las conexiones históricas entre el valle del Ebro, el Pirineo navarro y el suroeste de Francia.