SOCIEDAD

La Virgen de un pueblo de Navarra que 'te observa' desde el altar al entrar en el santuario

Fotomontaje con una imagen de la Virgen de Ujué sobre una vista del pueblo. ARCHIVO / TURISMO DE NAVARRA

La imagen románica de Santa María de Ujué destaca por su frontalidad y su presencia. Ese rasgo, poco comentado, cambia la forma de visitar el santuario.

Ujué guarda una curiosidad que no suele aparecer en las guías rápidas y que, sin embargo, llama la atención nada más cruzar la iglesia-fortaleza. La Virgen de Santa María de Ujué, una talla románica del siglo XII, no se percibe como una imagen “lejana”, sino como una presencia que se impone desde el presbiterio.

El detalle está en su frontalidad. La Virgen aparece sentada con el Niño, en el modelo conocido como Sedes Sapientiae o Trono de la Sabiduría, y ambas figuras se presentan mirando de frente, hacia quien entra o se acerca. Ese gesto, hierático y directo, provoca una reacción inmediata en muchos visitantes: la sensación de que la imagen te sostiene la mirada.

Esa impresión, que se transmite de boca en boca, alimenta un aura de misticismo dentro del santuario. La talla está realizada en madera y se conserva recubierta de chapas de plata, dejando visibles el rostro y las manos. La combinación de material, luz y distancia refuerza todavía más esa idea de presencia.

La historia del santuario también ha contribuido a que la imagen no sea sólo una pieza artística, sino un símbolo con relato propio. La tradición, recogida por cronistas, cuenta que un pastor descubrió la talla tras fijarse en una paloma que entraba y salía de una oquedad en la peña. Ese episodio se ha repetido durante siglos como el origen del lugar y del arraigo popular.

Ujué, además, ha guardado durante generaciones otro elemento singular relacionado con el santuario: el corazón de Carlos II de Navarra, que se envió allí tras su muerte y llegó al templo en 1387. Ese dato, poco conocido fuera de Navarra, refuerza el carácter excepcional del sitio y la densidad histórica que se concentra en un espacio relativamente pequeño.

Por eso, cuando alguien sube a Ujué, no solo busca panorámica y piedra medieval. Entra, levanta la vista y se encuentra con ese rasgo que casi nadie explica y que casi todo el mundo entiende al instante: la Virgen está ahí, de frente, como si el primer gesto del santuario fuera mirar al visitante antes de que el visitante termine de mirar el santuario.