Barra de pan a 200 euros

Recreación creada con IA.
Carta enviada por Irene Zalba Cabanillas

Vivo en Pamplona y últimamente me pregunto si algunas medidas de vigilancia y sanción que se están implantando buscan realmente mejorar la convivencia y la seguridad vial o si estamos entrando en una dinámica en la que cualquier pequeño descuido puede convertirse, cámara mediante, en una multa considerable.

En Ripagaina han instalado una cámara de la Policía. Un conocido dejó el coche en doble fila durante apenas dos minutos para comprar una barra de pan; no había nadie en la panadería, así que tardó dos minutos, y recibió una multa de 200 euros. No pretendo decir que aparcar en doble fila esté bien. La norma existe y hay que respetarla. Pero también creo que debería existir cierta proporcionalidad entre una infracción, sus circunstancias y la sanción que se impone. Yo me pregunto: ¿y si paras porque has visto que una persona se ha caído o por cualquier situación que requiera de tu atención?

A un amigo le ocurrió algo parecido en Sarriguren. Le llegó una multa de 200 euros por no detenerse ante un paso de peatones. Según me cuenta, había un joven junto al paso, pero estaba hablando por el móvil y no mostraba intención de cruzar, así que él siguió. Una cámara registra una imagen, pero ¿puede interpretar siempre correctamente una situación? ¿Puede distinguir entre un peatón que espera para cruzar y una persona que simplemente está parada junto a un paso de cebra?

Las cámaras pueden ser muy útiles. Pueden mejorar la seguridad, prevenir conductas peligrosas y ayudar a esclarecer accidentes. El problema aparece cuando el ciudadano empieza a percibirlas no como una herramienta de seguridad, sino como una máquina de sancionar. Y en esta ciudad, recaudar está al orden del día.

Porque 200 euros no son una cantidad menor. Para muchas familias representan varios días de trabajo, una compra importante del supermercado o una parte considerable de sus gastos mensuales. Y aquí es donde surge la sensación de desproporción.

Imaginemos que alguien entra en una panadería, deja el coche dos minutos en doble fila para comprar una barra de pan y, al regresar, una cámara ya ha registrado la infracción. Esa barra de pan puede acabar costándole 200 euros.

De ahí el título de esta carta: Barra de pan a 200 euros.

No se trata de defender que cada uno pueda aparcar donde quiera ni de cuestionar la necesidad de unas normas de circulación. Se trata de pedir sentido común. Las normas son necesarias, pero también lo son la proporcionalidad, la información previa y la valoración de las circunstancias. ¿Dónde están esas cámaras en las puertas de los colegios? Ahí sí que se pondrían las botas.

La tecnología debería ayudarnos a vivir en ciudades más seguras, no hacer que tengamos la sensación de estar permanentemente vigilados a la espera del siguiente error.

Cumplamos las normas, por supuesto. Pero procuremos también que la sanción sea proporcionada a la infracción y que la seguridad vial no termine confundiéndose con un sistema automático de recaudación.