La maldición de las terceras partes, las mejores del siglo XXI y Dune: Parte Tres.
Si la narrativa tiene un número, es el número 3. Normalmente las historias transcurren en 3 actos y es muy común que un personaje, cuando intenta algo, sea a la tercera cuando lo consigue. A la 1.ª o a la 2.ª no es creíble y a la 4.ª tenemos un protagonista muy torpe.
Estaba este verano viendo por primera vez la trilogía de Matrix (cuando sale más barato perder el tiempo) y es muy interesante por varios motivos. Primero, por ver una trilogía que empieza como obra maestra y poco a poco se va al garete. Es difícil hurgar en el porqué del declive, ya que utiliza los mismos elementos que una trilogía exitosa como El señor de los anillos: elementos del bien y del mal, objetivo claro, ampliar el universo, nuevos personajes, distintos protagonistas se sacrifican…
Llama la atención ver una producción hija de su tiempo, de los inicios de los 2000. Tras el fenómeno que fue Matrix en 1999, Warner se puso en marcha para producir dos más. Tal era la confianza en ella que las rodaron seguidas o, como dicen en inglés, back to back, para estrenar las dos secuelas en 2003 (un trabajo titánico). El fenómeno cultural fue tal que yo conocí esta saga por las parodias del programa Cruz y raya.
Ocurrió lo mismo con Piratas del Caribe (2003). Disney le hizo rodar a Verbinski las dos secuelas seguidas, a estrenar en 2006 y 2007. La franquicia de corsarios se fue derritiendo igual que la del programa informático, terminando ambas con su peor entrega. En este último caso, mi preferida es la 2.ª, El cofre del hombre muerto.
¡Puñeta!
Tan difíciles son las secuelas que incluso tres de los grandes directores del cine que se han acercado a las sagas han fracasado en sus cierres. Tanto Spielberg, con las dos de Parque Jurásico y produciendo el resto, como Christopher Nolan, con la saga de El caballero oscuro, o Coppola, con El Padrino.
El esquema de Spielberg es más sencillo: toca el cielo con la primera y después todo se desmorona. Coppola y Nolan rompieron moldes con segundas entregas que, si no igualaban, superaban a la original. Para luego tropezar en la tercera parte. Otras nacen muertas (en lo creativo, no en lo comercial): El hobbit o Jurassic World.
Este año se cierra otra trilogía reciente: Dune. Si tuviera que mojarme, diría que su director, Denis Villeneuve, se mueve en la cuerda floja porque, igual que Coppola o Nolan, ya nos ha desafiado haciendo un «segundas partes fueron mejores» con Dune: Parte Dos. El 18 de diciembre estrena Dune: Parte Tres antes de ponerse con la nueva entrega de 007.
Villeneuve se encuentra en una posición parecida a Nolan con la 3.ª de El caballero oscuro, de «este hombre no falla nunca». He conseguido no ver tráilers y solo hasta hace poco no me planteé que: «Oye, ¿y si es una mierda?».
Pues tendremos que aguantar otro cierre de trilogía excesiva, con atajos y menos caracterización (son los lugares comunes en cierres desafortunados). ¡Veremos! Y, para terminar, trilogías que creo que terminan en su punto más álgido del siglo XXI: Harry Potter: El prisionero de Azkaban, El ultimátum de Bourne, 007: Skyfall, La guerra del planeta de los simios, Capitán América: Civil War y Thor: Ragnarok.