Pamplona, ¿ciudad o velódromo?

Imagen de las obras de carril bici en la calle Irunlarrea. EUROPA PRESS
Carta de Irene Zalba Cabanillas

Cada vez vemos más carriles bici en Pamplona, en algunos casos a costa de reducir el espacio destinado a los coches. Parece que la política de movilidad del Ayuntamiento tiene muy claro hacia dónde quiere llevarnos. Y uno acaba preguntándose: ¿nos tendremos que comprar todos una bicicleta o un patinete?

No tengo nada en contra de quien los utiliza, ni tampoco de que existan carriles bici. Pero no todos podemos, queremos o tenemos la posibilidad de desplazarnos de esa manera. Hay personas que necesitan el coche para trabajar, llevar a sus hijos, hacer compras, desplazarse desde fuera de Pamplona o, sencillamente, porque es el medio de transporte que necesitan.

Lo que resulta difícil de entender es que, mientras se ponen cada vez más trabas al automóvil y se le resta espacio, bicicletas y patinetes circulen con demasiada frecuencia por aceras y zonas peatonales. Los que vamos andando acabamos muchas veces apartándonos para dejarles pasar o mirando con preocupación al salir de un portal o doblar una esquina por si aparece alguno a toda velocidad. ¿No debería ser precisamente la acera el lugar donde el peatón pudiera sentirse seguro?

Y hay algo que me parece todavía más importante: las normas deben ser para todos. A los conductores se nos controla y multa por exceso de velocidad, aparcar donde no corresponde, saltarnos un semáforo, utilizar el móvil y muchas otras infracciones. Me parece bien que se sancione a quien incumple las normas. Pero entonces pregunto: ¿se controla y sanciona con la misma firmeza a bicicletas y patinetes cuando circulan por donde no deben, se saltan un semáforo o ponen en peligro a un peatón? No pido que se persiga a nadie. Pido que las reglas sean iguales para todos.

Pamplona tiene que avanzar hacia una movilidad más sostenible, pero eso no debería significar declarar la guerra al coche ni convertir las aceras en una prolongación de los carriles bici. Que cada uno pueda elegir cómo desplazarse, respetando a los demás. Y, sobre todo, que el peatón pueda seguir caminando tranquilamente por su acera.

Movilidad sostenible, sí. Imposición, no. Y las normas, para todos.

Carta de Irene Zalba Cabanillas