Lo que ha pasado en Pamplona es una vergüenza

Agentes de la Policía Foral intervienen en la ronda de Pamplona ante los piquetes que han cortado la carretera a la altura de Mutilva. POLICÍA FORAL
Carta al director enviada por Javier Povedilla. 

Lo que ha pasado este martes en la PA-30 ha sido una auténtica vergüenza.

Hay quien lo querrá vender como una jornada de lucha, como una protesta legítima o como una reivindicación social. Yo lo que he vivido ha sido otra cosa: un grupo de gente decidiendo por la fuerza que miles de personas no teníamos derecho ni a ir a trabajar, ni a movernos, ni a hacer nuestra vida normal. Así, sin más. Porque ellos lo valen.

Soy un ciudadano normal de Pamplona. Tengo mi trabajo, mi familia, mis hijos, mis horarios y mis obligaciones, como tantísima gente en Navarra. No vivo del cuento ni de la pancarta. Me levanto, trabajo y saco mi casa adelante. Y este martes me he encontrado atrapado por culpa de unos piquetes que han cortado una carretera principal como si los demás no importáramos nada.

Y eso es lo que más rabia da: el desprecio. El desprecio absoluto al que madruga, al que cumple, al que no puede permitirse llegar tarde, al que bastante tiene ya con sacar el día adelante. Luego hablan mucho de derechos, pero el derecho de los demás se lo pasan por donde quieren. Porque sí, la huelga será un derecho, pero trabajar también lo es. Y aquí, una vez más, ha habido gente que ha decidido que su derecho vale y el de los demás no.

Lo de cruzarse en una carretera, engancharse a barriles, montar cortes, quemar cosas o sembrar el caos no es sindicalismo. No es lucha obrera. No es reivindicación. Es reventarle el día a miles de trabajadores y hacerlo además con chulería, con el viejo estilo del “aquí mandamos nosotros”. Y ya está bien de disfrazarlo.

Porque encima esto nunca pasa por casualidad. Detrás de todo esto están siempre los mismos. Los sindicatos que llevan años funcionando como correa de transmisión del nacionalismo vasco y de la izquierda abertzale, calentando el ambiente, tensándolo todo y empujando a una parte de la sociedad a creer que la presión, el matonismo y el abuso son formas normales de hacer política. Luego algunos se lavarán las manos, pero la responsabilidad la tienen entera. Cuando se alienta este clima, luego pasan estas cosas.

A algunos les parecerá exagerado, pero los que lo hemos sufrido sabemos lo que es. No es solo un atasco. No es solo llegar tarde. Es la sensación de impotencia, de rabia, de ver que unos cuantos pueden bloquear una vía, montar el numerito y fastidiar a miles de personas, y que todavía habrá quien les aplauda o les justifique. Pues no. Esto no tiene justificación.

Ya está bien de que en Navarra haya que aguantar este tipo de salvajadas cada vez que a ciertos sindicatos les conviene montar una demostración de fuerza. Ya está bien de consentir que se llame “piquete informativo” a lo que muchas veces no deja de ser intimidación, coacción y ganas de amargarle la vida al que no piensa igual.

Muchos estamos hartos. Hartos de pagar siempre los mismos. Hartos de que el trabajador corriente, el de verdad, sea el que acabe atrapado, perjudicado y ninguneado. Hartos de que se hable de dignidad mientras se pisotea la de los demás.

Defender un salario mejor puede ser legítimo. Pero hacerlo así, a base de cortar carreteras, meter miedo y arrasar con la normalidad de todo el mundo, es indecente.

Atentamente,
Un pamplonés harto