Grandes grietas ha aparecido en el asfalto de la cuesta de Beloso de Pamplona, justo en el carril más cercano a la acera, donde Joseba Asiron se llevó por delante más de 100 árboles que taló para consumar una de sus obras más polémicas, el carril bici que une la ciudad con Burlada.
Los expertos consultados confirman que puede existir una relación más que probable entre los daños aparecidos en el asfalto, solo un año después de su adecuación, y la retirada de los árboles, que efectuaban una especie de barrera de contención en la ladera.
La Policía Municipal de Pamplona ha señalizado este lunes la zona y ha cortado parcialmente la circulación, cerca del acceso a la Ciudad Deportiva Amaya.
La imagen del firme ha llamado la atención en estos días porque ese tramo fue asfaltado en marzo de 2025, dentro de la fase final de la actuación en Beloso. Apenas 12 meses después, el pavimento ya muestra un deterioro visible que podría deberse más a corrimientos de tierras que a daños por su uso.
La gran grieta discurre en sentido longitudinal y se sitúa en la parte exterior de la carretera, la más cercana a la acera de subida en sentido Pamplona. No se trata de un pequeño bache aislado, sino de una fisura que afecta a una vía por la que circulan a diario coches y villavesas en la conexión entre Pamplona y Burlada.
La situación actual tiene su origen en la obra impulsada por el equipo de gobierno de Joseba Asiron (EH Bildu) para construir el corredor peatonal y ciclista de Beloso. Aquella intervención supuso la tala de 102 árboles, un dato que fue confirmado cuando se presentó el proyecto y que generó una fuerte contestación por la defensa a ultranza que el grupo abertzale siempre hace sobre la tala de árboles.
Este periódico se ha puesto en contacto con un experto que considera que el problema podría no apuntar tanto a un simple fallo superficial del asfalto, sino a una alteración en la base sobre la que se apoya la carretera. La desaparición del arbolado habría dejado el talud sin parte de la sujeción natural que aportaban las raíces.
Esa función de contención resulta clave en una ladera como la de Beloso. Los árboles ayudaban a cohesionar el terreno, a estabilizar el subsuelo y a limitar pequeños movimientos. Sin esa red, la zona habría quedado más expuesta que con el paso del tiempo terminan reflejándose en la superficie del firme. El paso repetido de autobuses y camiones sobre una base más debilitada puede acelerar la deformación del terreno.
También influye el agua. La retirada del arbolado reduce la capacidad natural de absorción y drenaje del suelo. En una ladera como la de Beloso, la acumulación de humedad en el subsuelo puede favorecer la pérdida de capacidad portante de la base, sobre todo cuando después actúan las cargas del tráfico diario.
Ese proceso puede acabar expulsando parte del material fino que sostiene el firme. Cuando eso ocurre, el asfalto deja de apoyarse de forma uniforme y tiende a abrirse en las zonas más vulnerables. Por eso la grieta que actualmente se ve en la carretera puede estar avisando de un problema más profundo que el de un simple desgaste superficial.
Si finalmente el origen del problema está realmente en la base y en la estabilidad del talud, el experto consultado señala que la solución no pasaría por extender una nueva capa de asfalto. Haría falta una intervención de mayor calado, con estudio geotécnico y medidas de consolidación, para garantizar la seguridad de una de las arterias más transitadas de Pamplona.