Bardem sin peluca
La trayectoria de Rodrigo Sorogoyen como cineasta español es bastante increíble. Diría que, hasta la aparición de Alauda o de los Javis, era la voz nacional más interesante y de las mejores europeas.
Tras trabajar en series baratas, se estrena con Stockholm, pega un salto con Que Dios nos perdone (qué buen thriller y qué buenos personajes), es nominado al Óscar con el corto Madre, rueda la mejor película sobre una de nuestras áreas de experiencia: la corrupción en El reino. Prueba y experimenta con el largometraje Madre. En 2020 rueda una de las top 5 mejores series españolas o recientes de cualquier país: Antidisturbios. Y, tras rodar episodios sueltos de series, gana los Goya por As bestas.
Todo ello, acompañado de su magnífica coguionista Isabel Peña (estrena ahora una serie sobre burdeles en España que estoy deseando ver). La siguiente película a ganar cualquier premio relevante es complicada. Sorogoyen opta por dejar a un lado sus marcas más explícitas: el elemento de thriller y los planos secuencia de tensión.
Sinopsis: el director de cine Esteban Martínez (Bardem) es una leyenda tanto por sus películas como por su violencia. En su nuevo proyecto, le ofrece un papel a su hija Emilia (Luengo) con el pretexto de ayudarla a relanzar su carrera como actriz.
Aquí cuenta un drama entretenido, equilibrado y sin suspense, pero sin el tono extraño de Madre. Esta vez no nos hace sufrir de tensión. Es un drama sereno sobre el rol del director, las relaciones paternas, los diferentes relatos de los mismos hechos y la incapacidad de pedir perdón.
En nuestra sociedad hay mucha verborrea sobre salud mental, pero ¿qué haces con alguien como el personaje de Bardem? Es alguien que ha aprendido a ocultar su soberbia, obsesión, juicios y un carácter que simplemente explota cada cierto tiempo. No es un malo constante, pero te hará sentir inferior cada cierto tiempo. Me recuerda a algún jefe.
Bardem está muy bien. Especialmente, con una primera escena buenísima, lo digo para que no lleguéis tarde. Le escuchaba a Alsina decir que era «la mejor interpretación de Bardem»; otros, que está «descomunal». Mmmm, no lo creo. Es un señor que tiene Mar adentro, El buen patrón, Antes que anochezca o No es país para viejos en su CV.
Sí, creo que está muy bien y se agradece la ausencia de pelucas y prótesis. Su capacidad para resultar magnético, cómico, intimidante, avergonzado y manipulador sin nunca sobreactuar es bastante increíble.
Las actuaciones, el guion y la autenticidad que le da Sorogoyen a todo lo que toca elevan un guion sereno, tranquilo, que huye del drama del cine para intentar parecerse más a la intrascendencia de la vida real. Desde esos viajes de furgoneta a la vuelta del rodaje, conversaciones de sobremesa o simplemente mostrarme a alguien borracho sin las exageraciones habituales consiguen que me evada de que es martes, si Bardem me cae bien o no, de la situación de Ceuta o de si ya se ha acabado el verano.
Esta película compitió en Cannes, pero no ganó, mientras sí lo hizo otra española, la de los Javis: La bola negra, la cual se estrena a finales de mes, ha sido adquirida por Netflix y obtendrá un campañón de cara a los Óscar. Todo esto y las grandes críticas que ya tuvo en Cannes justifican mi entradilla.