Transitoria cuarta: un debate estéril

ESTATUA DE LOS FUEROS
Navarra será lo que los navarros quieran que sea y nuestro problema no es la transitoria, sino que no seamos capaces de convencer a las nuevas generaciones de que Navarra no puede quedar reducida a una provincia más de Euskadi.

La disposición transitoria cuarta está de nuevo en el debate político. Como protagonista cualificado de su inserción en la Constitución, entro en la polémica para afirmar que si Navarra no es Euskadi no es por ninguna norma imperativa, sino por la libre voluntad del pueblo navarro, que no ha considerado oportuno poner en marcha la iniciativa para su posible integración en la Comunidad Autónoma Vasca. Y debo decir con total rotundidad que es falso que la transitoria cuarta se incluyó en la Constitución para dar satisfacción al PNV.

Fue, por el contrario, una gran victoria de la Unión de Centro Democrático (UCD) de Navarra, que supo resistir hasta la extenuación la enorme presión ejercida por el PNV y el PSE-PSOE, del que formaba parte la Agrupación Navarra del Partido Socialista de Euskadi, el Partido Comunista y las numerosas formaciones de la izquierda revolucionaria abertzale en la órbita de HB. Sin contar con la campaña de intimidación de ETA, que se tradujo en un intento fallido de atentado contra mí y que se reiteró en varias ocasiones más, sin éxito, como puede verse. A los abertzales revolucionarios les gustaba pasearse por las calles de Pamplona al grito de “Del Burgo, cabrón, irás al paredón” o “Del Burgo, Aizpún, pim, pam, pum”.

Les escoció sobremanera que, en las primeras elecciones democráticas del 15 de junio de 1977, nuestra coalición Unión de Centro Democrático, liderada por el artífice de la Transición, Adolfo Suárez, obtuviera seis de los nueve parlamentarios asignados a Navarra (Jesús Aizpún, Ignacio Astráin y Pedro Pegenaute, diputados, y Jaime Ignacio del Burgo, Josecho Sarasa y José Luis Monge, senadores). En nuestro programa electoral dejamos bien sentado que defenderíamos la identidad española y la personalidad foral de Navarra, así como una reforma integral de la Ley Paccionada para devolver al pueblo navarro la titularidad del poder foral, mediante la democratización de las instituciones forales, en el marco de un régimen parlamentario, y la reintegración y amejoramiento del Fuero mediante un nuevo pacto con el Estado para fortalecer las competencias propias del régimen foral e incrementar nuestro autogobierno, asumiendo las facultades ejercidas por el Estado en Navarra no inherentes a la soberanía nacional.

No fue tarea fácil. Gracias a militar en un partido nacional como UCD, conseguimos que la disposición adicional segunda de la Constitución ampare y respete nuestros derechos históricos, como sinónimo de régimen foral, lo que abrió el camino para el reconocimiento de nuestra autonomía originaria y una cobertura constitucional para el pacto con el Estado para el Amejoramiento del Fuero de 1982. Rechazamos la pretensión del PNV de aplicar a Navarra la derogación, en la disposición final, de la Ley de 1839, pilar de la Paccionada de 1841, que hubiera dificultado el Amejoramiento. Y, por último, derrotamos la pretensión del PNV, de la Agrupación Navarra del PSE-PSOE y de todos los partidos de izquierda nacional y abertzale, estos últimos en la órbita de ETA, de integrar Navarra a Euskadi, por la brava.

Por otra parte, la disposición transitoria cuarta contiene el procedimiento a seguir en el supuesto de que el pueblo navarro desee integrarse en Euskadi. En tal caso, la iniciativa para la aplicación de aquella corresponde al órgano foral competente (el Parlamento Foral, la primera asamblea democrática de la España constitucional), por mayoría de sus miembros. Si se obtiene esta, la iniciativa debe someterse a referéndum del pueblo navarro. En caso de voto afirmativo, se abre el procedimiento a seguir para la reforma del Estatuto vasco para integrar a Navarra como una provincia más de la Comunidad Vasca. Tal procedimiento lo fijan las Cortes por mayoría absoluta de cada Cámara. El posible acuerdo alcanzado por el Parlamento Vasco con el Parlamento de Navarra debe someterse a la aprobación de cada Cámara y, en caso de que se apruebe, se someterá a referéndum del pueblo vasco y del pueblo navarro, por separado. De modo que la última palabra la tiene Navarra. En el debate en el Senado de la transitoria, Gregorio Monreal, senador del PNV por Guipúzcoa, me reprochó haber puesto una auténtica carrera de obstáculos para impedir la integración de Navarra en Euskadi. Le respondí que no eran obstáculos, sino garantías para la libre decisión del pueblo navarro.

Mi posición está clara y siempre ha sido la misma: Navarra será lo que los navarros quieran que sea y nuestro problema no es la transitoria, sino que no seamos capaces de convencer a las nuevas generaciones de que Navarra no puede quedar reducida a una provincia más de Euskadi, sujeta a la voluntad del Parlamento y del Gobierno vascos. Deberemos esforzarnos siempre en convencer a nuestro pueblo de que el actual status paccionado de Navarra como Comunidad Foral, integrada en la Nación española y solidaria con todos sus pueblos, es el más conveniente para asegurar nuestra libertad colectiva, promover el progreso económico y garantizar el bienestar social. Aizpún defendió la transitoria cuarta, en nombre de la UCD nacional, en la Comisión Constitucional del Congreso. Más tarde se arrepintió y se abstuvo en la votación final de la Constitución, afirmando que esta no garantizaba el régimen foral y que la disposición adicional segunda y la disposición transitoria cuarta nos abocaban indefectiblemente a Euskadi. La realidad demuestra que 48 años después el Fuero está en su plenitud, como lo demuestra el Amejoramiento del Fuero de 1982, fruto del pacto entre Navarra y el Estado. Esta disposición transitoria fue defendida en la Comisión Constitucional del Congreso por Jesús Aizpún.

Lamentablemente,

La actual dirección de UPN ha decidido declarar la guerra dialéctica a la transitoria cuarta. Fracasó en su intento de “colar” una reforma constitucional bajo el paraguas de una propuesta de reforma para conceder un senador a la isla de Formentera, en Baleares. La Mesa la inadmitió porque nada tenía que ver con la reforma que se pretendía. Ahora ha presentado en el Parlamento de Navarra una proposición de ley para instar a las Cortes a la reforma de la Constitución con el fin de suprimir la transitoria cuarta. Sorprende esta iniciativa, pues el cauce adecuado es un acuerdo del Parlamento proponiendo la reforma. Ignoro el porqué de esta iniciativa, condenada de antemano al fracaso, pues, aunque la voten el PP y Vox, no se alcanzará el quórum de dos tercios (210 diputados y 160 senadores, por separado), salvo que se sume el PSOE.

Llegados a este punto, considero oportuno revelar algunos hechos poco conocidos en torno a la discutida transitoria. En 1989, en un acto de racionalidad no frecuente en el centro-derecha español, se produjo la refundación de AP, que pasó a llamarse Partido Popular, integrando en él a la Democracia Cristiana y al Partido Liberal. En febrero de 1991 tuvo lugar la constitución del PP navarro (PPN). Fui elegido presidente y aprobamos por unanimidad una “Declaración de Principios”. Destaco dos de ellos: “El Partido Popular de Navarra afirma que cualquier modificación del estatus político de Navarra deberá realizarse conforme a la legalidad constitucional y con respeto a la voluntad libre y democrática del pueblo navarro. / En consecuencia, rechaza cualquier intento de incorporación o anexión de Navarra a la Comunidad Autónoma del País Vasco que no cuente con la voluntad expresa de los navarros en los términos previstos por la Constitución y el Amejoramiento”.

En otro gesto de generosidad y respondiendo al clamor de nuestros electores, convencimos primero al presidente del PP, José María Aznar, y después a Juan Cruz Alli y Miguel Sanz, para adoptar un pacto de colaboración permanente y estable, en cuya virtud los militantes del PPN pasaríamos a ser militantes de UPN, a cambio de que este se comprometiera a secundar en las Cortes y el Parlamento Europeo la política del PP. La fórmula no era del agrado del presidente de UPN. Pero el 25 de marzo de 1991, Aizpún, Aznar y yo firmamos el haraquiri del PPN. En septiembre de 1991, Alli se convertiría en presidente. Todo un éxito.

A finales de 1992, el comité ejecutivo de UPN me nombró ponente, junto a Aizpún, Gurrea, Alli y otros, para redactar los Principios Programáticos y Estratégicos de la acción política del partido. A mí me encomendaron la redacción del punto 3.5, Defensa de la identidad de Navarra, y el punto 4, Navarra en la España de las autonomías, dos puntos esenciales del pensamiento de UPN. En el Congreso del 6 de febrero de 1993, tuve el honor de defender en el plenario esa parte de la Ponencia —aprobada por unanimidad—, donde figuraba el siguiente párrafo: “La Constitución y el Amejoramiento han servido a su vez para configurar un marco constitucional democrático para todos los navarros para resolver, conforme al principio democrático, el contencioso surgido durante los años de la transición política a la democracia acerca de si Navarra, como sostiene y sostendrá siempre UPN, debía permanecer como una comunidad foral, diferenciada, o debía integrarse en la comunidad autónoma del País Vasco, consecuencia de su reconocimiento como nacionalidad histórica, o debía integrarse en la Comunidad Autónoma del País Vasco, Euskadi o Euskal Herria”. No engañé a nadie.

Seguimos. El 3 de diciembre de 1998, día de San Francisco Javier, el diario ABC publicó una noticia explosiva: el presidente Sanz reivindicaba la convocatoria de un referéndum en Navarra sobre su anexión a Euskadi, al margen de la transitoria. En el Hotel Xabier, donde se concentraban las autoridades para acudir a la Basílica, hice un aparte con el presidente y le pregunté si era cierta la noticia. Me dice que sí, “porque no tenemos miedo a la democracia y esto es una manera de demostrarlo”. Le pido encarecidamente que no lo haga. Entre Santiago Cervera, portavoz del Gobierno foral, y yo lo convencimos.

Y llegamos a 2008. Nueva marcha atrás. La ruptura del pacto de 1991 provoca la refundación del PP. La “Declaración de Principios” afronta la cuestión que nos ocupa: “La Constitución garantiza la libertad de Navarra frente a cualquier intento de anexión a Euskadi o Euskal Herria que pretenda hacerse contra la voluntad del pueblo navarro. El PPN abogará por la derogación de la disposición transitoria cuarta siempre que tanto en la Constitución como en el Amejoramiento se garantice que cualquier alteración del actual status constitucional de Navarra se lleve a cabo con el respaldo del pueblo navarro en referéndum”. No se trata de cerrar la puerta, sino de que nadie la abra sin nuestro consentimiento.

Se ha escrito que defender la transitoria cuarta es incompatible con la defensa de la identidad y la foralidad de Navarra. Y eso, después de reconocer que 48 años después nuestra Comunidad Foral está en pie. No puedo admitir que se ponga en duda la lealtad a Navarra de los discrepantes. Si de algo nos sentimos orgullosos es de defender nuestra identidad, nuestra foralidad y de ser navarros y españoles.