María Chivite bate el récord de hablar sin decir nada

Lo extraordinario del discurso de Txibite no es todo lo que consiguió decir durante 104 minutos. Es todo lo que consiguió no decir. No dijo Santos Cerdán. No hizo balance de las investigaciones por presunta corrupción.

Cuando curré de librero, una vez entró una señora pidiendo libros bonitos. Le daban igual los autores y los títulos. Ella quería tomos grandes, lomos dorados, cubiertas parecidas a la piel, libros rimbombantes y antiquizantes para llenar una enorme estantería que le habían hecho en el salón. No quería leerlos. Quería que pareciera que allí había mucho que leer. Cultura al peso, como los melocotones.

A Txibite me la imagino pidiéndole algo parecido al pobre desgraciado que le escribe los discursos: hazme uno tocho, bien grande, pomposo. ¿Y qué meto? Nada.

Txibite abrió ayer el último Debate sobre el Estado de la Comunidad de la legislatura con un discurso de 104 minutos. Una hora y cuarenta y cuatro minutos de plano fijo. Copón. Txibite hablando una barbaridad de tiempo para explicar, sobre todo, qué cosas conviene que los navarros olvidemos antes de las próximas elecciones. El encargo debió de ser maravilloso: necesito un discurso larguísimo que parezca que dice muchas cosas procurando no decir ninguna de las que nos pueden joder.

La última vez que estuve más de cien minutos sin entender nada fue viendo El árbol de la vida, de Terrence Malick, un tostón infumable. Recuerdo que, al terminar, le pregunté a quien la había visto conmigo si el personaje de Brad Pitt tenía dos hijos o tres. No nos pusimos de acuerdo. Imagínense cómo debía de ser la película para que, después de semejante paliza, ni siquiera tuviéramos claro cuántos hijos tenía el protagonista.

Con Txibite ocurre algo parecido. Después de 104 minutos, tampoco resulta fácil reconstruir su árbol genealógico político del último año. Santos Cerdán, por ejemplo, no apareció ni en los títulos de crédito. Mecachis.

Lo extraordinario del discurso de Txibite no es todo lo que consiguió decir durante 104 minutos. Es todo lo que consiguió no decir.

No dijo Santos Cerdán. No hizo balance de las investigaciones por presunta corrupción que afectan a su partido. No encontró un rato para explicar su relación parlamentaria con el partido de la ETA, pese a que su Gobierno lo considera un socio prioritario para sacar adelante los presupuestos. Tampoco encontró unos segundos para las agresiones de Berriozar mientras dedicaba parte del discurso, precisamente, a hablar de convivencia.

Eso sí: hubo vivienda, fiscalidad, autogobierno, inversiones, democracia, esperanza activa, futuro común y hasta Gramsci. Y cifras, muchísimas cifras. PIB por habitante, afiliados, renta media, millones de inversión. Navarra cabe estupendamente en un Excel. En un Excel, Navarra puede ser rica, feliz y hasta tener dos o tres hijos con Brad Pitt. El problema empieza cuando el navarro sale del Excel, va al supermercado, intenta alquilar un piso o para en una gasolinera y encuentra el litro por encima de dos euros. Entonces toda aquella prosperidad estadística cuesta bastante más encontrarla.

Y, para lo que todavía no existe, promesas. Promesas que no valen nada, que cantaban Los Piratas de Iván Ferreiro. Porque aquello era el Debate sobre el Estado de la Comunidad, no sobre el futuro Estado de la Comunidad.

Lo suyo habría sido poder llegar y decir: los túneles de Velate están terminados, funcionan estupendamente y han costado lo previsto. Hechos. Realidades. Pero para contar lo que has hecho tienes que haberlo hecho. Para contar lo que harás solo necesitas 104 minutos. El papel lo aguanta todo; la voz, que encima se la lleva el viento, como el humo que vendes, ni te cuento.

Años después descubrí que Brad Pitt tenía tres hijos en El árbol de la vida. Para saber qué ocurrió realmente en algunas escenas de la película de Txibite tendremos que esperar todavía un poco. Hasta que los jueces terminen de reconstruir todo aquello que Txibite necesitó 104 minutos para no contar. Y eso es todo.