Osasuna contra Tebas, el dios chiflado del tiempo
La entrada sigue ahí. La reserva también. Lo único que ha desaparecido es el partido. Porque LaLiga no cambia un partido de día. Te cambia a ti el día. Con Tebas, el eclipse habría sido otro día. Y eso es todo.
Hace años convirtieron la Liga en una tableta de chocolate derretida. Las onzas siguen dibujadas en el envoltorio —jornada 4, jornada 17, jornada 31—, pero dentro ya no hay manera de separarlas. Un partido el viernes, cuatro el sábado, otros el domingo, alguno el lunes y uno que se aplaza y aparece tres meses después como una multa de tráfico en el buzón de casa. Haces memoria, pero ya no sabes dónde estaba aquel kilómetro ni a qué velocidad pasaste por allí.
Molaba más cuando las onzas se podían partir. Cada domingo —o el sábado, si te tocaba el partido que echaban por la tele a la hora de cenar— sabía que Osasuna estaba en la 7, en la 23 o que quedaban cuatro jornadas para terminar. Ahora empieza la Liga y vuelvo a no tener ni idea de dónde estamos. Cualquier año le entregan la Copa al campeón en la primera jornada y luego ya vamos viendo cómo ha ocurrido, como con Santiago Nasar.
El fútbol era un espectáculo dominical y tenía su sitio en la semana. Llegaba el domingo, jugaba Osasuna, jugaban los demás y después había una clasificación que servía para algo bastante elemental: saber dónde estábamos. El lunes, de vuelta al colegio, hablábamos del partido y pasábamos la semana entera fantaseando con el siguiente.
Había menos fútbol y pensábamos más en él. Ahora tenemos fútbol prácticamente todos los días. Me llegan notificaciones de resultados de partidos que no sabía ni que se estuvieran jugando. Antes había jornada. Ahora hay contenido.
Y este año hemos conseguido lo imposible: ya no sabemos ni cuál es la primera jornada. Osasuna va a jugar primero la segunda y después la primera. Tenía que empezar la Liga este domingo en Vigo contra el Celta, pero un hongo ha dejado impracticable el césped de Balaídos. En mitad del caos, Celta y Osasuna se ponen de acuerdo: jugar el 24 o 25 de septiembre, durante el parón de selecciones. Problema resuelto.
Pues tampoco. Hasta el caos es de Tebas, una especie de dios chiflado del tiempo que no permite a los humanos decidir qué hacer con él.
LaLiga decide que se juegue el jueves 27 de agosto. Osasuna tendrá que jugar el lunes 24 contra el Levante y, tres días después, hacerlo en Vigo. Los dos clubes que tienen que disputar el partido estaban de acuerdo sobre cuándo jugarlo, pero resulta que son los únicos que no pueden decidirlo. Todo normal. Circule.
Y luego estamos los aficionados, que somos los únicos que seguimos viviendo en la Liga de antes, la de las onzas enteras. Anda, mira, estoy por Galicia y Osasuna juega el domingo en Vigo. ¿Por qué no vamos? Entrada comprada, hotel reservado, cuadrilla convencida. Y el jueves te dicen que el domingo ya no existe. La entrada sigue ahí. La reserva también. Lo único que ha desaparecido es el partido.
Porque LaLiga no cambia un partido de día. Te cambia a ti el día.
Con Tebas, el eclipse habría sido otro día. Y eso es todo.