Vamos, 8-M, tráeme la pelotita

Pedro Sánchez jugando con sus perras en La Moncloa.
"Nos ha jodido: para eso la sembramos cuando lanzamos un vídeo desde los departamentos de comunicación. Vamos, 8-M, tráeme la pelotita. No a la guerra contra un régimen que somete a las mujeres hasta hacerlas desaparecer".

Asisto con asombro al mundo. Confieso, pasmado, mirando en esta soledad del Cantábrico, como un náufrago de tierra: desde aquí, desde mi casa, veo la playa vacía —ya lo estaba hace unos días—, pero ahora con frío y tronando. Ya no entiendo nada. Pero nada de nada. Ni siquiera de la comunicación institucional, que durante la última década ha sido mi asunto.

En vísperas del 8-M, el equipo de comunicación de Sánchez, que hasta donde yo sé sigue siendo del PSOE, no tiene mejor ocurrencia que difundir un vídeo de un desmejorado presidente jugando con sus perras en Moncloa, flaco: le quedan grandes hasta los pantalones pitillo, tú. Se aferra al poder que lo está destruyendo porque ya no tiene nada, como el yonqui a la heroína, mientras les tira una pelotita.

Se las lanza y vuelven con ella, las perras, obedientes, para que trabaje la polisemia y se esparza a los cuatro vientos de la comunicación pública la metáfora. Porque otro sentido no le encuentro a que un político nos enseñe en un vídeo lo que hace con sus gustos en su vida privada. En política todo es política. En eso tenía razón Pablo Iglesias cuando lo confesó. Cada vez que ves a un político, sobre todo cuando te dice que este asunto es privado, está haciendo más política que nunca. Más que nunca. Un político no pierde jamás el objetivo de los votos: conservarlos y ganarlos.

¿Pero a dónde vais, colegas? ¿Estáis bien de la azotea o ya todo da igual y vais tan a la desesperada que habéis perdido pie en la realidad sobre la que decís comunicar?

Todo está pensado, amiguitos, o debería: señor presidente, tire la pelota con el brazo bajo, que con el brazo en alto alguien le puede hacer una captura y convertirla en meme viral: “Aquí, saludando como un fascista”.

Y la metáfora al final encontró acomodo, claro: si la esparces, siempre acaba posándose sobre la realidad. Por ejemplo, en la propia manifestación que los progres se montan por el Día de la Mujer, donde este año la mujer desapareció porque la consigna del PSOE era el “No a la guerra”, que es lo que necesitaba el amo, Sánchez, para seguir en Moncloa jugando con sus perras una temporada más.

Nos ha jodido: para eso la sembramos cuando lanzamos un vídeo desde los departamentos de comunicación.

Vamos, 8-M, tráeme la pelotita. No a la guerra contra un régimen que somete a las mujeres hasta hacerlas desaparecer. No podemos tolerar que los responsables de masacrar mujeres sean apartados de sus puestos de mando. Es inadmisible, te dice la izquierda, porque Estados Unidos los derroca por sus intereses, como si a una mujer sometida le importara mucho por qué le quitan de encima a su opresor.

Primero quítamelo y luego ya veremos. Pero la izquierda no quiere quitárselo: quiere que siga, con la bota en el cuello de la mujer, para dialogar así con ellos, nos cuentan. Diálogo y paz. Dialoguemos, dialoguemos… y la bota en el cuello de la mujer mientras tanto, pacíficamente.

Quizás este delirio de manifa, por la utilización, una vez más, de una causa justa por parte de la izquierda para que el señoro presidente saque rédito político, al 8-M ya casi nadie le hace ni puñetero caso. Es una frikada más, con la bolita en la boca, para que el amo les acaricie el lomo y les premie a unas pocas con alguna golosina en un chiringuito.

Buenas chicas. Qué obedientes.

Así me gusta. Y eso es todo.