Velate, una promesa incumplida del PSN
Salgámonos un poco del ruido presente, que hay más días que chistorras para ocuparnos de él. Ahora que estamos en campaña, vayamos a las anteriores. ¿Para qué sirve una promesa electoral?
Prometer hasta meter, dice el refrán. El voto en la urna, cochinos, que os veo venir. Las promesas se fabrican con futuro, ese tiempo verbal donde cabe todo porque no existe. Yo de pequeño me prometí que iba a ser futbolista. Y ya ven: degenerando, degenerando, como el torero, he llegado hasta aquí, a tener que hablar de la banda del PSN y sus aberchándales para ganarme la vida.
Txibite lleva ya unos cuantos años gobernando. ¿Cuántas cosas de las que prometió se han hecho realidad?
Los navarros íbamos a subirnos al tren de altas prestaciones antes de terminar esta legislatura. Ya no tenemos ni tren antiguo. Óscar Puente, ese macarra abusón tuitero, se lo ha cargado. La segunda fase del Canal de Navarra debía licitarse a finales de 2023. Estamos en 2026 y seguimos celebrando trámites previos. El túnel de Velate tenía 45 meses para estar terminado. Tres años después necesitamos alrededor de doce meses más —eso nos ha prometido el vice Remírez— solo para volver a poner las obras en marcha.
Un Gobierno no debería hacer campaña con promesas. Debería hacerla enseñando fotografías de las infraestructuras prometidas ya funcionando. Las promesas tendrían que ser de uso exclusivo de la oposición. Quien lleva años gobernando ya no tiene promesas: tiene antecedentes.
¿Para qué sirve, entonces, una promesa electoral? Para ganar elecciones. Mientras incumplirla salga gratis, no necesita servir para nada más.
Lo bueno de las obras públicas es que las promesas dejan escombros. Un mitin desaparece en cuanto desmontan el escenario, un programa electoral acaba criando polvo y de una rueda de prensa no se acuerda ni quien la dio. Pero un túnel es otra cosa. Un túnel se queda allí, abierto en la montaña, esperando a que alguien explique por qué aquello que era urgentísimo puede pasarse ahora un año parado.
Remueves los escombros de Velate y no son de roca. Son de PSN.
La obra fue adjudicada a una UTE en la que participaba Servinabar, la empresa situada después en el centro del caso Cerdán. Y Santos Cerdán no era precisamente el último militante que apagaba las luces de una casa del pueblo: fue secretario de Organización del PSN y llegó a secretario de Organización del PSOE. El hombre de las tripas del partido.
Después llegaron el escándalo, la UCO, los informes, las preguntas y los focos. Servinabar salió de la UTE. Y entonces empezó a resultar extraordinariamente difícil seguir haciendo aquello que hasta entonces parecía tan urgente.
Qué difícil se ha vuelto hacer un túnel, je, desde que todo el mundo está mirando. Y eso es todo.