Osasuna - Sevilla: cuando el equipo solo aparece al final

Partidos como la primera parte de San Mamés y esta contra el Sevilla no son merecedores de Osasuna, donde el amor propio solo ha aparecido en los minutos finales cuando el encuentro ya parecía perdido.

Si a falta de 5 partidos de liga tenemos que hacer cuentas, |PELIGRO|, algo se nos ha quedado sin contar que ahora nos hace falta; algunos puntos de mal recuerdo y de lamentaciones que ya no sirven de nada; aunque la auditoría se pueda revisar, esto no: los puntos conseguidos son los que son, ni más ni menos importantes que los primeros, ¿verdad, míster?

Estos encuentros estamos acostumbrados a librarlos en El Sadar a mala cara y casi siempre “entre todos” los sacamos adelante: hoy no iba a ser menos. Un Osasuna – Sevilla, aunque no sea el de los viejos tiempos, siempre tiene miga y hoy lo hemos comprobado.

Con una alineación algo diferente en sus posiciones, no en jugadores, Osasuna sale a por todas: con un esquema 4–3–3 menos habitual que en otros partidos, pero con el objetivo de ganar muy claro; el Sevilla, con más control de balón, le obliga a Osasuna a pensar otras cosas.

El partido es insulso, se parece al de Bilbao y nadie da un pellizco para que algo cambie y nos vayamos a por la victoria. La tarde, además, está veraniega y el público, incluso, está demasiado pacífico; con todo ello, dos tiros que van fuera, alguna carrera de Víctor, que ya le marcan más que a nadie, y el árbitro que hoy estaba por la labor de pasar de casi todo, incluso de las faltas y de las pérdidas de tiempo.

En el descanso pensé que el entrenador les hablaría de correr un poco más, moverse sin balón, ser más agresivos en las disputas y algo más que se le ocurriera a él, aunque sea en italiano; porque convénzase usted de que Osasuna es el de los 15 minutos finales, convénzase; ya lo decía Pedro Mari Zabalza: si no corremos somos muy malos. Los aficionados lo sabemos de sobra, ahora le toca a usted.

No se ve empaque de equipo ni cuáles son sus virtudes, porque debilidades las hay bastantes; por eso le recomiendo que, al que se pasee por el campo o tenga demasiados errores, no tenga reparo en cambiarlo en el descanso o cuando usted crea conveniente. Después del partido ha puesto en valor la aportación de los suplentes; pues claro, el amor propio del que sale y del que entra hacen variar muchos aspectos del juego. Esto lo irá aprendiendo cuando lleve más de 100 partidos en Primera División y le pida responsabilidades a cada jugador respecto a su trabajo realizado, aunque esto siga siendo un juego.

Partidos como la primera parte de San Mamés y esta contra el Sevilla no son merecedores de Osasuna. Perderemos o ganaremos, pero el amor propio en el campo es indiscutible, como es el que han puesto hoy a partir del minuto 80, cuando hemos visto perdido el encuentro.

Gracias a los rojillos por haber confiado en la victoria hasta el final, aunque todo se haya resumido en el único centro decente del encuentro y un espectacular remate de un defensa rojillo que había ido con fe a conseguir la victoria.