Un rondo interminable en El Sadar
Gran partido el que nos prometíamos en El Sadar: nada menos que un Osasuna-Barcelona, nada más que contra el casi campeón de La Liga antes de comenzar. Los rojos, con los deberes de la temporada hechos y la tranquilidad de ánimo que la situación requiere, a disfrutar del juego.
Osasuna, con una alineación condicionada por algunas ausencias obligadas, especialmente la de Víctor Muñoz, intentó desde un principio sacar provecho de alguna sorpresa inicial y no cometer errores de bulto; pero ya sabemos, el Barcelona hace de cada partido un rondo en cualquier parte del terreno de juego y aquí no iba a ser menos.
Los rojos intentaron contrarrestar este aspecto poblando el centro del campo de jugadores para evitar pases interiores y ver la posibilidad de sorprender con Raúl Moro por banda y Budimir por el centro; a pesar de todo, al equipo rojillo le cuesta recuperar el balón y el Barça, cuando lo pierde, lo intenta recuperar lo antes posible presionando en todas las zonas del campo.
Esto hace que el encuentro se torne en un espectáculo para todos, con pases de todos los estilos, aunque con pocos tiros a gol. El tiempo pasa y juega a favor de Osasuna mientras siga el cero a cero inicial. El minuto 35 marca una situación importante, ya que la gran jugada de Budimir y su tiro al poste con el 0-0 en el marcador hubiera cambiado, quizás, todo el encuentro.
Conforme pasan los minutos, parece más difícil hacerles daño a los azulgranas; además, estos refrescan el equipo con jugadores del banquillo, quizás mejores que los que estaban en el terreno de juego; cuestiones de presupuesto, qué le vamos a hacer. Osasuna también recurre a los cambios, pero la diferencia es grande.
En el minuto 80, el Barcelona construye un gol a cámara lenta, ya que todos estábamos viendo lo que pasaba con antelación: control, levanto la cabeza, veo a Lewandowski solo y se la coloco allí mismo, con la defensa mirando. Ahí se acabó el encuentro.
Bueno, no. El míster quiere arreglarlo en el 84 con Barja, Osambela y Bretones, y este desajuste supone el 0-2. En ese momento, el míster Lisci recuerda que hay un jugador en el banquillo que cada vez que sale hace gol: Raúl García, a jugar; y claro, va Raúl y marca para que el encuentro tome emoción y darle la razón al entrenador por alinearlo.
Que el Barcelona venga a Pamplona y gane es lo normal; que sufra para ganar también es normal, porque Osasuna nunca se lo pondrá fácil. Aunque yo aprovecharía estos encuentros en los que tienes casi seguro el desenlace para que participen esos jugadores que tanto banquillo sufren y que, de vez en cuando, merecen algo de reconocimiento.
ADENDA FINAL: Mi felicitación a la Federación Navarra de Fútbol como organizadora de la competición, al Beti Casedano como campeón de la misma, al Larrate como digno competidor, al Cantolagua, que prestó su gran instalación, y a las casi 2.000 personas que asistimos al acontecimiento ayer en Sangüesa.