Ceuta no está sola

Concentración de vecinos en Ceuta. EUROPA PRESS
"Porque cuando un español necesita saber que su país está detrás de él, no podemos responder con silencio. Ceuta es España. Ceuta no está sola. Y desde Navarra también lo decimos".

Hay momentos en los que mirar hacia otro lado deja de ser una opción.

Y creo que este es uno de ellos.

Ceuta lleva semanas viviendo una situación que debería preocupar a cualquier español. Una ciudad española, ciudadanos españoles que viven con preocupación e incertidumbre y una sensación que resulta cada vez más difícil de esconder: la de sentirse solos ante una situación que no han provocado y frente a la que esperan respuestas de su propio país.

Porque conviene recordarlo, aunque algunos parezcan olvidarlo: Ceuta es España.

Y también lo es Melilla.

No son una nota a pie de página en el mapa. No son territorios de segunda. No son ciudades españolas solamente cuando interesa recordarlo.

Son España. Y lo han sido durante siglos.

Por eso, lo que ocurre allí debería importarnos también aquí, en Navarra.

Porque la defensa de España no termina en Pamplona, ni en Tudela, ni en Roncesvalles. Tampoco termina en el Estrecho.

España es mucho más que el lugar donde cada uno de nosotros vive. Es una nación formada por ciudadanos que tienen los mismos derechos y que deberían tener también la certeza de que, cuando llegan los problemas, su país no mira hacia otro lado.

Y aquí está una de las grandes cuestiones.

¿Qué ocurre cuando un país transmite debilidad?

Marruecos conoce perfectamente el valor estratégico de Ceuta y Melilla. Y cualquier país observa las señales que transmite su vecino. Cuando desde España se proyecta división, improvisación o ausencia de una política exterior firme, otros pueden interpretar que existe margen para presionar.

Y con la soberanía nacional no se juega.

Tampoco con nuestras fronteras.

Ni con la seguridad de los españoles.

Podemos discutir sobre gobiernos, presidentes y partidos. Podemos discrepar sobre inmigración, política exterior o cualquier otra cuestión. Eso es la democracia.

Pero hay líneas que deberían estar por encima de cualquier sigla.

La defensa de nuestros ciudadanos es una de ellas.

Mientras tanto, los ceutíes esperan.

Esperan respuestas.

Esperan seguridad.

Pero, sobre todo, esperan sentir que detrás de ellos está España.

Y creo que también nosotros debemos preguntarnos algo:

¿Qué hacemos cuando otros españoles necesitan nuestro apoyo?

La respuesta debería ser sencilla.

Estar.

Hoy 2 de septiembre, Día de Ceuta, se ha convocado una concentración de apoyo en los ayuntamientos de Navarra y creo sinceramente que merece la pena acudir.

No para defender a un partido.

No para defender unas siglas.

No para enfrentarnos entre españoles.

Para defender a Ceuta.

Para decir a sus ciudadanos que, aunque estén a cientos de kilómetros de Navarra, no están solos.

Porque desde aquí también podemos mandar un mensaje muy claro:

Ceuta es España. Y los españoles de Ceuta son tan españoles como los de Pamplona, Estella o Tudela.

Y también podemos mandar otro mensaje a quienes observan desde fuera:

España no renuncia a sus ciudades. España no renuncia a sus fronteras. España no renuncia a sus ciudadanos.

El 2 de septiembre no se trata de quién gobierna.

Se trata de algo mucho más sencillo.

Se trata de estar.

Porque si somos capaces de llenar las calles para reivindicar tantas causas, también deberíamos ser capaces de salir a la calle para defender algo tan básico como la unidad, la soberanía y la seguridad de nuestros compatriotas.

Por eso, el 2 de septiembre, desde Navarra, yo estaré.

Y animo a quien comparta esta preocupación a estar también.

Porque cuando un español necesita saber que su país está detrás de él, no podemos responder con silencio.

Ceuta es España.

Ceuta no está sola.

Y desde Navarra también lo decimos.

Carta de Juan Antonio Extremera