Comercio Local

Alicia, la navarra que lleva 37 años al frente de una tienda única en su pueblo: "No hay siguiente generación"

Alicia Blasco en el interior de su tienda de decoración textil en Olite. Navarra.com.
“Cuando no estás en la tienda, estás por las casas midiendo o colocando. Hay que meter muchas horas”, explica.

La navarra Alicia Blasco Llorente lleva prácticamente toda su vida laboral dedicada a la decoración textil. A sus 57 años, acumula ya 37 años como trabajadora autónoma y continúa al frente de su establecimiento especializado en cortinas a medida y ropa de hogar. “Llevo 37 años de autónoma y espero jubilarme ya aquí”, asegura.

La tienda, que lleva su nombre y apellido, se encuentra en el número 5 de la Rúa Mayor de Olite, uno de los pueblos más turísticos de Navarra, donde Alicia mantiene actualmente el único establecimiento de estas características en la localidad. Allí vende sábanas, colchas, edredones, mantas, mantelerías, colchones y somieres, además de confeccionar cortinas adaptadas a cada vivienda. “Es la única tienda de este tipo que queda en Olite”, señala.

Su trabajo va mucho más allá de vender una tela o una cortina ya preparada. “Me dedico a la decoración de interiores, pero lo que yo toco es todo el tema de tejidos. Voy a las casas, mido los huecos de las ventanas, ayudo al cliente a escoger la tela y luego confecciono la cortina y la colocamos al gusto del cliente”, explica.

El oficio le viene de familia. Su padre trabajó primero como guarnicionero y después como tapicero, y fue quien transmitió sus conocimientos a sus hijos. “Mi padre era primero guarnicionero, luego tapicero, y nos enseñó el oficio de tapizar. Yo me incliné más por el tema de la cortina y nos viene de familia”, recuerda Alicia.

Sus primeros pasos profesionales los dio trabajando en casa de sus padres. Más adelante abrió su actual establecimiento, donde ha desarrollado buena parte de su trayectoria. Después de casi cuatro décadas, asegura que sigue satisfecha con la decisión que tomó. “Estoy contenta porque, si no, no estaría aún aquí”, afirma.

Alicia confía en mantenerse al frente del negocio hasta que llegue el momento de retirarse. “Espero jubilarme aquí después de tantos años”, comenta. Calcula que todavía le quedan varios años de actividad y confía en poder hacerlo alrededor de los 65. “Como aún me quedan unos años para jubilarme, de momento nadie me dice nada”, añade.

La comerciante reconoce, sin embargo, que cada vez quedan menos establecimientos especializados en este tipo de trabajos. A su juicio, una de las razones es la enorme dedicación que exige el oficio. “Cuando no estás en la tienda, estás por las casas midiendo o colocando. Hay que meter muchas horas”, explica.

Actualmente trabaja sola y adapta su actividad a lo que puede asumir personalmente. “Estoy yo sola y a lo que llego”, resume. Esa carga de trabajo, sumada al carácter artesanal de la profesión, ha hecho que muchos negocios similares hayan ido desapareciendo tanto en los pueblos como en las ciudades.

Alicia Blasco delante de su tienda de tejidos en Olite. Navarra.com

En su caso tampoco existe, por ahora, un relevo generacional. Alicia tiene una hija, Andrea, que ha seguido un camino profesional distinto. Es ingeniera química industrial y trabaja en Pamplona. “No hay siguiente generación en la tienda. Tengo una hija, pero no se dedica a esto”, reconoce.

Eso no significa que Andrea no eche una mano cuando hace falta. “Si tiene que venir a ayudarme porque hemos vendido un colchón y yo no puedo manejarlo sola, sí que me ayuda, pero tiene su trabajo de ingeniera industrial en Pamplona”, cuenta Alicia. Su pareja, Juan Jesús, también es de la localidad y se dedica a la agricultura. “Él, a la huerta; y de esto, poco”, comenta con humor.

La principal fortaleza de su negocio sigue siendo el trabajo a medida. Alicia considera que en localidades como Olite resulta complicado sustituirlo por soluciones estandarizadas. “Aquí en los pueblos es difícil trabajar con una medida estándar porque cada casa tiene un hueco o una ventana diferente. No es como en la capital, donde se construye un bloque y todas las ventanas son iguales”, explica.

Por ahora, Alicia sigue entrando cada día en su tienda con la intención de continuar mientras pueda con el oficio que aprendió en su propia familia. Sabe que, cuando llegue el momento de jubilarse, muchos clientes se preguntarán qué alternativa tendrán. “Imagino que la gente me dirá: ‘¿Y ahora dónde vamos a ir a comprar?’”. Después de 37 años como autónoma, ella lo resume de una manera sencilla: “Estoy en lo que me gusta. Es un trabajo bonito”.