La joven pareja que le da aire nuevo a un bar de toda la vida en Pamplona: "Lo mejor son los fritos de gamba"
Todavía quedan en Pamplona bares de los de antes, de los que conservan el trato cercano, la barra llena a las horas clave y ese ambiente en el que muchos clientes entran casi como si fueran de casa. Son locales humildes, muy pegados al pulso del barrio, donde el café, el pincho y el almuerzo siguen marcando la rutina de cada día. En una ciudad que ha cambiado mucho con el paso de los años, estos establecimientos continúan siendo un pequeño refugio para quienes valoran la cercanía y la cocina de siempre.
Uno de esos ejemplos es el bar Karpy, situado en el barrio de la Rochapea, en el número 99 de la avenida de Marcelo Celayeta. Allí sigue viva esa esencia de bar de barrio que durante décadas ha acompañado a trabajadores de la zona, vecinos de toda la vida y familias que han encontrado en estos locales un punto de encuentro diario. Muy cerca están también otros comercios conocidos del entorno, como el bar Otamendi o Zona Sofá, en una parte de la ciudad donde el pequeño negocio local sigue teniendo mucho peso.
El Karpy forma parte de esa memoria cotidiana de la ciudad que se ha construido entre almuerzos, partidos de fútbol, rondas de vermú y conversaciones apoyadas en la barra. Los emigrantes andaluces y extremeños que llegaron hace unos 50 años a la capital navarra vivieron en lugares como este algunos de sus momentos más alegres. Eran bares sencillos, sin artificios, pero con una vida enorme dentro, y ese poso todavía se nota en locales como este.
Ahora, el establecimiento ha iniciado una nueva etapa. Durante muchos años estuvo en manos de propietarios navarros, pero desde hace pocas fechas han entrado nuevas generaciones. En este caso, al frente del negocio está la joven pareja china formada por Zhihao Huang y Yuqing Pang, ambos de 28 años, padres de dos hijos, de cuatro años y de año y medio, que son navarros.
“Estamos en el bar desde 2021. Lo cogimos tras dejarlo los anteriores dueños. El sitio está muy bien y estamos con muchas ganas. Estamos muy contentos. Nos llevamos muy bien con la gente de aquí. Estamos con ilusión. Tenemos aquí también a toda la familia. A mis padres, mis tíos, mis hermanos, etc.”, cuenta Zhihao, satisfecho con una aventura que ha echado raíces en el barrio.
La familia llegó a España hace 15 años y primero trabajó en Madrid, aunque con el tiempo acabó encontrando en Pamplona un lugar mejor para asentarse. “Aquí en Pamplona mucho mejor. La gente es más tranquila. Hay menos movimiento para vivir”, explica. En el local trabajan cuatro personas de la familia y la oferta gira en torno a una fórmula muy reconocible: almuerzos, pinchos, cazuelas, platos combinados y fritos.
Entre semana, precisan, lo que más sale son los pinchos y los fritos. Los almuerzos se concentran sobre todo durante los fines de semana, en esos momentos en los que la barra vuelve a convertirse en el centro del local. No tienen menú del día, pero sí una clientela que sabe bien lo que va buscando. También hablan con cariño de la ciudad y de sus vecinos. Les parecen “más simpáticos, más amables” y describen Pamplona como una ciudad “muy tranquila y bonita”. “No nos queremos marchar. Los vecinos son todos buenos”, subrayan.
Buena parte de la fama del local se apoya en tres clásicos que siguen funcionando especialmente bien: la bola de pimiento, la croqueta de jamón y sobre todo las gambas. Son, según remarcan, elaboraciones caseras que mantienen el tirón entre la clientela habitual y quienes pasan por allí a la hora del aperitivo o del almuerzo. Son esos sabores de siempre los que sostienen la personalidad del negocio y los que hacen que el Karpy siga teniendo su hueco en la Rochapea.
Los fines de semana, además, el fútbol da un impulso extra al ambiente del bar. “Cuando juega Osasuna estamos siempre llenos”, comentan en un perfecto español. En esos días, el local se llena de movimiento entre platos, conversaciones y una barra en la que los fritos vuelan mientras el partido ocupa las miradas.
Las reseñas de los clientes en redes sociales van en la misma línea y dibujan la imagen de un local cercano, sencillo y bien valorado en el barrio. Una de ellas señala: “Bar de barrio muy agradable. Para tomar un café, una caña, almorzar. Y el vermú del domingo con sus fritos de gambas buenísimas. Ambiente para todo el mundo”. Otra apunta: “Un bar agradable tanto él personal como los clientes habituales muy rico café”.
La historia del bar Karpy también tiene un capítulo curioso ligado a la suerte. En la lotería de Navidad de 2001, el establecimiento vendió el número posterior al segundo premio, el 6.537, y repartió 240 millones de pesetas. La mayor parte de ese dinero llegó a través de décimos premiados con 195.000 pesetas. Uno de los dueños del bar en aquella etapa, Félix Borja Cruz, aseguró entonces a la prensa navarra que a él también le había tocado una pequeña parte y que pensaba ahorrarla.
La fortuna volvió a pasar por este local años después. En abril de 2016, un sorteo de la Bonoloto dejó en Pamplona un acertante de 5+Complementario, que percibió un premio de 83.793,53 euros. El premio correspondió a un resguardo diario de 8 apuestas pronosticadas validado en el punto de venta mixto situado en el propio bar Karpy.