• lunes, 09 de marzo de 2026
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COMERCIO LOCAL

Cuatro años sin vacaciones para que su pueblo tenga pan: la valiente apuesta de Eva y Elena en Tierra Estella

"No nos vamos a hacer ricas, pero podemos seguir y hay margen de hacer más cosas”, han explicado con una sonrisa.

Eva Fritschi y su compañera Lourdes en la tienda Las Gildas de Larrión. Navarra.com
Eva Fritschi y su compañera Lourdes en la tienda Las Gildas de Larrión. Navarra.com

Quedarse sin leche o necesitar una lata de conservas en el Valle de Allín significaba, hasta hace muy poco, tener que coger el coche obligatoriamente hacia Estella. Pero esa "soledad" comercial se terminó gracias a Eva Fritschi y Elena Pérez, dos amigas que han decidido sacrificar su descanso para que a sus vecinos no les falte de nada. Tras cuatro años de trabajo sin un solo día de vacaciones, han levantado Las Gildas, el único ultramarinos de la zona que abre las 12 horas del día, los siete días de la semana.

En Larrión, a pie de carretera hacia Urbasa, este pequeño local con aroma donostiarra no es solo una tienda; es el último pulmón de un valle que vuelve a tener pan fresco y café cada mañana.

Detrás del mostrador están Eva Fritschi Lagares y Elena Pérez Martínez de Marañón, amigas de siempre y ahora socias. Son vecinas de Aramendía y han pensado el negocio para dar servicio al conjunto del valle y también a otros pequeños pueblos conectados por la carretera que conduce a la sierra de Urbasa. El punto elegido no es casual: está “a pie de carretera”, en un tramo que vertebra los valles de Allín y de Améscoa, un lugar de paso para quien vive allí, para quien llega el fin de semana y para quien cruza hacia la sierra.

El nombre, Las Gildas, también tiene historia. Con él han querido evocar su origen donostiarra y la tapa típica de Donosti, la ciudad de la que ambas proceden. En el caso de Elena Pérez, además, el vínculo con Allín viene desde la infancia: veraneaba allí por ser la tierra de su madre. Aquellas vacaciones compartidas con Eva han terminado convirtiendo el valle en su lugar de residencia… y en el punto de partida de un proyecto que llevaba tiempo rondándoles.

Las dos recuerdan que, de niñas, existía una pequeña tienda en Larrión. Con su cierre —la propietaria se jubiló— se apagó el último comercio de este tipo en el valle. Y el vacío se notó. De su propia experiencia, la de tener que desplazarse a Estella cada vez que faltaba algo, surgió la idea de volver a abrir una “tiendica”, pero adaptada a las necesidades de hoy.

“Es la única tienda de este tipo en todo el valle, desde Zudaire hasta Estella. No hay ninguna más. Se nos ocurrió porque faltaba. Hace muchos años había una tiendica en una casa, pero la mujer se jubiló hace muchos años y ya no había nada. Pensamos que podíamos dar un servicio y que podía funcionar”, ha relatado Eva Fritschi.

El plan se cocinó a fuego lento y con papel y números encima de la mesa. “Llevamos cuatro años. Hicimos todo el proyecto de viabilidad y nos ayudó mucho Teder durante la pandemia. En esa época tan difícil nos pusimos a perfilar la idea. Estamos contentas, aunque llevamos cuatro años sin vacaciones, pero la gente agradece el servicio. No nos vamos a hacer ricas, pero podemos seguir y hay margen de hacer más cosas”, ha explicado.

En esa “margen” entra una decisión clave: no quedarse solo en el ultramarinos. “Hicimos cafetería-tienda porque hay que diversificar la oferta. No hacemos cocina, pero queremos abrir un hueco para consumir lo que se compre en la tienda con un microondas en nuestro local”, ha avanzado. Una forma de convertir la compra en un alto en el camino y, al mismo tiempo, reforzar el carácter de punto de encuentro.

Porque Las Gildas no es solo una tienda. Funciona como bar-cafetería, despacho de pan y ultramarinos; un rincón “con encanto” que abre todos los días del año. Y ahí está el peaje: “Es un negocio exigente. De lunes a domingo, doce horas ininterrumpidas y prácticamente sin vacaciones. Un negocio que requiere mucho esfuerzo para poder vivir”, ha resumido Eva Fritschi, que a sus 58 años reconoce que el salto ha sido “valiente”.

El horario lo dice todo. “Estamos doce horas al día, los siete días de la semana”, ha detallado. Y lo han hecho, subraya, “sin apoyo del ayuntamiento, como sí lo han tenido en otros pueblos”. Aun así, el valle ha respondido. No es menor: en todo el valle viven 800 habitantes, y la tienda se ha convertido en una referencia rápida para resolver imprevistos y también para quienes llegan a pasar el fin de semana o se alojan en casas rurales.

La apuesta por el producto de cercanía es otro de los pilares. “Procuramos que sea producto de cercanía”, cuenta Eva, con ejemplos concretos que ya se ven en los estantes y carteles: el jabalí y los calbotes de Murieta, las conservas de Arróniz, la mermelada de Artaza, tomates de Artavia, manzanas de Eulate o el café Lesaga de Estella. “Es una manera de que los productores de la zona tengan un sitio de venta”, insiste.

El año, eso sí, no se vive igual en el valle. Eva reconoce que enero y febrero son difíciles, con menos movimiento y el clima marcando el ritmo. En verano, en cambio, el termómetro sube y también la clientela: “Se trabaja muy bien con las casas rurales, donde llenamos el capazo”, ha explicado, convencida de que el comercio cubre una necesidad real, incluso para quien hace la compra grande fuera.

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