Comercio Local

El café-museo del casco viejo que asombra a pamploneses y turistas: "Prefiero poner motos que mesas"

Edorta Marco García en su cafetería Ongi Izan del casco viejo de Pamplona. Navarra.com

Hay diez motos expuestas, de distintos tamaños, épocas y estilos, colocadas entre los clientes que desayunan, charlan o simplemente entran a curiosear.

Edorta Marco García ya mira de reojo el calendario en Navarra: en unas semanas cumple un año desde que abrió su cafetería y empezó a vivir, literalmente, entre motos. Tiene 50 años, es natural de Tafalla y lleva la pasión por las dos ruedas pegada a la piel desde que era un crío. “Empecé a andar en la moto de mi abuelo con apenas ocho años”, recuerda. Ese primer enganche fue a más con el tiempo: mientras trabajaba en una cafetería “normal”, él dedicaba horas a desmontar, limpiar y devolver a la vida máquinas que otros daban por perdidas.

Ese primer aniversario lo celebra al frente de la cafetería Ongi Izan, en plena calle Mayor 52 de Pamplona, en el Casco Viejo. Desde fuera, el local ya llama la atención por una decoración colorista y muy vistosa. Pero lo que de verdad sorprende está dentro: las motos comparten espacio con mesas y sillas como si fueran parte del mobiliario. Hay diez motos expuestas, de distintos tamaños, épocas y estilos, colocadas entre los clientes que desayunan, charlan o simplemente entran a curiosear.

Edorta no llegó a esta idea por casualidad. Empezó a restaurar motos desde los 12 años, casi sin darse cuenta de que estaba construyendo una vida alrededor de esa afición. “Habré restaurado más de 170 motos en toda mi vida. Tenía una pequeña colección y me decidí a exponerla en la cafetería”, explica. Lo que para él era una colección personal se ha convertido en el sello del negocio: un café con aroma a museo… pero con barra y conversación.

La ubicación también juega su papel. La calle Mayor es paso continuo de gente y, además, parte del recorrido del Camino de Santiago, así que el público es de lo más variado. Edorta lo nota cada día detrás de la barra. “La gente que entra está muy contenta. No solo navarros. Viene gente americana, inglesa, francesa, alemana… estoy muy contento”, relata. Y apunta a lo evidente: la fachada, con sus colores y sus motos, engancha. “Todo el mundo ve la fachada tan vistosa… y es un enganche para que entren. Ver tanta moto les causa sensación”, añade.

Dentro, el local es amplio, pero él ha hecho una elección clara. “Prefiero poner motos en lugar de mesas”, comenta. En Ongi Izan caben 40 comensales sentados y, al mismo tiempo, conviven con esas 10 motos expuestas. “Juego con las dos cosas para que no haya masificación”, explica. Y no se corta al describir lo que ha montado: “Creo que no hay un sitio así en todo el mundo”. A muchos visitantes, sobre todo a los que llegan de fuera, les deja con la boca abierta. “A muchos estadounidenses les ha chocado mucho, alucinan del local y se hacen fotos conmigo. Les gusta”, cuenta.

El ambiente, además, no se queda en mirar. La cafetería ha terminado siendo un punto de encuentro para hablar de motores, recuerdos y restauraciones. “No me molesta que entren y no tomen nada para hablar de motos. Soy motero y nos une la moto”, defiende. Algunos incluso preguntan si hay que pagar por entrar. “Como es casi como un museo hay quien pregunta si hay que pagar por verlo y les digo que no”, explica.

Entre café y café han pasado cosas que él no esperaba cuando levantó la persiana. “He vendido varias motos estando aquí y hago el trueque”, señala. También asesora a quienes guardan en la bajera la moto de su juventud, parada desde hace años. “Les doy ideas de restauración a gente mayor que tiene las motos paradas en sus bajeras. Les explico cómo hay que soltar el motor y el engrase y siempre están con preguntas”, dice. Y, en más de una ocasión, esa confianza ha terminado en regalo. “Estando aquí me han regalado varias motos… ellos ilusionados porque yo les voy a dar vida y así no la tiran”, cuenta.

Edorta lleva la cafetería solo, por elección y por carácter del proyecto. “Estoy solo en la cafetería con mis motos porque a la gente le gusta que esté yo para hablar de motos”, explica. Su familia, asegura, conoce esa pasión desde siempre. “La familia conoce que mi pasión y locura son las motos desde niño”, afirma, agradecido por el apoyo para llegar hasta aquí. Tiene dos hijos, Ohian y Aimar, de 20 y 19 años, que se dejan ver por el local para desayunar, aunque a ellos las dos ruedas no les tiran. “Vienen por aquí a desayunar pero no les gustan las motos”, comenta.

Fachada de la cafetería Ongi Izan en la calle Mayor 52 del casco viejo de Pamplona. Navarra.com

La cafetería Ongi Izan abre de lunes a sábado, de 7.00 a 14.00 horas y de 17.00 a 20.00 horas. El domingo se lo reserva para lo suyo. “El domingo es mi día festivo. Cojo la moto y hago ruta para cargar las pilas. Tengo que andar en moto sí o sí”, cuenta. A veces sale en grupo y otras prefiere ir solo. “El motero tiene un espíritu solitario, pero también te gusta ir con gente y nunca estás solo. Nos saludamos, hablamos y el motero siempre está acompañado”, concluye Edorta.