Comercio Local

El emotivo cartel de Juan Pedro en su tienda en Pamplona: “Gracias de corazón por estos 45 años”

Cartel colocado en la floristería El Jardín de Pamplona. Navarra.com
“Llevo muchos años trabajados. Es mucho trote y te va desgastando. Creo que ha llegado el momento", asegura convencido.

Juan Pedro Sanz ha colgado este jueves 29 de enero un cartel que ha frenado a más de un vecino en seco. En letras grandes, y con un mensaje directo al corazón, ha escrito su despedida tras toda una vida detrás del mostrador en Pamplona: “Gracias Iturrama por estos 45 años de confianza y fidelidad. Gracias de corazón”.

El mensaje luce en el escaparate de la floristería El Jardín, en el barrio de Iturrama, en la calle Iturrama 43 bis de la capital navarra. Un local pequeño, de los de toda la vida, muy cerca de otros comercios conocidos de la zona, como la tienda de fruta y verdura La Naranja Valenciana o el bar Jardín, famoso por su pulpo gallego y su comida tradicional.

La historia de Juan Pedro está hecha de rutinas que se repiten durante décadas: abrir la persiana, preparar ramos, cuidar plantas, aconsejar a clientes que llegan con prisas o con pena. Lleva 45 años rodeado de flores y, aunque la jubilación ya asoma, el gesto de colgar ese cartel ha sido el más difícil de todos.

Empezó con 18 años, cuando la mayoría apenas prueba sus primeros trabajos. Él ya se puso al frente de un negocio familiar junto a su madre, María Pilar Escudero Navarro, fallecida en 2024 y recordada por su pasión por las plantas. “Cuando consiguieron reunir algo de dinero, mis padres alquilaron un local y decidieron abrir una tienda de flores”, rememora ahora su hijo, que ha mantenido viva la floristería desde entonces.

No ha sido una decisión tomada a la ligera. Juan Pedro reconoce que se ha resistido, pero el cansancio también cuenta. “Llevo muchos años trabajados. Es mucho trote y te va desgastando. Creo que ha llegado el momento de cambiar el chip”, confiesa, con esa mezcla de alivio y nostalgia que se nota en quien se despide de un lugar que ha sido casi su casa.

Durante años, el negocio fue un punto de encuentro familiar. Pasaron por allí varios parientes, manos conocidas que ayudaban en fechas señaladas o en épocas de más trabajo. Hoy, sin embargo, Juan Pedro sostiene el día a día prácticamente solo. “No hay relevo familiar. Mis hermanos tienen sus trabajos, y los hijos y sobrinos también. De vez en cuando me echan una mano, pero de forma esporádica”, explica.

Aun así, no habla de la floristería como un oficio en vías de extinción. Al contrario, sigue defendiendo que tiene futuro si alguien llega con ganas y aprende el oficio. “Se puede seguir viviendo de una floristería. Es un trabajo bonito, aunque algo técnico. Hay que tener una base, conocer las plantas y sus enfermedades. Ese es el hándicap, pero si alguien lo coge con ganas, se puede sacar adelante”, sostiene.

Y, pese a la palabra “adiós”, El Jardín no va a desaparecer. La persiana se bajará solo por poco tiempo. El traspaso ya está arreglado y serán dos chicas las que se harán cargo de la tienda “muy pronto”. Juan Pedro se marcha con pena, sí, pero también con la tranquilidad de que el negocio que abrió su madre continúa.

Con el cierre de esta etapa, se abre otra completamente distinta. Juan Pedro mira hacia un plan más tranquilo, lejos del ritmo diario del barrio. “Sobre todo quiero irme al pueblo, a Echarren de Echauri. Me encanta por la tranquilidad, por tener una vida diferente. Tenemos una casa de toda la vida allí y somos casi de allí”, cuenta con una sonrisa.