Comercio Local

Gloria, 15 años arreglando ropa en su tienda de Pamplona: "Nos toca bajar los precios para trabajar"

Gloria Parra trabajando en su tienda de arreglos de ropa La Costurera en Pamplona. Navarra.com
"La ropa está muy barata en marcas online. A veces le sale mejor tirarla y comprarse otra que arreglarla”, asegura.

Gloria Parra Muñoz abre cada día la persiana en Navarra con la misma idea: que una prenda puede tener otra oportunidad si cae en las manos adecuadas. A sus 60 años, esta costurera colombiana lleva media vida entre hilos, cremalleras y dobladillos, y se ha ganado un sitio fijo en la rutina de muchos vecinos que entran con una bolsa de ropa y salen con la sensación de haber acertado.

Esa historia se cose en La Costurera, su tienda de arreglos de ropa en el barrio de San Juan de Pamplona, donde lleva 15 años en el mismo local. Está en la calle Monasterio de Iharte 1, muy cerca de otros negocios de comercio local, como la pescadería de Marta Alday o el restaurante donde triunfan los tacos franceses.

Gloria llegó a Navarra hace 18 años y el aterrizaje fue por etapas. “Estuve los tres primeros viviendo en Olite y luego me vine para acá”, cuenta. En Pamplona encontró trabajo, vida y raíces, aunque no disimula que el contexto se ha puesto cuesta arriba: “Estoy contenta a veces y otras veces menos porque son tiempos duros”.

En su taller nota lo que muchos comercios ya han aprendido a base de ticket y escaparate: la ropa barata ha cambiado las reglas del juego. “Ya hay poca gente quiere de nuestros servicios porque la ropa está muy barata en marcas online. A veces le sale mejor tirarla y comprarse otra que arreglarla”, explica. Y cuando la comparación es tan directa, el ajuste también llega a la tarifa: “O nos toca bajar los precios para poder trabajar”.

Aun así, el boca a boca sigue funcionando. “Las clientas están contentas. Unas ya son de hace 15 años y otras nuevas”, dice. Y aunque el calendario de encargos depende de la temporada, sostiene que el taller no se queda parado: “Trabajo hay, así que bien. Voy tirando como todo aquí. Hay que tener paciencia y trabajar”. Lo resume sin dramatismos y con una frase que lo explica todo: “Amo lo que hago y me da para vivir”.

La costura, además, no le llegó por casualidad. Viene de familia. Su madre tenía un taller de uniformes para colegios en Colombia y allí empezó ella, ayudando desde joven. Ahora su vida está repartida entre dos lugares que se echan de menos a la vez. “La gente me trata bien, estoy a gusto. Amo Pamplona. En Colombia la extraño y al revés”, confiesa.

En la capital navarra ha construido también su hogar. Vive con su pareja, Fernando, y tiene dos hijos: Nicolás y Camilo, de 33 y 20 años. El mayor trabaja, tiene pareja y un bebé; el pequeño estudia Psicología en la universidad. Los viajes a su país no siempre encajan en la cuenta corriente: “A veces vamos a Colombia. O yo o bien mi hijo pequeño porque el viaje es muy costoso y la economía da para lo que da”.

De Pamplona le gusta “lo verde, la limpieza, lo antiguo”. “Me gusta todo”, repite, y añade la comida y las fiestas a la lista de motivos. En el día a día trabaja sola, aunque en algunos momentos cuenta con chicas que van a hacer prácticas de Donibane. “Les enseño a que sepan hacer una prenda terminada, hacer bien el arreglo y atender bien al cliente”, explica, como quien transmite un oficio que no se aprende solo mirando vídeos.

Por su mesa de trabajo pasa casi cualquier prenda imaginable. “Hago mucho vestido para las gitanas como de pedrería y muchos arreglos de ropa de abrigo, chaquetas, pantalones y de todo lo que me traigan”, detalla.

Y las reseñas en redes sociales refuerzan esa fama de taller resolutivo: “Me hizo falta un arreglo urgente y fue genial!!. Muy buena atención y muy contenta”, escribe una clienta. Otra destaca algo que en un arreglo importa casi tanto como la puntada: “Son muy cumplidas con las entregas”.